Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Enero 13, 2008

Memorias de Antonia (1995) Marleen Gorris

Archivado en: Cine, Filosofía, Libertad, Sociedad — by elasturianu @ 7:06 pm

Con el corazón sobrecogido tras la última imágten y los títulos de crédito acompañando a una música de violines, empiezo a escribir sobre una de esas películas que nos retienen y nos interrogan, y que por lo demás ganó un oscar en 1995 a la mejor película extranjera. También se la conoce con el título de “Antonia”.
Antonia es una mujer fuerte y templada que vuelve al pueblo donde creció con motivo de la muerte de su madre, y acaba instalándose con su hija.

En su pueblo, nada ha cambiado. Sus habitantes viven la rutina horrible unos -los más desdichados-, o la rutina estúpida otros, los más ignorantes. Antonia y su hija empiezan siendo observadores pero acaban convirtiéndose en actores del cambio en las costumbres, relaciones y comportamientos que se dan en el lugar. Más tarde, su nieta narrará en off el tránsito de sus mayores, el dolor de estos y sus dudas al tiempo que, como inocente niña pequeña, les interroga sobre la muerte.

La muerte, es por ella que me recuerda a Fresas Salvajes de Ingmar Bergman. La muerte inicia y finaliza un recorrido en el que los sufrimientos de la vida, su principal constante, y el tiempo que transcurre imperturbable e ineludible, son interrogados por los personajes más lúcidos del pueblo.

Al lado de estas reflexiones existenciales viene una crítica social sin duda lúcida. Esta película apuesta por criticar a quienes ofrecen respuestas en vez de dudas, es decir a los que no las tienen. La moral cristiana, ese cajón de patrones del comportamiento y la relación humana, sale cojeando de los treinta y seis minutos de drama audiovisual.

Creo que quienes estos días se manifiestan en favor de la familia tradicional habrían de ejercer la valentía moral de reflexionar junto a películas como esta. Aquí se plasma la cruda realidad de la existencia de tantas familias bien hechas que, sin embargo, son un nido de enfermedades morales, una casa donde habitan horrores que duele nombrar.

La propuesta narrada asegura que el modelo familiar no garantiza estabilidad ni salud a sus productos humanos, al menos necesariamente. Invita a aceptar como hermanas nuevas propuestas familiares al lado de las antiguas, porque no necesariamente han de dar a luz hijos desestabilizados, transtornados o incapacitados para vivir.

En el pueblo de Antonia se van formando parejas. Estas se unen a veces sin amor pero por amistad, a veces sin amor pero por interés sexual, y a veces sin prejuicios pero por amor. Todas ellas comparten el denominador del respeto y la comprensión. Estas nuevas estructuras familiares que van surgiendo en la historia narrada se sustentan en una única moral, y eso es lo importante, porque así es que nada malo parece salir de ellas. La iglesia del pueblo no puede salirles al paso sosteniendo el viejo orden moral porque, como está archidemostrado, maniene una moral doble.

Lo mejor: la simpática secuencia de escenas de sexo. Lo peor: que el optimismo por la renovación de la vida no pueda más que el pesimismo por el sufrimiento que la conforma.

Octubre 16, 2007

Numancia (2003) de José Luis Corrales

Archivado en: Filosofía, Historia, Lecturas, Libertad — by elasturianu @ 11:06 pm

Entre las cosas buenas que le veo a este relato es que está escrito por un historiador que no inventa nada. Es de agradecer porque a menudo se reinventa la historia, si bien esto es más habitual hoy en día con la historia reciente, y menos con la remota. Pero una de las cualidades que más aprecian los historiadores en la novela histórica es que no perfile con rasgos inventados aquellos personajes que vivieron realmente y son conocidos por la historia. Ha de agradecerse a José Luis Corrales que no lo haga con Escipión, Polibio, Mario y otros.

Lo malo es que tampoco lo hace con los personajes ficticios que inserta en la historia. El personaje protagonista es un celtíbero que pasa de un bando a otro como lo hace Linto en el último soldurio, pero no se sabe muy bien las razones, o más bien estas no nos parecen razones de peso. Sus amigos hacen lo mismo, y su padre es el paradigma de saltinbanquis, en función de por donde sopla el viento. Lo curioso es que este personaje de su padre no lo hace a causa de ser alguien superficial o alguien que lucha por sobrevivir, sino que defiende siempre sus posturas morales con pasión y con creencia. Por eso se hace poco creíble. Un personaje que cree de verdad posturas contrarias sólo puede ser alguien que ha tenido vivencias fuertes que le han hecho cambiar de parecer, o alguien un poco loco.

Pero no importan demasiado los defectos de esta novela porque la narración es fluída, ágil y rápida. No presenta las florituras descriptivas que a mí no me gustan nada en una novela, esta va directamente al grano. Además, nos presenta la historia de la resistencia increíble y épica de Numancia, que resistió veinte años creo recordar el asedio romano hasta que llegó Escipión.

Las historias sobre la libertad son muy comunes y no siempre me emocionan. Sin embargo, la libertad es un viejo tema referente del ser humano, casi a la altura del amor o de la amistad. A ella van adosados valores morales como el de la dignidad, la libre voluntad de elegir el destino o el lugar en el que uno quiere vivir su vida. Sin embargo esta novela no me proporciona la reflexión que el último soldurio si hace a través de la misma historia, porque la historia de cántabros y numantinos es la misma. No me hace reflexionar si merece o no la pena vivir conforme a cómo otros quieren que vivas, a cambio de vivir, o vale más la pena claudicar.

