Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Abril 8, 2007

El último soldurio (2005) Javier Lorenzo

Archivado en: Cine, Democracia, Filosofía, Guerra, Lecturas, Libertad — by elasturianu @ 2:01 pm

Se trata de una excelente novela sobre la conquista por Roma de los territorios astures y cántabros, pero también de los territorios galos, númidas y de la guerra civil y el ascenso y caída de Julio César.

Siempre me resultó difícil comentar novelas largas, donde no hay una sola historia sino muchas, o donde un personaje pasa por un arco de transformación muy dilatado en el tiempo. A mí que me gusta reducir las cosas a su mínima expresión para comprenderlas, siempre me cuesta comprender de qué trata una novela de este tipo, donde se biografía a un personaje durante toda su vida, o a una familia a lo largo de los siglos, como hizo Edward Rutherfurd en Rusos. El último soldurio habla de muchas cosas, pero el mismo autor reconoce que la novela es un homenaje a la lucha de los cántabros, una lucha ya olvidada pero que se merece recordar y homenajear. Linto, su personaje y narrador, es un cántabro que se encuentra con el final de su cultura, en el final de un tiempo.

Aunque primero quiero advertir a aquellos que, como yo, nos gusta la épica pero detestamos las novelas o películas que sólo tienen épica y nada más que épica (como es el caso de El señor de los anillos en su última versión cinematográfica). No, no es una concatenación de gestas épicas aburridas donde se salvan personas o se luchan por valores como la libertad. Todo lo contrario.

Para empezar los personajes son tal como serían los hombres de su tiempo, ese tiempo donde no existía el concepto de derechos humanos. Es cierto que hoy tampoco se respetan los derechos fundamentales, pero cuando Bush quiere petróleo argumenta sobre la seguridad, la libertad y los valores democráticos. En cambio, cuando gentes como Augusto, quienes sabían que los historiadores futuros les leerían, quisieron oro, plata o hierro, no le importó admitirlo y relatar cómo mataron a centenares de miles personas, les cortaban las manos o les sacaban los ojos.

Es cierto, no hay concesiones al idealismo: los cántabros que luego lucharán por su tierra y sus vidas contra Roma, antes matan para ella, aniquilan tribus enteras de galos o germanos, esclavizan a sus mujeres o las violan. Definitivamente, Linto, el protagonista que relata su propia historia, no se idealiza a sí mismo, ni pretende hablar para lectores del siglo veinte o veintiuno.

Además Linto no habla tanto de las batallitas como de los abrazos y las bofetadas que la vida le da. Por ejemplo pasa por la muerte de sus seres más queridos, o por las tragedias provocadas por los caprichos de mujeres malvadas o simples. La vida pone a prueba el material del que está hecho. Vemos cómo se convierte en un hombre, pero también como pierde su fe o como cambia de bando según le convenga a él o a su pueblo.

Linto es el personaje de un ocaso y de una despedida definitiva Con él finaliza la cultura de los cántabros, un modo celta de entender la vida, la posesión de las tierras o las relaciones entre las personas, tal vez utilitario en algunas cosas, pero nada que ver con la visión posesiva que los romanos iniciaron para nosotros.

Bueno, el caso es que cuando ya iba finalizando la novela y estaba pensando, como digo, en que lo mejor no era la épica sino lo humano, el final me sorprende dando dos giros inesperados y de absoluta complejidad y reflexión. El final es sin duda lo mejor, un final épico que invita a pensar hasta dónde merece la pena luchar, si lo mejor para tu gente es aceptar lo inevitable y buscar la supervivencia, y a partir de dónde no se debe claudicar y merece la pena morir y desaparecer incluso de la historia.

Porque esta es la reflexión, o mi reflexión personal: ¿de verdad astures y cántabros desaparecieron para siempre? Tal vez haya cosas que no desaparezcan nunca aunque desaparezcan las personas, sus recuerdos y sus libros. La necesidad de la justicia, o el anhelo de libertad, ambos corolarios del orden natural de la vida, quizás no son tan acuciantes y exigentes como el deseo de vivir o de comer, pero sí tan permanentes y tan latentes. Porque no veo tanta diferencia entre la lucha de hace dos mil años en estas tierras o la de hace algunas décadas, en aquella de los años 34 y 36, también en estas tierras, y en otras como la de Chiapas. Como dijo una anarquista en un documental sobre la guerra civil española, aunque la gente no lo entienda, explica, ellos estaban dispuestos no sólo a morir, también a matar por sus ideas. Esta dramática frase que seguro todos entenderéis retorcidamente, es sin embargo plasmada en esta novela, donde Linto o Corocotta vive sus últimos años para matar y para morir.

