Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Junio 23, 2007

Historia del rey transparente (2005) Rosa Montero

“Las palabras no deben ser como la miel, pegajosas y espesas, dulces trampas para moscas incautas, sino como cristales transparentes y puros que permitan contemplar el mundo a través de ellas.”

Así describe Rosa Montero las frases grandielocuentes y moralistas de los frailes del medievo, por lo demás una perfecta descripción de los discursos de nuestros políticos, seres igual de falsos. Esta historia de un rey transparente es una magnífica novela de aventuras, un poco novela histórica, en la que capturamos el alma de una época, la de los cátaros, que pudo haber cambiado la historia y adelantado a una humanidad agarrotada y trabada por la doctrina religiosa, pero que finalizó trágicamente debido a la espada de los cruzados y a la inquisición de la Iglesia Católica.

Rosa Montero consigue divulgar unos hechos históricos con personajes complejos que sufren arcos de transformación dilatados y curvos. El personaje que narra su vida comienza siendo una niña campesina que para sobrevivir se hace pasar por hombre y caballero. Es una historia atractiva aunque pudiera parecer, por ejemplo, rebuscada y cómica.

Es cierto que la novela está plagada de personajes y situaciones muy cómicos que consideraríamos propios del imaginario colectivo de esa época. Por ejemplo hay brujas y hadas, guerreros estúpidos y caballeros de honor, frailes malévolos y campesinos ignorantes. Eso supone para mí un añadido atractivo, porque me gustan los arquetipos, si están bien hechos, lo que en la mecánica de lo incosciente supone que han sido bien hallados, en vez de bien buscados. Pero, además, consiguen ser personajes modernos y complejos, personajes dramáticos, es decir: con un drama personal. Son seres de carne y hueso, como los que personajes que somos todos nosotros en nuestras vidas.

Por eso acaba siendo una historia real, porque su personaje busca la vida. Leola no se conforma con nacer mujer, sierva, ignorante, y condenada a morir con todas estas condiciones que se trajo bajo el brazo al nacer.

Me gusta esta novela además por algunas de las mismas razones que me gusta El último soldurio, de Javier Lorenzo. Por ejemplo la narración transcurre en primera persona, desde la infancia hasta la muerte. La historia de Corocotta es un homenaje a quienes mueren porque aman la libertad, y algo parecido pasa con Leola, si bien no es una historia sobre la libertad sino sobre la tolerancia. Pero ambos personajes buscan ser ellos mismos a pesar de los difíciles tiempos. Ambos cambian por completo, maduran y se entregan a la vida, a diferencia de otros que se quedan en ella sin conocerse, ignorantes de lo que es vivir. Y ambas historias son ecos de otras muchas historias reales, porque la historia se repite en Cantabria o Asturias, en Numancia o en Masada, en el 17 o en el 34. Siempre habrá quien decide vivir con lo que verdaderamente aprecia, y si no prefiere morir.

Enero 28, 2007

Miedo a la propaganda extremista

Archivado en: Libertad de opinión, Nacionalismo, Noticias y difusión libertaria — by elasturianu @ 2:35 am

Al parecer la Falange española se publicita en internet pagando. Si es una crítica a Google…, bueno(!?). Pero aquí quizás halla una reflexión que hacer. Puede que la democracia y sus políticos no crean mucho en la libertad de opinión (sobre todo con el tema de HB), pero yo sí.

Creo que la izquierda teme demasiado la propaganda de la derecha, y se alarma cuando pasan estas cosas. Eso se llama miedo, y es un miedo lógico si miramos el historial de la extrema derecha en España (y en cualquier país también). Se hacen contramanifestaciones (más enfrentamientos innecesarios, y más procesos judiciales), o se notifica a todo el mundo que google publicita a la falange. Si Google es un negocio y poco más, qué mas da la idea del fascismo que la idea de un cepillo de dientes.

Pero hay otra manera de encarar las cosas: no teniendo miedo a combatirlas con la palabra, con la verdad. Tal vez sea la única manera, porque los hombres pueden desaparecer, pero las ideas surgen porque están en el incosciente colectivo de la humanidad (mala hierba nunca muere, pero también a la inversa, y si no que se lo digan a William Wallace).

Voy a contaros una pequeña historia. Cuando era más joven y tonto (ummmh…, ¿de verdad he cambiado?) la extrema derecha nacional hizo algún encuentro suyo en Gijón y durante algunos días se produjeron incidentes callejeros como okupas apaleados y cosas parecidas. Bueno, pues la extrema izquierda gijonesa se juntó para “defendernos”, puesto que la policía “no hace nada” (en eso hay algo de verdad, pero no debe de hacerse un tópico). Armados de bates, buscamos por Gijón a los cabezas rapadas sin encontrarlos en los sitios donde paraban. Ya en Cimata había un chaval bajito y rapado que nadie conocía, pero que sospechában que lo era. Serían las hormonas, porque ¡menos mal que no fuimos tan estúpidos!. Tiempo después conocí al chaval, pues estudiaba conmigo en la facultad. No sólo no era nazi, también era de lo más normal y majo. ¡Con la de cosas que tengo de las que me arrepiento (sic.), como para haberle partido su linda cabecita al chavalín aquel!. No acaba ahí la historia: porque los nazis aparecieron, y como eran menos gritaron “¡saca la pistola!” y ¡echamos todos a correr!, todos menos uno que tampoco era un ángel que digamos.

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