Las bocas rápidas dirán que merece más la pena morir en libertad y dignidad, pero no es una decisión tan fácil. Nunca ha de olvidarse que cada uno de nosotros está aquí porque alguien sobrevivió, o porque alguien mató. Es decir, alguno o muchos de nuestros antepasados mató a otro y violó a su mujer, y de él somos descendientes y no del hombre muerto. Es decir, mi corazón está con los cántabros que entonaban cantos de victoria mientras morían crucificados por los romanos, o que se mataron a sí mismos y a sus familiares al caer prisioneros. Pero claro, yo no tengo esos genes, seguramente tengo los genes de los cántabros que vivieron antes que los romanos y mataron a otros de sus vecinos, pero no de los cántabros o astures que prefirieron morir libres. Y yo existo, estoy aquí y soy importante (al menos para mí).
Pienso que es una decisión que sólo se toma una vez en la vida, y nadie puede decir qué hará hasta que llegue ese momento.

Agosto 28, 2007

El druida () Morgan Llywelyn

Archivado en: Ciencia, Filosofía, Guerra, Historia, Lecturas, Libertad — by elasturianu @ 11:50 pm

La sinopsis de esta novela es lo de menos, por eso la dejo para el final. Lo importante es que al leerla he conseguido transformar en palabras algunos conceptos que permanecían aletargados, inmaduros o si quiera no formualdos en mi pensamiento, “en la punta de la lengua”, como se suele decir.

Por ejemplo, la idea de pauta. Llywelyn nos la introduce comparando el movimiento de un erizo con el movimiento o los gestos de Ainvar, que es el protagonista aprendiz de druida y también el propio relator de los acontecimientos, centrados en la Galia que Julio César conquista.

Le explica Menua, su druida instructor, que un erizo tiene sus propios y peculiares movimientos, su propia manera de andar y de actuar, distinta de la de otros animales. De la misma manera, Ainvar posee unos movimientos propios y peculiares como hombre (o muchacho) y también como Ainvar, como el individuo diferenciado que es. Dicho en una sola palabra, el erizo tiene una pauta, y Ainvar tiene otra.

Sin embargo, Ainvar no se ajusta a ellos, es decir, Ainvar es -a esas alturas del relato- un chico patoso. Ainvar no se ajusta a su propia pauta. Y aquí empieza a sonar la campana, por lo menos para mí y para muchas otras personas, estoy seguro, algunas de las cuales quizás ojeen este aburrido blog. La idea de suerte está ligada a la idea de pauta para el druidismo de la novela. Como Menua enseña, la suerte no existe. Se suele decir que una persona no tiene suerte, pero lo que le pasa en el fondo es que no ajusta su pensamiento y su comportamiento a su propia pauta. De la misma manera, de quien sí se comporta tal como le dicta su pauta se suele decir que tiene éxito, o que la suerte le sonríe.

Con esta idea de la pauta, el galo narrador nos introduce en la manera de ser celta, en su cultura, y en la cultura y carácter romanos, que básicamente eran opuestas. El druida es una novela histórica que narra fidedignamente los acontecimientos de la guerra de las galias desde el punto de vista galo, todo un portento intelectual de comprensión, dado que la única versión de los hechos que ha quedado es la del conquistador de los galos, César. ¿Se debe esto a que Llywelyn es irlandesa, y conoce bien el pensamiento celta? No lo sé, no me molesté aún en comprobarlo.

Según el autor y su alter ego el protagonista, Julio César era fiel a su propia pauta, la de un conquistador ambicioso, implacable y sin escrúpulos, poseedor de una voluntad casi sobrehumana. Siendo fiel a la pauta que la naturaleza esculpió en sus genes, César supo explotar con éxito su gran inteligencia y otros dones suyos.

En el bando opuesto, los galos tenían una pauta bien distinta. A medida que se extendían por el mundo, expandían su cultura pero no buscaban una unidad política estatal o regia. Su pauta les disponía al respeto religioso y cultural, y quemaban sus energías en la búsqueda de la verdad y en las disputas tribales que alimentaban la virilidad de sus guerreros. De esta manera, aquel conquistador inteligente y audaz del que hablamos supo explotar ese rasgo de la división política y del enfrentamiento político, muy propio también de tantas otras culturas, por ejemplo la cultura griega o mismante nuestra propia cultura política española, que ancla sus pilares en la profunda división clasista o aristocrática que existe desde la romanización en España.

Un pequeño alto en este discurso para llevarnos a un matiz. Desde el conocimiento que tengo como aficionado de la historia antigua, puedo decir que el autor no solo comprende bien el pensamiento druidesco, el modo de vida celta primitivo, o el alma romana y gala, además parece tener un conocimiento preciso de datos, costumbres y aconteceres. Sin embargo, ¿alguien podría explicarme de donde salió esa teoría de que los belgas eran germanos celtizados?.

Bien, la idea de pauta no es la única idea genial deslizada en estas páginas. Es una idea que emparenta de cerca con otras muy bien expresadas en los conceptos de la norma, o de la fuente. La fuente y la norma son lo que el creador es a las leyes de su propia creación. Vamos a explicar un poco esto.

Los historiadores modernos han contabilizado una cantidad increíble de dioses adorados por los celtas. Creo haber leído tres mil dioses. Me imagino que aquí se habrán computado no solo los dioses citados por los clásicos y archivisibles en la toponimia europea, como son Lug, Taranis, Belennos, etc., también habrán añadido deidades preromanas adoradas en el mundo céltico como Bandua, que se adoró en Hispania y que, sin embargo, es una deidad indoeuropea pre-celta que sobrevivió a la celtización y a la romanización -y que, como curiosidad, nos ha legado la palabra “bandido” (pero no “bándalo”, que viene de la tribu germana de los vándalos).