Por cierto que la novela no explica quién es históricamente Corocotta. Cuando Augusto quiso ganar prestigio ante el pueblo romano tras ser proclamado emperador, se decidió a conquistar personalmente, como buen guerrero romano, a los últimos territorios libres de Hispania, los de los astures y los cántabros. Sin embargo, le resultó mucho más difícil de lo esperado y hasta enfermó, retirándose a Tarraco, continuando y finalizando la conquista su pariente Agripa. Si no recuerdo mal, les llevó diez años conquistar a los astures, y otros diez a los cántabros.

Existió un libro exclusivo sobre las guerras cántabras que desapareció, ¡maldita sea!. También desapareció la autobiografía de Octavio Augusto. Pero una de las pocas cosas que sobrevivieron es el siguiente relato real sobre Corocotta. Para los romanos éste fue un bandido cántabro que sin embargo tuvo mucho poder o influencia entre su pueblo, por lo que se piensa que fue un jefe guerrero, demonizado por los romanos. Puesto que les causaba importantes contratiempos a las diez legiones romanas que trataban de conquistar Cantabria, Augusto puso precio a su cabeza. El mismo Corocotta fue a pedir ese dinero entregandose libremente él mismo, lo que los historiadores españoles interpretan como un acto de osado y temerario valor, aunque seguramente muchos pensarán que hubo de ser un loco. Augusto, asombrado y admirado, finalmente le dejó irse.

Marzo 11, 2007

Idealismo versus apatía

Archivado en: Democracia, Educación, Filosofía, Guerra, Sociedad, Uncategorized — by elasturianu @ 6:07 pm

La complejidad de nuestra sociedad es tal que rápidamente nos desanimamos y pensamos que los actos personales o colectivos caen en el olvido o el fracaso. Nos sentimos como números, manejables por un computador social. Si a esta falta de moral, un estado de desilusión, le añadimos la comodidad y las pocas ganas que tenemos de complicarnos la vida con la autoridad o con nuestros vecinos, obtenemos una apatía social e individual que ya quisiera cualquier dictadura.

Pero son muchas fuerzas las que actúan en nuestro interior, y si una nos dirige hacia un lugar y está equivocada, el inconsciente acciona otra para dirigirnos hacia otro lugar. Esto quiere decir que la apatía social o la conformidad política no son perpetuas y nuestro sistema pseudodemocrático, garante político del capitalismo, lo sabe.

Por eso hace unos días me abordó una chica por la calle para que apadrinara un niño. ¡Yo que no tengo hijos y que los deseo tanto, he de apadrinar un niño que no conozco para sentirme mejor: no sería cabal!. La chica era tan bonita, que no me hubiera importado tener un par de sanos y hermosos gemelos allí mismo con ella. Lo absurdo de todo esto hizo que tuviera que emplear innumerables calorías para mantener la cabeza fría.

Claro que según ella iba a ayudar a una criatura necesitada, que no tiene dinero para comer o ir a la escuela. Y si no quisiera conocer al niño, podría hacerlo bajo el requisito del anonimato, es decir no tanto por mi parte como por la suya. Para colmo de los colmos, para intentar convencerme la chica me dijo que su ONG estaba dentro de la ONU. Si no hubiera estado tan serio (es decir tan tonto) le hubiera contado alguno de los siguientes chistes (bueno, el primero no es chiste sino un hecho real):

- Iba yo por la cera junto al Carrefur y reparo por primera vez en muchos años en que hay banderas a la entrada. La primera es la de Gijón, con su bonito escudo de Pelayo. Muy bien, me dije. La segunda la de Asturias, con su bonito color azul y su bonita cruz. Fantástico, porque ya me empezaba a salir mi corazonzito patriota. Luego le seguía la bandera de España. Bueno, bien, aunque mi corazón se desinchó un poquito. La siguiente fue, como no, la bandera europea, que mi corazón aceptó más debido a mi pasión por la historia que a mis vínculos políticos o económicos con los magnates del continente. Pero mis expectativas aumentaban, porque con la siguiente bandera me iba a sentir ciudadano del mundo, un ser humano internacional sin más patria que la humanidad, un buen anarquista. Claro está que mis espectativas eran encontrar la bandera de la ONU, pero no: me encontré la bandera de Carrefour.

