Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Enero 22, 2008

Espejos, diarrea y sincronicidad

Archivado en: Filosofía, Lecturas, Sueños — by elasturianu @ 2:03 am

Desde los primeros días en que adopté a mi perro, le enseñé a hacer sus necesidades en los prados. No quería que lo hiciera ni en casa (por supuesto) ni en el medio de la acera, por las molestias evidentes que ocasiona a cualquier vecino, y la evidente falta de educación que supone. Así mismo le enseñé a no mear en las ruedas de los coches, en los portales o en cualquier pared que parezca más o menos decente. Estas reglas no son límites infranqueables. Hay paredes y paredes, hay necesidades perentorias, y las diarreas se ríen a su manera de la disciplina humana y de la sociedad cívica. Pero es una norma que más o menos mi amiguito sigue.

Una de esas ocasionales veces en que no la siguió fue esta noche. Iba tan pachu por la acera y de repente va y lo hace al lado de un árbol. Normalmente cuando defeca en la acera elige el mal menor, ese que castigo menos, o tolero más, que es el de hacerlo en el territorio que abarca o rodea algún arbol de los que salpican regularmente las aceras.

Bueno, esta vez no hubo necesidad perentoria. Normalmente cuando tiene muchas ganas, se pone muy nervioso: le cuesta respetar el límite que le impongo de esperar por mí en las esquinas, puesto que yo suelo ir más despacio, y también en casa me llora para que lo saque, cosa que sabe que no me gusta. Esta vez no hubo nada de eso, iba panchu, tranquilo, sin prisas. Ni siquiera estaba nervioso, cosa que sería lo normal pues mi perro es un manojo de nervios cuando sale a la calle. Tampoco estaba especialmente agobiado por salir y por tanto no estaba resquemao conmigo por tardar en sacarle. Es verdad que como siempre me demoré en sacarle en el turno de noche, entre la cena y la lectura, pero ya le había sacado dos veces por la mañana y otra por la tarde, en total unas dos horas.

A veces tengo el día malo y me enfado de la manera que no hay que enfadarse, es decir con cólera. Esta vez no fue así, me enfadé con él a lo máximo con estupor e indignación. Le reñí sin elevar la voz, y con un tono no demasiado severo, de tal manera que si había algo de cólera o ira en mi interior no la dejara salir. Al fin y al cabo, cuando existe eso es que uno no está equilibrado, y para que negarlo yo no soy la persona más perfecta del mundo, prefiero pensar que soy bastante imperfecta porque eso se acerca mucho a la dura realidad.
Había otras razones para no enfadarse mucho con él. Entre ellas que el enfado o el castigo ha de ser proporcional a la regla que se ha roto. Él hace a veces cosas peores. Simplemente le reñí. Pero lo curioso es que, como muchas otras veces, aceptó la regañina pero no se la tomó muy en serio. No mostraba prisa por salir del lugar y momento en el que yo le regañaba, no me atendía, y se dedicaba a mirar para aquí y para allá, buscando cualquier movimiento que, como tal, es más interesante que la inactividad a la que se ven obligados y agobiados los perros en las cuatro paredes en que los encerramos egoístamente los habitantes de la moderna y ajetreada ciudad.

En los casos en los que el perro no acata la regañina más que de un modo formal, como este, procuro encontrar una manera de que el castigo le fastidie más, pues de lo contrario el suceso volvería a repetirse. Esta vez alargué el castigo, que consiste en quedarse quieto un rato.

Pero además empecé a pensar que no entendía su comportamiento. Es verdad que en comparación con otras personas comprendo bastante bien el comportamiento de los perros y en concreto del mío; opino que se debe sobre todo a que otras personas prefieren no comprenderlo para no verse avergonzados por no atender moralmente las necesidades básicas sociales de sus perros, lo cual supondría importantes sacrificios morales y de tiempo. Pero también es verdad que a veces no le comprendo, y algunos comportamientos concretos de mi perro, no los entiendo todavía, después de siete años de convivencia.

Uno de mis pensamientos preferidos, también uno de mis debates preferidos con mis amigos, es el que salió entonces de mi cerebro, y es el de que la mente animal es sumamente compleja. El hombre moderno que se cree tan complejo y tan racional no suele ver lo evidente, y es que la mente y el comportamiento animal son casi tan complejos como el hombre y esto les hace tan imprevisibles como él. Es más, esto puede encararse de otra manera, y es que la complejidad del hombre no es una característica o una consecuencia específica de su naturaleza, superior a la del perro o a la de los otros animales superiores, sino que es simplemente una consecuencia intrínseca de la naturaleza animal de su mente. Somos complejos e imprevisibles porque somos animales, no porque seamos humanos.