Sin embargo, los mismos romanos dijeron que los druidas adoraban a un único dios con múltiples formas, y prueba de ello es que celebraban sus ritos en todo lo que plasmase en el alma la visión del centro: un claro rodeado de árboles en un bosque denso, una montaña que dominase el paisaje o una isla, como la isla de Man donde existía en la antigüedad una escuela de druidismo. Esa idea de que los celtas eran politeístas es tan errónea como la idea de que el cristianismo es monoteísta; si esto último fuera cierto, la Iglesia no podría haber impuesto su culto a una población politeísta sin estratagemas como la de crear montones de santos y de vírgenes, seguramente tantas como lugares de culto pagano se encontró.

Tal vez, como dice la novela, los celtas adorasen una única fuente con muchas formas. Tal vez por eso el cristianismo caló con fuerza en Irlanda, porque en el fondo había un monoteísmo en la Céltica que se vestía de muchas formas para los días de fiesta o de sacrificio. Yo creo que el celta vulgar y corriente, no muy instruído pero seguramente no tan tonto como pensaban los cultos y engreídos romanos, adoraba al dios al que más afecto le tenía, o al que correspondiese a su propio totem tribal o personal, de la misma manera que cada polis griega adoraba a su dios o diosa -o “patrón/a” en términos más modernos- y, del contacto de unas polis con otras surge la génesis griega y con ella su politeísmo. Creo que, lo mismo que Homero unificó con sus narraciones en un panteón a todos los dioses de los griegos, los propios de los griegos indoeuropeos como Zeus o Apolo con los pretéritos de la edad de Bronce como Pytón, los druidas unificaban las creencias de su pueblo en un solo dios con múltiples rostros, al que adoraban en el centro de algo como así lo impone la propia naturaleza de fe que se supone ha de darse a un creador, si lo es como es debido. Es decir, creo que los druidas debieron de ser el elemento unificador de la extensa céltica, quizás el único elemento humano consciente, y por eso contaron con la persecución religiosa, la de unos romanos que habitualmente permitían la libertad de culto.

Y aunque esto no son más que las especulaciones de un aficionado curioso, que enseguida finalizo, también creo que el druidismo no se extendió por toda la céltica, pero sí en cambio creencias semejantes. Me baso en que los romanos dejaron constancia escrita de los druidas galos, bretones e irlandeses, pero no hablaron en ningún momento de druidas en Hispania. Sin embargo, los celtas colonizaron directamente o dejaron una impronta permanente, aún rastreable por historiadores, arqueólogos o filólogos, en toda Hispania excepto en las zonas dominadas por los íberos. ¿No tuvieron tiempo los romanos de percatarse de si había o no druidas en la península? ¿Se perdieron todos los escritos al respecto?

Mi opinión es que los celtas se mezclaron más en la península ibérica con culturas anteriores, como son la megalítica y la indoeuropea de los campos de urnas, o la cultura de los campos de túmulos. Como se sabe, los celtas se fueron desplazando desde la Selva Negra alemana, su lugar natal, por todo occidente, y como portadores de una industria plena del hierro, desplazaron a los moradores de la Europa central indoeuropea, los cuales entraron en la península ibérica por los pasos oriental y occidental del pirineo trayendo inicialmente sus espadas de bronce, juguetes de niño ante las espadas de hierro con las que los celtas se extendieron, y que les obligaron a emigrar. La península fue el último bastión o reducto donde pudieron encontrar refugio las tribus desplazadas de habla indoeuropea no céltica. La misma forma de las cabañas de piedra de los castros europeos podría atestiguar esto. Las del resto de Europa central son de base rectangular pero en el norte peninsular se mezclan con las de base circular propias de la península. Por otra parte, el desplazamiento de tribus o naciones de lengua indoeuropea anterior a las penetraciones celtas -y debidas a estas- está constatado por la lingüística, la toponimia, la arqueología, etc., pero también por la historia, pues por ejemplo los autores clásicos dejaron constancia de los territorios cambiantes de la nación ligur, originaria del noroeste de la península itálica, que luego quedó como territorio galo.

Todo esto es historia y arqueología constatadas, pero hay un dato que me resulta muy curioso, y que pasa por las páginas de los historiadores sin el peso que ha de dársele. Y es el de que existieron tribus primitivas sin casta sacerdotal o sin individuos con función de sacerdotes. Lo digo porque los clásicos dejaron constancia de que los alanos, una tribu indoeuropea original del cáucaso, poseían religión (¡cómo no!), pero no sacerdotes, y tampoco mentenían la institución de la esclavitud, tan antigua y extendida en la antigüedad que hasta la revolución del racionalismo en Europa se consideraba innata al hombre y universal.

Sin embargo, la idea de deidad central, que es tanto como la de un creador que se manifiesta en la naturaleza bajo mútiples formas, y que así expresada parece propia de la religión celta, también está en la península ibérica, pero oculta, esperando la investigación y la comprensión. En efecto, fue Estrabón el que dijo que todas las naciones del norte hispano, que para él eran galaicos, astures, cántabros, vascones, celtíberos y las naciones celtas que habitaban entre los vascones y los cántabros -que ahora no recuerdo-, adoraban danzando en las noches de plenilunio y hasta el amanecer a un dios innombrable alrededor de sus casas o de sus fuegos -no recuerdo-. Curiosamente la Danza Prima asturiana, originaria de Llanes (concejo asturiano que caía en la zona de los cántabros), es una danza que, según investigaciones de Constantino Cabal -¿o era Fermín Canella?-, inicialmente se danzaba también en las noches de luna llena y que, como todo el mundo sabe, se baila en corro, es decir, formando un círculo, el cual se abre y se cierra a la vez por todos los bailantes -según recuerdo de mi infancia-, pero que también puede cerrarse por una parte del corro, imitando la transformación lunar o fases lunares.