Es que no hay nada más internacional que el consumo en un mundo capitalista

- (Esto ya sí es un chiste): Las cuatro preguntas fundamentales que atormentan al hombre moderno: quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos, y para qué sirve la ONU.

La verdad es que sirve para poco. Claro que si tenemos en cuenta el Fondo Monetario Internacional y el Banco Munidal, yo diría que sirve para empobrecer a los pobres y enriquecer a los ricos.

Pues para esto sirven también las ONGs que dentro de la ONU y fuera intentan poner parches en países que podrían tener seguridad social, asistencia sanitaria y educación universitaria si no les vendiéramos armas, no les quitásemos sus materias primas ni les vendiésemos caros sus productos manufacturados (ni pusiéramos aranceles a la exportación de sus productos, lo cual quiere decir que los menos interesados en que el mercado sea libre son los políticos del libre mercado).

Nuestra conciencia estaría tranquila si en vez de dar dinero que muchas veces no llega (sociedad de la picaresca, o sociedad del timo institucionalizado) peleásemos por que nuestros gobiernos les dejaran en paz, y porque las políticas monetarias de privatización de lo público y de aranceles tecnológicos (esos por los que un país subdesarrollado no puede crear su propio sistema de red telefónica, sino que ha de contratarlo a una empresa como Motorola, y ésta mantiene la propiedad de los conocimientos técnicos) desaparecieran en esos países, para que así pudieran levantar cabeza y no necesitasen un pozo subvencionado o un caritativo hospital.

Todo esto venía para decir qué complicado es el mundo y qué pequeñitos nos sentimos, qué faltos de peso específico parecen nuestros actos. Pero este es un estado mental propio de quien ha decidido no actuar y, como ser sujeto a unos límites que lo encierran en su hábitat social, no puede ver más allá (imaginación atrofiada).

Todo este mundo de la democracia y los derechos sociales se lo debemos a un solo hombre, Rousseau, quien con el Contrato Social influyó en los norteamericanos que concretizaron la declaración de derechos del hombre y las leyes norteamericanas, modelo para la posterior revolución francesa y democracias subsiguientes.

Toda la política social como la educación pública, la seguridad social, la asistencia médica gratuíta, los derechos sindicales y las mejoras en la calidad del trabajo ejercido por el obrero se le debe a innumerables peronas anónimas que lucharon por cosas concretas como la jornada de diez horas, luego la de ocho, y tantas y tantas luchas obreras. El estado (administrado por los vencedores, claro) no hizo más que canalizar esas luchas concediendo y administrando lo solicitado por el pueblo, de tal manera que se amortiguó la virulencia de la lucha obrera. Ahora mismo estamos perdiendo todos esos derechos porque el pueblo no se organiza sindicalmente y no lucha.

Lo más importante, decía uno, es que no nos quiten la moral. Y quien tiene imaginación puede idear nuevas luchas para las nuevas necesidades de nuestro momento, como es la inminencia del desastre medioambiental. Eh, ¿hay alguien ahí? ¡Ginés, pásate por un cibercafé y propón esa gran idea que tenías para cambiar el mundo, que no por medir un metro sesenta eres pequeñito, leches!.

Febrero 22, 2007

Morala y Carnero, condenados a tres años de prisión

Archivado en: Democracia, Guerra, Libertad, Noticias y difusión libertaria — by elasturianu @ 7:40 pm

Los dos viejos y conocidos sindicalistas de Gijón van a ser condenados a prisión por desperfectos en el mobiliario urbano. No importan las contradicciones y dudas de los testigos policiales, ni la declaración honesta de los sindicalistas, que siempre han participado en este tipo de actos obreros en los que se presiona a las autoridades competentes para defender unos puestos de trabajo cada vez más escasos. No hay nada probado, pero no importa porque el motivo del ayuntamiento es amedrentar al movimiento obrero.

Mientras que estos hombres supuestamente atacan objetos, a los soldados que atacan a personas se les paga un bonito sueldo en Irak o Afganistán y encima son héroes porque están ayudando al nacimiento de la democracia y la libertad en unos países bárbaros, y por supuesto que nadie piense que ayudan a extraer petróleo o construir gaseoductos en condiciones de seguridad. Unos son poco menos que terroristas en los medios de comunicación, y otros son los héroes españoles o americanos, los que van a crear un nuevo mundo de justicia y paz. ¿Si no la hay en Gijón, puede haberla en Afganistán?

