Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Enero 28, 2007

Miedo a la propaganda extremista

Archivado en: Libertad de opinión, Nacionalismo, Noticias y difusión libertaria — by elasturianu @ 2:35 am

Al parecer la Falange española se publicita en internet pagando. Si es una crítica a Google…, bueno(!?). Pero aquí quizás halla una reflexión que hacer. Puede que la democracia y sus políticos no crean mucho en la libertad de opinión (sobre todo con el tema de HB), pero yo sí.

Creo que la izquierda teme demasiado la propaganda de la derecha, y se alarma cuando pasan estas cosas. Eso se llama miedo, y es un miedo lógico si miramos el historial de la extrema derecha en España (y en cualquier país también). Se hacen contramanifestaciones (más enfrentamientos innecesarios, y más procesos judiciales), o se notifica a todo el mundo que google publicita a la falange. Si Google es un negocio y poco más, qué mas da la idea del fascismo que la idea de un cepillo de dientes.

Pero hay otra manera de encarar las cosas: no teniendo miedo a combatirlas con la palabra, con la verdad. Tal vez sea la única manera, porque los hombres pueden desaparecer, pero las ideas surgen porque están en el incosciente colectivo de la humanidad (mala hierba nunca muere, pero también a la inversa, y si no que se lo digan a William Wallace).

Voy a contaros una pequeña historia. Cuando era más joven y tonto (ummmh…, ¿de verdad he cambiado?) la extrema derecha nacional hizo algún encuentro suyo en Gijón y durante algunos días se produjeron incidentes callejeros como okupas apaleados y cosas parecidas. Bueno, pues la extrema izquierda gijonesa se juntó para “defendernos”, puesto que la policía “no hace nada” (en eso hay algo de verdad, pero no debe de hacerse un tópico). Armados de bates, buscamos por Gijón a los cabezas rapadas sin encontrarlos en los sitios donde paraban. Ya en Cimata había un chaval bajito y rapado que nadie conocía, pero que sospechában que lo era. Serían las hormonas, porque ¡menos mal que no fuimos tan estúpidos!. Tiempo después conocí al chaval, pues estudiaba conmigo en la facultad. No sólo no era nazi, también era de lo más normal y majo. ¡Con la de cosas que tengo de las que me arrepiento (sic.), como para haberle partido su linda cabecita al chavalín aquel!. No acaba ahí la historia: porque los nazis aparecieron, y como eran menos gritaron “¡saca la pistola!” y ¡echamos todos a correr!, todos menos uno que tampoco era un ángel que digamos.

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