Este politeísmo de la Hispania prerromana junto con esta interesante creencia religiosa para mí de naturaleza tabú, es decir, un monoteísmo tabú, un énfasis religioso puesto en el creador, es una hipótesis propia -espero- que enraiga con hipótesis ya lanzadas que leí en el pasado. Mi idea sería que en Hispania se adoraba a la manera celta (monoteísmo junto con politeísmo, la Fuente con sus múltiples rostros, como dice el libro) pero sin clase sacerdotal, es decir, a la manera de los alanos: viviendo la religión sin intermediarios, tal como se da a entender en El último soldurio de Javier Lorenzo respecto a los cántabros. Sería para mí una manera libertaria, si se me permite la analogía con lo más moderno que, aunque parezca contradictoria no lo es, tan sólo es paradójica. A mí me gusta pensar que sería así.

Y dejando ya la fuente y la pauta y las especulaciones de este medio tonto, que no sigue su propia pauta más que de vez en cuando (cuando conecta con la fuente), voy a pasar a la idea de norma, que también se expresa en El Druida. Prometo extenderme menos.

Cuando Ainvar expresa mejor la idea de “norma” es cuando narra la descripción que hace su amigo Tarvos, de profesión guerrero, de sus propios pensamientos, sentimientos y emociones durante una batalla, una concreta que libraron en el libro los guerreros de la tribu de los carnutos contra los de la tribu hermana de los senones -o de los eduos, no recuerdo bien-. Como buen guerrero que es, es decir como persona dada a la acción y no al pensamiento o la reflexión, Tarvos lo expresa de manera rápida y sencilla, pero también muy inteligente: dice que la batalla es ruido. Sólo ruido.

Ainvar, que como aprendiz de druida, como filósofo de la vida -los druidas no son simples sacerdotes, son también filósofos, jueces, maestros, etc.-, se pregunta por todo y ha de comprenderlo todo -o, en su defecto, lo máximo posible (o, en su defecto, lo mejor posible)-, le interroga a su maestro Menua por lo que Tarvos el guerero le ha descrito.

Menua le dice que es natural. La Fuente se expresa de muchas formas distintas, se la puede ver mostrándose en la naturaleza y en los acontecimientos de los hombres y cada hombre la percibe de manera distinta, acorde con su pauta. A un guerrero se le muestra según su pauta de guerrero, y a Tarvos le llama la atención el ruido de la batalla y la ausencia de pensamiento propia del éxtasis emocional y comunal del guerrero que mata a los enemigos. Serían emociones cercanas a las que experimentamos en el éxtasis rítmico de un concierto de rock cuando, en vez de ser guerreros somos fans del rock o del metal, y seguimos la pauta del rock, y entramos en conexión con la fuente de todas las cosas (Jimi Hendrix, por supuesto) siguiendo los ritmos de la guitarra, acoplándonos al estribillo. Menua le dice a Ainvar que las palabras de Tarvos son normales y comprensibles, pues “el ruido es sonido, el sonido es estructura, y la estructura es norma”. La norma -añado yo- es la voz de la fuente.

En palabras propias, la norma es la ley de la naturaleza que ha extendido el creador en su creación, y que todos los seres creados y todas las cosas creadas siguen obedientemente cuando se ajustan a su pauta propia -pues no pueden desobedecer la ley natural, que todo lo abarca. Si se desajustan, la cumplen igualmente, pues no se puede desobedecer la ley de la creación: un planeta o un átomo no puede desobedecer las leyes de la física, un hombre no puede saltarse las leyes del hombre o las de Darwin; el hombre que pasa por encima de sí mismo, o que se ignora a sí mismo, lo único que consigue entonces es hacerse daño y hacérselo a los demás, lo sepa o no. La libertad es para mí obedecer las leyes de la naturaleza, seguir el orden natural de las cosas -como se diría un anarquista-, ajustarse a la verdad -como diría un filósofo- o, como diría un devoto, obedecer a Dios.

Un bonito párrafo que sintetiza la creencia personal de un libertario religioso, un paradijma de la época trans-moderna que empezamos a vivir, querramos o no; aunque no es tan extraño si tenemos en cuenta que el asturianu que escribe este blog está un poco “lloco”, como podéis comprobar todos vosotros.

Y todo esto y mucho más, viene en el libro El druida de Morgan Lywelyn.

Sinopsis promocional: Ainvar es un jovencito devoto y temeroso de los druidas. Una noche los sigue escondido mientras se dirigen en procesión a través del bosque sagrado de los carnutos, dispuestos a ejecutar un antiguo y prohibido ritual para traer de nuevo el calor de la primavera a un invierno que se ha cebado con los galos y que se alarga y se alarga, trallendo hambre, muertes y dolor. Pero el sacrificio que van a ofrecer a los dioses es tan inesperado y desgarrador para el joven Ainvar, Ainvar el niño, que la sangre vertida sobre la piedra cambiará para siempre su vida. De esta manera Morgan Lywelyn nos acerca a La Guerra de las Galias, a Julio César, a Roma, a la República que conquistó el mundo, al mundo de la ambición y de la intriga, y también al mundo del sacrificio más devoto y doloroso, al del sacrificio humano, a la manera primitiva de entender el mundo, la vida y el hombre, a la cultura celta y a la pauta propia y peculiar de un pueblo que ambaba la tierra y la naturaleza, la guerra y las disputas, la especulación filosófica y el respeto a la libertad del individuo y a la fortaleza de su pensamiento creador y propio. El druida nos acerca a los celtas que Julio César y Roma aniquilaron para siempre, o…, no del todo.