En efecto, cada vez que algún científico divulgador escribe o habla sobre lo que nos diferencia de los animales, yo pienso en su ingenuidad de científico, porque todas esas cosas que dicen específicas del hombre muchas veces las veo yo en los perros, o me encuentro otros estudios científicos que las han comprobado en mamíferos superiores, o escucho relatos sobre perros que precisamente rebaten estas observaciones. Y cuando no he encontrado un caso animal que rebata tal supuesta diferencia, al menos no estoy seguro de poder probar que no exista la misma característica compleja en el animal que en el hombre, solo que permanece oculta; uno no sabe lo que pasa por la mente del perro porque este no puede hablar castellano para decirnos lo que piensa. Y aunque la capacidad de comunicación del animal es asombrosa, la verdad es que si pudiera pensar sobre el cuadrado de la hipotenusa o sobre el sexo de los ángeles, tampoco podría hablar con nosotros de ello ni en inglés ni en chino mandarín.

Por ejemplo el más clásico y tonto de tales criterios científicos es el de que los hombres somos los únicos animales con conciencia, es decir, con conciencia de su identidad personal. La prueba es que se pone a un animal ante un espejo y no se identifica en él. Por ejemplo se pone a un chimpancé dormido un gorro en la cabeza y se le despierta mientras se halla ante un espejo. En ese momento, que lleve su mano al espejo y no a su gorro al parecer demuestra que no es consciente de que la imágen que percibe en el espejo es la suya, y piensa que es la de otro mono.

Si bien es cierto que algunos chimpancés se dan cuenta, y para el etólogo eso prueba que son chimpancés muy inteligentes, la mayoría de los monos y el resto de los animales no pasan el examen del espejo. Si a un perro le pones ante un espejo, se sorprende y se alerta, ladra al espejo. Eso prueba al parecer que el perro es tonto, o que no tiene conciencia. Yo diría más bien que prueba lo tonto que es a veces el hombre. Para mí es más inteligente aquel paisano perdido de la estepa siberiana que cuando se le murió su caballo o su perro lo enterró como a un hijo, porque para él formaba parte de la familia (puede verse en uno de esos documentales de Odisea), mientras le enseñaba a su hijo que los animales son tan importantes como ellos, y que tienen alma.

Un perro tiene su sentido principal de identificación en el olfato y no en la vista, es decir, para identificar algo echa primero mano del olfato, luego del oído y sólo más tarde de la vista. Yo diría que el gusto es incluso más importante que la vista. Es natural que actúe así, porque su vista es bastante diferente de la nuestra. Detectan mejor el movimiento que nosotros, como buenos cazadores que son, pero sólo perciben algunos colores. Eso hace que para identificarnos o para comprender qué estado emocional esta detrás de este gesto o aquel que hacemos, necesiten acercarse más a nosotros, y prefieren no obstante acercarse y olernos. Puedo constatar que mi perro muchas veces no entiende por qué le digo esto o me comporto de esta manera, pero en esos casos toma decisiones, es decir llega a una solución provisional a ver si funciona, y suele ser traerme la pelota por si lo que quiero decirle es que tengo ganas de jugar, que al fin y al cabo es lo que él suele querer mientras se aburre en casa. También suele ser que pase de mí, ¿no es esto una actitud muy inteligente?.

Una vez un compañero del trabajo me contó que cuando su perra era pequeña y pasaba ante un espejo, como puede ser el cristal de algún portal que, por la oscuridad interior, se convierte en un semiespejo, empezaba a ladrar y a ponerse nerviosa y agresiva. Ese comportamiento es normal, porque el perro no entiende como hay un perro enfrente y no desprende el olor que debería de desprender, tiene una imágen de un perro de frente y no es un perro. Inicialmente para nuestros amigos los perros, esto es un hecho paranormal, sobrenatural, y se comportan ante el como lo haríamos nosotros, con miedo, precaución, y poniéndose en la peor de las posibilidades, lo que les lleva a una actitud beligerante. Sin embargo lo que me llamó la atención es lo siguiente que me dijo este compañero: que con el tiempo dejó de hacerlo. Por primera vez me di cuenta de que tanto su perra como otros perros que suelen tener ese comportamiento ante esa situación, dejan de tenerlo. ¿Por qué? Podría ser porque se den cuenta de que es un fenómeno normal en el increíble mundo de los humanos, uno más de ese montón de fenómenos que no puedan comprender (por ejemplo, mi perro no puede comprender que ladren perros a través de un televisor, y sale a buscarlos a la terraza, pues es el único lugar donde se supone que debería de encontrar perros). Vamos, que se acostumbran.

