Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Abril 28, 2009

El Papasida

Archivado en: Uncategorized — by elasturianu @ 10:27 pm

Efeméride política:

En el 28 de Diciembre de 2010 el Papa Bededicto admite públicamente la responsabilidad de la Iglesia Católica en la propagación del sida en África. Ese día dice textualmente su Santidad:

“Africa es un país bárbaro poblado por brutos ignorantes y fácilmente manejables. Llevan más de un siglo creyéndose todo cuanto nosotros les anunciamos. Literalmente se matan por hacernos felices. Una palabra mía es para ellos una sentencia divina. Ojalá fueran así de ingenuos mis díscolos europeos.”

Marzo 11, 2007

Idealismo versus apatía

Archivado en: Democracia, Educación, Filosofía, Guerra, Sociedad, Uncategorized — by elasturianu @ 6:07 pm

La complejidad de nuestra sociedad es tal que rápidamente nos desanimamos y pensamos que los actos personales o colectivos caen en el olvido o el fracaso. Nos sentimos como números, manejables por un computador social. Si a esta falta de moral, un estado de desilusión, le añadimos la comodidad y las pocas ganas que tenemos de complicarnos la vida con la autoridad o con nuestros vecinos, obtenemos una apatía social e individual que ya quisiera cualquier dictadura.

Pero son muchas fuerzas las que actúan en nuestro interior, y si una nos dirige hacia un lugar y está equivocada, el inconsciente acciona otra para dirigirnos hacia otro lugar. Esto quiere decir que la apatía social o la conformidad política no son perpetuas y nuestro sistema pseudodemocrático, garante político del capitalismo, lo sabe.

Por eso hace unos días me abordó una chica por la calle para que apadrinara un niño. ¡Yo que no tengo hijos y que los deseo tanto, he de apadrinar un niño que no conozco para sentirme mejor: no sería cabal!. La chica era tan bonita, que no me hubiera importado tener un par de sanos y hermosos gemelos allí mismo con ella. Lo absurdo de todo esto hizo que tuviera que emplear innumerables calorías para mantener la cabeza fría.

Claro que según ella iba a ayudar a una criatura necesitada, que no tiene dinero para comer o ir a la escuela. Y si no quisiera conocer al niño, podría hacerlo bajo el requisito del anonimato, es decir no tanto por mi parte como por la suya. Para colmo de los colmos, para intentar convencerme la chica me dijo que su ONG estaba dentro de la ONU. Si no hubiera estado tan serio (es decir tan tonto) le hubiera contado alguno de los siguientes chistes (bueno, el primero no es chiste sino un hecho real):

- Iba yo por la cera junto al Carrefur y reparo por primera vez en muchos años en que hay banderas a la entrada. La primera es la de Gijón, con su bonito escudo de Pelayo. Muy bien, me dije. La segunda la de Asturias, con su bonito color azul y su bonita cruz. Fantástico, porque ya me empezaba a salir mi corazonzito patriota. Luego le seguía la bandera de España. Bueno, bien, aunque mi corazón se desinchó un poquito. La siguiente fue, como no, la bandera europea, que mi corazón aceptó más debido a mi pasión por la historia que a mis vínculos políticos o económicos con los magnates del continente. Pero mis expectativas aumentaban, porque con la siguiente bandera me iba a sentir ciudadano del mundo, un ser humano internacional sin más patria que la humanidad, un buen anarquista. Claro está que mis espectativas eran encontrar la bandera de la ONU, pero no: me encontré la bandera de Carrefour.

Es que no hay nada más internacional que el consumo en un mundo capitalista

- (Esto ya sí es un chiste): Las cuatro preguntas fundamentales que atormentan al hombre moderno: quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, y para qué sirve la ONU.

La verdad es que sirve para poco. Claro que si tenemos en cuenta el Fondo Monetario Internacional y el Banco Munidal, yo diría que sirve para empobrecer a los pobres y enriquecer a los ricos.

Pues para esto sirven también las ONGs que dentro de la ONU y fuera intentan poner parches en países que podrían tener seguridad social, asistencia sanitaria y educación universitaria si no les vendiéramos armas, no les quitásemos sus materias primas ni les vendiésemos caros sus productos manufacturados (ni pusiéramos aranceles a la exportación de sus productos, lo cual quiere decir que los menos interesados en que el mercado sea libre son los políticos del libre mercado).

Nuestra conciencia estaría tranquila si en vez de dar dinero que muchas veces no llega (sociedad de la picaresca, o sociedad del timo institucionalizado) peleásemos por que nuestros gobiernos les dejaran en paz, y porque las políticas monetarias de privatización de lo público y de aranceles tecnológicos (esos por los que un país subdesarrollado no puede crear su propio sistema de red telefónica, sino que ha de contratarlo a una empresa como Motorola, y ésta mantiene la propiedad de los conocimientos técnicos) desaparecieran en esos países, para que así pudieran levantar cabeza y no necesitasen un pozo subvencionado o un caritativo hospital.

Todo esto venía para decir qué complicado es el mundo y qué pequeñitos nos sentimos, qué faltos de peso específico parecen nuestros actos. Pero este es un estado mental propio de quien ha decidido no actuar y, como ser sujeto a unos límites que lo encierran en su hábitat social, no puede ver más allá (imaginación atrofiada).

Todo este mundo de la democracia y los derechos sociales se lo debemos a un solo hombre, Rousseau, quien con el Contrato Social influyó en los norteamericanos que concretizaron la declaración de derechos del hombre y las leyes norteamericanas, modelo para la posterior revolución francesa y democracias subsiguientes.

Toda la política social como la educación pública, la seguridad social, la asistencia médica gratuíta, los derechos sindicales y las mejoras en la calidad del trabajo ejercido por el obrero se le debe a innumerables peronas anónimas que lucharon por cosas concretas como la jornada de diez horas, luego la de ocho, y tantas y tantas luchas obreras. El estado (administrado por los vencedores, claro) no hizo más que canalizar esas luchas concediendo y administrando lo solicitado por el pueblo, de tal manera que se amortiguó la virulencia de la lucha obrera. Ahora mismo estamos perdiendo todos esos derechos porque el pueblo no se organiza sindicalmente y no lucha.

Lo más importante, decía uno, es que no nos quiten la moral. Y quien tiene imaginación puede idear nuevas luchas para las nuevas necesidades de nuestro momento, como es la inminencia del desastre medioambiental. Eh, ¿hay alguien ahí? ¡Ginés, pásate por un cibercafé y propón esa gran idea que tenías para cambiar el mundo, que no por medir un metro sesenta eres pequeñito, leches!.

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