Junio 23, 2007

Historia del rey transparente (2005) Rosa Montero

“Las palabras no deben ser como la miel, pegajosas y espesas, dulces trampas para moscas incautas, sino como cristales transparentes y puros que permitan contemplar el mundo a través de ellas.”

Así describe Rosa Montero las frases grandielocuentes y moralistas de los frailes del medievo, por lo demás una perfecta descripción de los discursos de nuestros políticos, seres igual de falsos. Esta historia de un rey transparente es una magnífica novela de aventuras, un poco novela histórica, en la que capturamos el alma de una época, la de los cátaros, que pudo haber cambiado la historia y adelantado a una humanidad agarrotada y trabada por la doctrina religiosa, pero que finalizó trágicamente debido a la espada de los cruzados y a la inquisición de la Iglesia Católica.

Rosa Montero consigue divulgar unos hechos históricos con personajes complejos que sufren arcos de transformación dilatados y curvos. El personaje que narra su vida comienza siendo una niña campesina que para sobrevivir se hace pasar por hombre y caballero. Es una historia atractiva aunque pudiera parecer, por ejemplo, rebuscada y cómica.

Es cierto que la novela está plagada de personajes y situaciones muy cómicos que consideraríamos propios del imaginario colectivo de esa época. Por ejemplo hay brujas y hadas, guerreros estúpidos y caballeros de honor, frailes malévolos y campesinos ignorantes. Eso supone para mí un añadido atractivo, porque me gustan los arquetipos, si están bien hechos, lo que en la mecánica de lo incosciente supone que han sido bien hallados, en vez de bien buscados. Pero, además, consiguen ser personajes modernos y complejos, personajes dramáticos, es decir: con un drama personal. Son seres de carne y hueso, como los que personajes que somos todos nosotros en nuestras vidas.

Por eso acaba siendo una historia real, porque su personaje busca la vida. Leola no se conforma con nacer mujer, sierva, ignorante, y condenada a morir con todas estas condiciones que se trajo bajo el brazo al nacer.

Me gusta esta novela además por algunas de las mismas razones que me gusta El último soldurio, de Javier Lorenzo. Por ejemplo la narración transcurre en primera persona, desde la infancia hasta la muerte. La historia de Corocotta es un homenaje a quienes mueren porque aman la libertad, y algo parecido pasa con Leola, si bien no es una historia sobre la libertad sino sobre la tolerancia. Pero ambos personajes buscan ser ellos mismos a pesar de los difíciles tiempos. Ambos cambian por completo, maduran y se entregan a la vida, a diferencia de otros que se quedan en ella sin conocerse, ignorantes de lo que es vivir. Y ambas historias son ecos de otras muchas historias reales, porque la historia se repite en Cantabria o Asturias, en Numancia o en Masada, en el 17 o en el 34. Siempre habrá quien decide vivir con lo que verdaderamente aprecia, y si no prefiere morir.

Abril 28, 2007

El país conservador, y la ley de lo natural

Archivado en: Ciencia, Filosofía, Libertad, Sociedad — by elasturianu @ 3:39 pm

Había en tiempos pretéritos un país que se hallaba dirigido por una casta de políticos moralistas, acorde tanto con el espíritu de aquellos tiempos como con una mentalidad conservadora, seguramente pantemporal. No diré su nombre, porque su historia no acontece en el tiempo conocido, aunque sí podemos leerla en las páginas de la sensibilidad humana. No me inventaré ninguno de momento, para no herir sensibilidades delatando el parecido. No pretendo ofender, pero sí en cambio comparar, función que es la propia de una analogía o de una metáfora, si bien no sabría con cual de ellas calificar este relato. Mi intención es por tanto la de la comprensión, la mía propia pero sobre todo la de los hombres y mujeres de mentalidad conservadora de ese país, el real, para que puedan -si quieren y si no tienen miedo- abrir un poco sus mentes.

La historia de este país comienza cuando la clase conservadora estaba en el cénit de su poder. Este momento coincidió en el tiempo con el empuje de la ciencia y la tecnológica, de tal manera que por muy conservadora que fuera esta clase dirigente no podía fingir que no escuchaba las voces de los hombres sabios de la ciencia.

Estos hombres sabios descubrieron que el hombre, es decir el varón, se siente atraído por la hembra de mujer en ciertas condiciones y no en otras. Estas condiciones son que una mujer ha de tener una proporción armoniosa de las partes de su cuerpo, la cual se compone de una serie de parámetros físicos fuera de los cuales no es hermosa para el varón. La mujer podía estar normal, gorda o delgada, pero en ningún caso sus partes físicas habrían de estar desproporcionadas si es que no quería suscitar indiferencia o incluso asco entre los hombres. Por ejemplo, si tuviera un culo más grande de lo normal, el resto de los parámetros habrían de crecer en la misma proporción si quería ser deseada.