Volviendo al comportamiento de mi perro y la regla que se saltó. No encontré explicación lógica. Además de las que ya expuse, barajé otras como que estuviera de mal humor, pero no lo estaba, o de que estuviera enfadado conmigo por alguna otra razón, pero no parecía estarlo, mi perro es muy expresivo y estaba de buen humor y tranquilo, os lo aseguro. ¿Entonces?. Me rendí y acepté la explicación más sencilla, la de que aquí el tonto era yo porque me creía capaz de entenderlo todo. La cuestión no era la complejidad de la mente del perro, sino mi ignorancia.
Pero aceptar que uno es un ignorante ya es un paso adelante. Creo que se dan pasos adelante cuando uno niega saber todas las respuestas y empieza a hacerse preguntas. Las preguntas nos impulsan hacia adelante.

Entonces ocurrió algo que pudiera ser significativo, y que me hizo recordar las interesantes conclusiones que saqué de dos libros, uno de ellos Las coincidencias necesarias. La sincronicidad en los encuentros que nos transforman.

Lo que pasó es que me crucé con una chica con la que hace tiempo me enfadé por faltarme al respeto. Esa noche y la anterior había soñado con ella, como si algo insistiera en que pensara en ella.

En ese libro se habla de la sincronicidad, la cual es una coincidencia más o menos temporal entre un acontecimiento de nuestras vidas y un estado interior, acontecimiento que no se puede explicar por la causalidad ni por la casualidad: la causalidad no lo explica porque uno de los dos hechos acontecidos, el exterior o el interior, no parece ser la causa del otro (no hay causa-efecto) y la casualidad o no lo explica o explica muy poco porque las probabilidades de que el hecho, habitualmente extraordinario, ocurra, son muy escasas.

El autor, Jean-François Vézina, pone ejemplos como el siguiente: una chica tenía ilusión porque arrancara bien su nuevo bar, al que le quería dar un ambiente temático musical, y para que funcionase invitó a la prensa a que reflejaran el acontecimiento de la inauguración, pero en la prensa le respondieron que la única manera de que se hicieran eco de tal insignificante -para ellos- acontecimiento, es que lo inaugurase un cantante famoso. Así que ella pensó en el cantante X y trató de localizarlo por todos los medios. No lo logró, pero no se deprimió porque tenía una actitud abierta ante la vida: “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. La noche anterior a la inauguración, le da por bajar a la calle a comprar no se qué, y en vez de dir andando siente la necesidad de hacerlo en coche. Así lo hace, y curiosamente delante suyo se estrella el coche el cantante X. Nada importante, pero le ayuda, se hacen amigos, le cuenta su ilusión, y éste aparece al día siguiente como estrella invitada del bar, con la prensa detrás de él. Parece un cuento de hadas, pero es un verdadero cuento de hadas, y con final feliz, algo que parece que no abunda tanto en la vida como nos gustaría a nosotros, al menos a simple vista. A lo mejor es que vamos con los ojos cerrados, en vez de ir como esta chica, con esa actitud positiva ante la vida.

En lo que a mí respecta, la primera de las noches soñé con que esa chica me cogía por los pies -yo estaba echado- y me estiraba las piernas (como uno de esos estiramientos que haces recién al despertarte), y que aunque al principio me violentaba un poco, luego me gustaba. No entendí su significado, pero este me vino de repente tras llevar un rato pensando en el sueño. El sueño plasmaba en una imágen lo que había pasado: el enfrentamiento pasado con esta chica me había violentado un poco, pero me había sentado bien, y ahora venía otra etapa en la relación. El segundo sueño no lo recuerdo en absoluto.

Qué tiene esto que ver con la defecación de mi perro?. Una de las conclusiones más maravillosas e inquietantes de la lectura del libro es la de que, por debajo del caos, del sin sentido evidente de la vida, tal como la percibimos habitualmente, existe un orden que a veces se manifiesta en esos nudos singulares que son la sincronicidad, nudos que nos dan un significado sobre algo importante en nuestras vidas, que nos los señalan, y que suponen una pauta en medio el caos, un orden proveniente de otra dimensión que habitualmente no percibimos, enfrascados en las dimensiones mundanas de la X, la Y, la Z y la hora de llegar al trabajo, que ya ye tarde y no llego. Acelera. Tal vez mi perro se paró a defecar sin más, sin ninguna causa, en medio de la acera, porque se impuso un criterio, un significado, una señal: la cagué.

Este podría no ser un suceso de sincronicidad, aunque no son los únicos sucesos que en estos últimos días o semanas me han llevado en esa significante dirección sobre esa persona. Lo fuera o no, para mí lo es pues tiene sentido en mi vida. Ahora la vida me llama al orden y con él a tomar algún tipo de actitud, o alguna decisión, para con respecto a esta chica o para con respecto a situaciones parecidas que pudieran volver a darse.