Entrevista a Luis Antonio de Villena en La Nueva España 12 de Enero del 2007

Archivado en: Democracia, Educación, Filosofía, Libertad, Sociedad — by elasturianu @ 7:02 pm

Tomando un café en un bar y leyendo tanto para dar con alguna noticia u opinión interesante como para distraerme (la cultura relaja) di con una entrevista a un hombre que creo recordar es historiador o maestro, y en cuyas líneas todo lleva a reflexionar. Extraigo algunas de sus opiniones sobre:
1. la autoridad, que viene del latín “auctoritas”:
- “El que enseña tiene autoridad sobre el enseñado”.
- “Si voy a un curso sobre novela que da Saramago, asumo que Saramago sabe cosas de la novela que yo no sé”.
- “Si yo no acepto esa relación desigual por naturaleza, si no acepto que el profesor está por encima de mí porque sabe más que yo, tenga la edad que tenga, la relación en la que se basa la educación falla.”

2. la educación:
- “La mayoría de los chicos y chicas están pésimamente mal educados: son groseros, zafios, guarros e inmensamente vulgares (…). Antes de aprender latín, matemáticas o ciencias se aprendía a ser educado en ciertos cánones sociales. La sociedad puede estar equivocada, y lo está, en muchos cosas, pero tiene que tener unos contenidos básicos de comportamiento cívico incluso para poder rebelarte.”

3. la sociedad basura:
- “Es algo que me hace recordar aquel verso de Machado: “Qué difícil es, cuando todo baja / no bajar también “. En esta sociedad todo está rozando los límites de la basura. (…). Nunca hubo tanta incultura ni tanta zafiedad. Ignorancia siempre la hubo, pero ahora el ignorante alardea de su ignorancia.”

4. del animal racional:
- “Como decía cierto inglés, hay que distinguir la idea del hombre como animal racional del hombre como animal capaz de razón: lo cual no quiere decir que la ejerza siempre.”

5. de la democracia y libertad:
- “La barbarie todavía pone buena cara: se nos habla de democracia y de la libertad, pero el problema es que son dos palabras cuyo significado cada vez se reduce más. “Democracia” no significa poder votar a un partido entre dos partidos que se parecen mucho; y libertad no es algo inscrito en una constitución o en el frontispicio de un edificio, sino algo que tienes que notar en tu propia vida, algo táctil, vivo en tus manos.”

6. de la democracia y educación:
- “Es otra de las cuestiones mal llevadas de la democracia: está obligada a educar a todos, porque si no el voto no tiene el mismo valor. No es lo mismo un voto por publicidad que un voto por convicción. Sin educación no hay democracia, es una fifia.”

Enero 28, 2007

Los amigos del crimen perfecto (2003) Andrés Trapiello

Archivado en: Democracia, Lecturas, Terrorismo — by elasturianu @ 11:10 pm

Paco Cortés es un escritor de novelas policiacas que confunde ficción con realidad, de tal manera que no encara su propia vida con responsabilidad, y también el alma máter de los Amigos del Crimen Perfecto, tertulianos de café que barajan cómo sería este entre trago y trago. Pero la vida es más compleja que las novelas, y el crímen llama a sus puertas, y el juego pasa a ser la duda moral de carne y hueso, la que duele.

Podría parecer que es una novela policiaca pero lo es y no lo es. Si seguimos las definiciones del mismo Paco, un drama es una novela que empieza en una vida y acaba en una muerte, mientras que una novela policiaca sigue el itinerario contrario. Con este juego de conjuntos y subconjuntos, los fans de ambos géneros quedarán contentos. Y sin embargo hay mucha más miga.

En realidad aquí se hablan de temas más importantes, además aplicables al debate actual, y estoy pensando en el problema vasco y la paz. Cada personaje reflexiona sobre la guerra civil española, sobre el extremo dolor que la dictadura hizo a las madres, a las viudas o a los hijos, sobre si una transición española basada en el olvido y aquí los mismos merece la pena, o en cambio hay que aplicar la justicia. ¿Pinochet sí pero Manolo nuestro vecino o nuestro político no? ¿Creían los demócratas de derechas que se había olvidado el tema de su pasado? ¿Es por eso por lo que se les hincha el pecho al hablar de terrorismo y del pacto con el diablo?