Ha de decirse, en defensa de estos hombres sabios y de su descubrimiento, que lo que le daba rigor científico era que estos gustos se habían constatado no sólo en la civilización occidental, dentro de la cual claramente se encuadraba aquel país, sino en culturas de todos los lugares del mundo, y no sólo contemporáneas sino también pretéritas. Por tanto, se consideró que era una ley biológica y no cultural, y por tanto el varón nunca podría faltarle al respeto incumplíendola, ni la mujer despreciándola. Se dijo que por eso en el caso de la mujer, muchas de ellas sufrían, dado que no tenían una silueta agradable y la sociedad las excluía, al menos en el ámbito de la sexualidad.

Otros descubrimientos menores aledaños a este también se hicieron públicos en los medios de comunicación. Por ejemplo que son más atractivas las mujeres con ojos más grandes o con los labios más carnosos. Se dijo por ejemplo que la falta de simetría en el rostro o en el cuerpo provocaba cierto repelús en los hombres, sin ni siquiera ser conscientes de ello. Por ejemplo un ojo más grande que otro, o una noriz torcida hacia un lado en su punta, lo mismo que unos labios que buscasen la cuesta de la mejilla.

El gobierno dirigente, deseoso de dar la apariencia de ir con los tiempos y no ejercer como antaño hubiera ejercido cualquier gobierno influenciado por la tradición religiosa, barajó la posibilidad de legislar sobre esto. Lo debatió largamente porque temía la oposición de los sectores progresistas de la sociedad, dado que estos siempre se habían opuesto a que la ley se inmiscuyese en la vida privada de las personas, por más razones que pudiera haber de peso para hacerlo. Por ejemplo la antigua ley contra el aborto siempre había tenido a favor el argumento de que el derecho a la vida es prioritario sobre el resto de los derechos, pero las corrientes del feminismo o del obrerismo primaban la decisión de la persona sobre el deber del estado a protegerla, a ella o a sus hijos.

Finalmente se redactó la ley, que quedó más o menos de la siguiente manera. El artículo principal establecía que conforme a la ley natural de las cosas, ampliamente constatada y contrastada por la ciencia, los hombres habían de tener relaciones con mujeres que compliesen las proporciones físicas correctas y las reglas de la belleza simétrica, y sólo con estas. Pese al rechazo de amplísimos sectores de la población, la ley se aprobó, y se hizo incluso con el respaldo de una mayoría de la gente, según parecía palparse. El pueblo había comprendido el alcance revelador de aquellas investigaciones científicas. Consideraban que era cruel, pero así lo había querido la naturaleza y el hombre no tenía derecho a oponerse, ni podía claro está, salvo que quisiera autodestruirse.

Continuará…

Abril 8, 2007

El último soldurio (2005) Javier Lorenzo

Archivado en: Cine, Democracia, Filosofía, Guerra, Lecturas, Libertad — by elasturianu @ 2:01 pm

Se trata de una excelente novela sobre la conquista por Roma de los territorios astures y cántabros, pero también de los territorios galos, númidas y de la guerra civil y el ascenso y caída de Julio César.

Siempre me resultó difícil comentar novelas largas, donde no hay una sola historia sino muchas, o donde un personaje pasa por un arco de transformación muy dilatado en el tiempo. A mí que me gusta reducir las cosas a su mínima expresión para comprenderlas, siempre me cuesta comprender de qué trata una novela de este tipo, donde se biografía a un personaje durante toda su vida, o a una familia a lo largo de los siglos, como hizo Edward Rutherfurd en Rusos. El último soldurio habla de muchas cosas, pero el mismo autor reconoce que la novela es un homenaje a la lucha de los cántabros, una lucha ya olvidada pero que se merece recordar y homenajear. Linto, su personaje y narrador, es un cántabro que se encuentra con el final de su cultura, en el final de un tiempo.

Aunque primero quiero advertir a aquellos que, como yo, nos gusta la épica pero detestamos las novelas o películas que sólo tienen épica y nada más que épica (como es el caso de El señor de los anillos en su última versión cinematográfica). No, no es una concatenación de gestas épicas aburridas donde se salvan personas o se luchan por valores como la libertad. Todo lo contrario.

Para empezar los personajes son tal como serían los hombres de su tiempo, ese tiempo donde no existía el concepto de derechos humanos. Es cierto que hoy tampoco se respetan los derechos fundamentales, pero cuando Bush quiere petróleo argumenta sobre la seguridad, la libertad y los valores democráticos. En cambio, cuando gentes como Augusto, quienes sabían que los historiadores futuros les leerían, quisieron oro, plata o hierro, no le importó admitirlo y relatar cómo mataron a centenares de miles personas, les cortaban las manos o les sacaban los ojos.

Es cierto, no hay concesiones al idealismo: los cántabros que luego lucharán por su tierra y sus vidas contra Roma, antes matan para ella, aniquilan tribus enteras de galos o germanos, esclavizan a sus mujeres o las violan. Definitivamente, Linto, el protagonista que relata su propia historia, no se idealiza a sí mismo, ni pretende hablar para lectores del siglo veinte o veintiuno.

Además Linto no habla tanto de las batallitas como de los abrazos y las bofetadas que la vida le da. Por ejemplo pasa por la muerte de sus seres más queridos, o por las tragedias provocadas por los caprichos de mujeres malvadas o simples. La vida pone a prueba el material del que está hecho. Vemos cómo se convierte en un hombre, pero también como pierde su fe o como cambia de bando según le convenga a él o a su pueblo.