Son temas que pueden surgir de la lectura de esta multi-novela, si uno pertenece a la minoría de inquietos y dudosos que gustan de buenas lecturas.

Enero 26, 2007

Memorias del General Escobar (1984) José Luis Madrid

Archivado en: Cine, Democracia, Guerra — by elasturianu @ 10:26 pm

Se trata de una película quizás no muy destacada, pero sí loable por rescatar la memoria y la historia de un guardia civil que fue leal a la República. Escobar eran un hombre de convicciones, y su juramento pesaba más que el drama de aquellos días. Cumplió siempre con su deber militar y trató de salvar vidas en unos momentos en que el alboroto popular se mezclaba con los hombres honrados del anarcosindicalismo, a quien Escobar apreciaba sin compartir sus métodos.

Lo más interesante de la película y del pensamiento de Escobar, lo que da pie al debate, es su visión de lo que sería la guerra civil española: una guerra entre hermanos. Es un punto de vista que está muy de moda porque la democracia trata de presentarse como sucesora de la república pero es al vez continuadora testamental del franquismo.

Yo considero que cualquier guerra es una guerra entre hermanos: tanto las facciones de una misma nación como las naciones distintas están compuestas por personas (este mismo pensamiento lo aplico a otros temas como el de la inmigración y las preferencias). No está claro tampoco cuáles dejan más dolor, porque al dolor muchas veces no le gusta ser comparado, aunque siempre está presente el rencor de las familias desgarradas. Tampoco tengo claro que una guerra civil perdure más tiempo en la memoria colectiva de su pueblo. Los norteamericanos no se miran con odio entre sí, y al paso que vamos esta España inculta, cuya alma está en el segundo coche y en Operación Triunfo, olvidará pronto a sus abuelos (con la inestimable ayuda del revisionismo demócrata, que busca la reconciliación tanto para olvidar el pasado como para hacer negocios libremente). ¿Es bueno que España olvide la lucha obrera?.

La visión democrática sobre la guerra civil es una visión desviada. No se pregunta por las causas de la guerra, no si pudo ser evitada o no. España era antes de 1936 un país donde las organizaciones obreras llevaban muchos lustros ya luchando por conquistar derechos, es decir por la justicia social. Era además un país de analfabetos que las mismas organizaciones obreras habían escolarizado y, si no eran ilustrados aún, sí eran tan inteligentes como humildes. Era un país de idealistas, de románticos, algo inpensable en nuestros tiempos, gente que estaba dispuesta a morir por sus ideas, a las que la tortura o la carcel no les desmoralizaban. ¿Conocemos a personas así hoy?

La derecha española, como cualquier derecha, no era sólo una línea política y militar. Eran y son también empresarios y banqueros, aquellos que se beneficiaban de la extrema explotación de los trabajadores. También eran policías y guardias civiles, que ejecutaban a pistola a los líderes sindicales en la calle, cosa que se olvida cuando se habla del hecho inverso, una revancha detestable pero: ¿pudo ser de otra manera?. La élite de los privilegios estaba alarmada por tantas huelgas que les restaban beneficios, y mucho más: por verdaderos intentos del pueblo, como en 1934, de unirse y conducir para siempre sus vidas. No olvidemos que en el 34 en Asturias, a los empresarios de las fábricas se les obligó a trabajar.

La guerra civil no fue tanto una guerra entre hermanos como una guerra entre clases, la expresión final de la lucha de clases que no debería de llegar nunca, pero que llega cuando los pocos quieren seguir explotando a los muchos, y no piensan ceder ni un ápice. No pudo ser de otra manera. Le concedo a esta película loabilidad por rescatar un personaje histórico y olvidado, que no debió ser el único, y sentir como él. La moralidad de Escobar en un ejemplo deseable. Pero la visión que da de España y de su guerra es incompleta, y como tal puede dar lugar a dudas. Por ejemplo, me gustaría saber qué hicieron Escobar o personajes como él en el 34, cuando ser leal a la República de la extrema derecha significaba estar en contra del cambio y por la permanencia de los privilegios. En aquel año la izquierda revolucionaria no mató a nadie por sus ideas sino todo lo contrario, y la derecha vencedora no fusiló a ningún militar derechista porque ninguno se unió a los sublevados. ¿Es, por tanto, la lealtad a un juramento más importante que la lealtad a la idea de justicia social, o su rechazo?.

Recomiendo esta película para debatir sobre la guerra civil española.

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