Linto es el personaje de un ocaso y de una despedida definitiva Con él finaliza la cultura de los cántabros, un modo celta de entender la vida, la posesión de las tierras o las relaciones entre las personas, tal vez utilitario en algunas cosas, pero nada que ver con la visión posesiva que los romanos iniciaron para nosotros.

Bueno, el caso es que cuando ya iba finalizando la novela y estaba pensando, como digo, en que lo mejor no era la épica sino lo humano, el final me sorprende dando dos giros inesperados y de absoluta complejidad y reflexión. El final es sin duda lo mejor, un final épico que invita a pensar hasta dónde merece la pena luchar, si lo mejor para tu gente es aceptar lo inevitable y buscar la supervivencia, y a partir de dónde no se debe claudicar y merece la pena morir y desaparecer incluso de la historia.

Porque esta es la reflexión, o mi reflexión personal: ¿de verdad astures y cántabros desaparecieron para siempre? Tal vez haya cosas que no desaparezcan nunca aunque desaparezcan las personas, sus recuerdos y sus libros. La necesidad de la justicia, o el anhelo de libertad, ambos corolarios del orden natural de la vida, quizás no son tan acuciantes y exigentes como el deseo de vivir o de comer, pero sí tan permanentes y tan latentes. Porque no veo tanta diferencia entre la lucha de hace dos mil años en estas tierras o la de hace algunas décadas, en aquella de los años 34 y 36, también en estas tierras, y en otras como la de Chiapas. Como dijo una anarquista en un documental sobre la guerra civil española, aunque la gente no lo entienda, explica, ellos estaban dispuestos no sólo a morir, también a matar por sus ideas. Esta dramática frase que seguro todos entenderéis retorcidamente, es sin embargo plasmada en esta novela, donde Linto o Corocotta vive sus últimos años para matar y para morir.

Por cierto que la novela no explica quién es históricamente Corocotta. Cuando Augusto quiso ganar prestigio ante el pueblo romano tras ser proclamado emperador, se decidió a conquistar personalmente, como buen guerrero romano, a los últimos territorios libres de Hispania, los de los astures y los cántabros. Sin embargo, le resultó mucho más difícil de lo esperado y hasta enfermó, retirándose a Tarraco, continuando y finalizando la conquista su pariente Agripa. Si no recuerdo mal, les llevó diez años conquistar a los astures, y otros diez a los cántabros.

Existió un libro exclusivo sobre las guerras cántabras que desapareció, ¡maldita sea!. También desapareció la autobiografía de Octavio Augusto. Pero una de las pocas cosas que sobrevivieron es el siguiente relato real sobre Corocotta. Para los romanos éste fue un bandido cántabro que sin embargo tuvo mucho poder o influencia entre su pueblo, por lo que se piensa que fue un jefe guerrero, demonizado por los romanos. Puesto que les causaba importantes contratiempos a las diez legiones romanas que trataban de conquistar Cantabria, Augusto puso precio a su cabeza. El mismo Corocotta fue a pedir ese dinero entregandose libremente él mismo, lo que los historiadores españoles interpretan como un acto de osado y temerario valor, aunque seguramente muchos pensarán que hubo de ser un loco. Augusto, asombrado y admirado, finalmente le dejó irse.

Marzo 14, 2007

La fuga de Alcatraz (1979) Donald Siegel

Archivado en: Cine, Filosofía, Libertad — by elasturianu @ 12:08 am

Los hombres encerrados en la prisión de Alcatraz están ahí sólo para cumplir su condena, no gozan de libertad. Sólo hay dos temperamenteos posibles: el del hombre que se hace más duro, o el del que se destruye bajo la presión. La vida es exactamente igual, igual de dura, igual de asfixiante, igual de solitaria para algunos. Tal vez por eso desde mi infancia se me quedó grabaga esta película, y la imágen del interior de una cárcel fue para mí desde entonces las imágenes del interior de Alcatraz, las rejas, las celdas, los patios, las salas de trabajo, los comedores.

Este es el tema de fondo de esta sólida cinta: cómo el hombre se enfrenta a la cárcel en la que está inmerso, la sociedad por ejemplo, y porqué unos lo superan y salen de ella, además fortalecidos, y otros se destruyen y acaban sus días bajo la violencia.

Hay un segundo tema no menos interesante y es el de lo imposible. ¿Existe de verdad algo imposible para quien se lo propone? A tenor de la trayectoria temática de Eastwood en estos últimos años, bien podría haber firmado él esta película junto a Siegel. Eastwood plasma visualmente como pocos los ingredientes de este éxito moral: fortaleza, hacer de tripas corazón, osadía, sentido del humor y una pertinente inteligencia a la hora de tratar con quienes se creen más listos que los demás. Habrá que aprender del mejor tío duro de los últimos treinta años.

Febrero 22, 2007

Morala y Carnero, condenados a tres años de prisión

Archivado en: Democracia, Guerra, Libertad, Noticias y difusión libertaria — by elasturianu @ 7:40 pm

Los dos viejos y conocidos sindicalistas de Gijón van a ser condenados a prisión por desperfectos en el mobiliario urbano. No importan las contradicciones y dudas de los testigos policiales, ni la declaración honesta de los sindicalistas, que siempre han participado en este tipo de actos obreros en los que se presiona a las autoridades competentes para defender unos puestos de trabajo cada vez más escasos. No hay nada probado, pero no importa porque el motivo del ayuntamiento es amedrentar al movimiento obrero.

Mientras que estos hombres supuestamente atacan objetos, a los soldados que atacan a personas se les paga un bonito sueldo en Irak o Afganistán y encima son héroes porque están ayudando al nacimiento de la democracia y la libertad en unos países bárbaros, y por supuesto que nadie piense que ayudan a extraer petróleo o construir gaseoductos en condiciones de seguridad. Unos son poco menos que terroristas en los medios de comunicación, y otros son los héroes españoles o americanos, los que van a crear un nuevo mundo de justicia y paz. ¿Si no la hay en Gijón, puede haberla en Afganistán?

Entrevista a Luis Antonio de Villena en La Nueva España 12 de Enero del 2007

Archivado en: Democracia, Educación, Filosofía, Libertad, Sociedad — by elasturianu @ 7:02 pm

Tomando un café en un bar y leyendo tanto para dar con alguna noticia u opinión interesante como para distraerme (la cultura relaja) di con una entrevista a un hombre que creo recordar es historiador o maestro, y en cuyas líneas todo lleva a reflexionar. Extraigo algunas de sus opiniones sobre:
1. la autoridad, que viene del latín “auctoritas”:
- “El que enseña tiene autoridad sobre el enseñado”.
- “Si voy a un curso sobre novela que da Saramago, asumo que Saramago sabe cosas de la novela que yo no sé”.
- “Si yo no acepto esa relación desigual por naturaleza, si no acepto que el profesor está por encima de mí porque sabe más que yo, tenga la edad que tenga, la relación en la que se basa la educación falla.”

2. la educación:
- “La mayoría de los chicos y chicas están pésimamente mal educados: son groseros, zafios, guarros e inmensamente vulgares (…). Antes de aprender latín, matemáticas o ciencias se aprendía a ser educado en ciertos cánones sociales. La sociedad puede estar equivocada, y lo está, en muchos cosas, pero tiene que tener unos contenidos básicos de comportamiento cívico incluso para poder rebelarte.”

3. la sociedad basura:
- “Es algo que me hace recordar aquel verso de Machado: “Qué difícil es, cuando todo baja / no bajar también “. En esta sociedad todo está rozando los límites de la basura. (…). Nunca hubo tanta incultura ni tanta zafiedad. Ignorancia siempre la hubo, pero ahora el ignorante alardea de su ignorancia.”

4. del animal racional:
- “Como decía cierto inglés, hay que distinguir la idea del hombre como animal racional del hombre como animal capaz de razón: lo cual no quiere decir que la ejerza siempre.”

5. de la democracia y libertad:
- “La barbarie todavía pone buena cara: se nos habla de democracia y de la libertad, pero el problema es que son dos palabras cuyo significado cada vez se reduce más. “Democracia” no significa poder votar a un partido entre dos partidos que se parecen mucho; y libertad no es algo inscrito en una constitución o en el frontispicio de un edificio, sino algo que tienes que notar en tu propia vida, algo táctil, vivo en tus manos.”

6. de la democracia y educación:
- “Es otra de las cuestiones mal llevadas de la democracia: está obligada a educar a todos, porque si no el voto no tiene el mismo valor. No es lo mismo un voto por publicidad que un voto por convicción. Sin educación no hay democracia, es una fifia.”

Enero 28, 2007

Miedo a la propaganda extremista

Archivado en: Libertad de opinión, Nacionalismo, Noticias y difusión libertaria — by elasturianu @ 2:35 am

Al parecer la Falange española se publicita en internet pagando. Si es una crítica a Google…, bueno(!?). Pero aquí quizás halla una reflexión que hacer. Puede que la democracia y sus políticos no crean mucho en la libertad de opinión (sobre todo con el tema de HB), pero yo sí.

Creo que la izquierda teme demasiado la propaganda de la derecha, y se alarma cuando pasan estas cosas. Eso se llama miedo, y es un miedo lógico si miramos el historial de la extrema derecha en España (y en cualquier país también). Se hacen contramanifestaciones (más enfrentamientos innecesarios, y más procesos judiciales), o se notifica a todo el mundo que google publicita a la falange. Si Google es un negocio y poco más, qué mas da la idea del fascismo que la idea de un cepillo de dientes.

Pero hay otra manera de encarar las cosas: no teniendo miedo a combatirlas con la palabra, con la verdad. Tal vez sea la única manera, porque los hombres pueden desaparecer, pero las ideas surgen porque están en el incosciente colectivo de la humanidad (mala hierba nunca muere, pero también a la inversa, y si no que se lo digan a William Wallace).

Voy a contaros una pequeña historia. Cuando era más joven y tonto (ummmh…, ¿de verdad he cambiado?) la extrema derecha nacional hizo algún encuentro suyo en Gijón y durante algunos días se produjeron incidentes callejeros como okupas apaleados y cosas parecidas. Bueno, pues la extrema izquierda gijonesa se juntó para “defendernos”, puesto que la policía “no hace nada” (en eso hay algo de verdad, pero no debe de hacerse un tópico). Armados de bates, buscamos por Gijón a los cabezas rapadas sin encontrarlos en los sitios donde paraban. Ya en Cimata había un chaval bajito y rapado que nadie conocía, pero que sospechában que lo era. Serían las hormonas, porque ¡menos mal que no fuimos tan estúpidos!. Tiempo después conocí al chaval, pues estudiaba conmigo en la facultad. No sólo no era nazi, también era de lo más normal y majo. ¡Con la de cosas que tengo de las que me arrepiento (sic.), como para haberle partido su linda cabecita al chavalín aquel!. No acaba ahí la historia: porque los nazis aparecieron, y como eran menos gritaron “¡saca la pistola!” y ¡echamos todos a correr!, todos menos uno que tampoco era un ángel que digamos.

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