Noviembre 25, 2007

El orfanato (2007) de Juan Antonio Bayona

Archivado en: Cine, Filosofía, Sueños — by elasturianu @ 9:02 pm

Acabo de salir del cine de ver el Orfanato y he quedado muy contento. Es un modelo de película de terror, y si bien tal vez no sea una obra maestra, sí es una estupenda película que creo que va a ser enviada a competir por España a los Oscars. No sé si habrá sido un error, porque no creo recordar muchos oscars de películas de terror en estos últimos años, claro que perfectamente podría equivocarme.

Los exteriores están rodados en una zona de la costa del concejo de Llanes que visité, llamada creo recordar Bufones, pues el mar se mete por el interior de la costa a causa de las cuevas que ha escavado y en algunos sitios salta en vertical cuando la marea está alta, al modo de los geiseres, de tal manera que “bufa” (es decir, se tira sus buenos pedos). La casa o pequeña mansión antigua donde transcurre la arquetípica narración de casa encantada es muy común en Asturias, pero juraría que es una del barrio de Jove/Xove en Gijón/Xixón, así que me tengo que dar una vuelta por la zona con mi perro, ahora que tengo fresca en la memoria esta película.

El guión es casi modélico y la filmación es más bien propia del cine moderno actual donde la cámara se acerca al movimiento físico y mental del personaje asustado para contagiarnos su emoción y su angustia, y quizás esto sea lo que menos me gusta porque tengo predilección por escenas donde pesonaje moviéndose y fondo son la misma cosa, como un cuadro. El género es de terror clásico. Y la historia se entiende muy bien si pensamos en las relaciones entre al arte del cine y lo que también constituye un arte, el onírico, que todas las noches nos regala una historia a descifrar, o nos atormenta hasta que la desciframos. Terror y pesadilla vienen a ser narrativamente lo mismo.

Podría inventar una nueva teoría, la del cine y la cebolla, porque el buen cine tiene, como este tubérculo, muchas capas de significado, pero esto ya se ha dicho. También se ha dicho, y si no lo digo yo, que la interpretación onírica es a menudo multivalente, es decir, pueden interpretarse muchas cosas sin que sean contradictorias o erróneas. Tanto es así que según salgo del cine mi madre me hizo una interpretación perfectamente plausible, diferente a la mía.

Mi opinión es que la vida de Belén Rueda se bifurca de lo que iba a ser su vida en un orfanato cuando alguien va y la adopta. Pero esa vida no es anulada por el tiempo, sino que vuelve a ella cuando regresa a la vieja casa. Dicho de otro modo, lo que yace olvidado o dormido en el inconsciente pugna por regresar al conocimiento diurno, pide ser interpretado y comprendido, y por supuesto vivido, tanto que el destino de Belén Rueda cambia por completo (las mareas del inconsciente son peligrosamente subyugantes, fijémonos si no y por ejemplo en todos esos iluminados que, subyugados por el arquetipo del mesías liberador, creen ser la nueva reencarnación de Jesús). Como decía Jung (mencionado en la película de manera bastante incomprensible para los que lo desconocen) todo lo que no es vivido plentamente está condenado a vivirse, se quiera o no, en forma de destino.

Por lo demás, este es el anverso de la historia de Peter Pan. Aquí, Belén Rueda lo mismo que el personaje de Robin Williams ha de volver a creer en las cosas absurdas para el adulto, pero reales para los niños, que están más cerca de la fantasía que surge del inconsciente y que se plasma en el juego narrativo infantil. ¡Vaya mal que me expreso! (pero ahí está, toma ya).

Septiembre 25, 2007

El camino de los sueños (2001) de David Lynch

Archivado en: Cine, Filosofía, Sueños — by elasturianu @ 1:42 pm

Como algunos tenemos comprobado, los sueños de las personas no son siempre exclusivamente indiviudales sino que a veces contienen imágenes colectivas a todos los hombres de todos los tiempos. La más conocida por su título original, Mulholland Drive, plasma en clima inquietante antes que terrorífico muchas de estas imágenes: la bruja, los antropomorfos que habitan en lugares bajo tierra o escondidos, los ancianos bondadosos, las sonrisas desencajadas, las persecuciones, las copias de uno mismo, y otras imágenes.

Uno de estas otras es el lugar de la muerte, que en la película es un lugar donde no existe nada o lo que existe es falso, todo es silencio, y cuya ambientación es de un rojo oscuro, apagado y con sombras, misterioso e inquietante, en un escenario de teatro.

En un sueño que apenas recuerdo, también mi inconsciente me llevó a un escenario similar. Estaba yo absolutamente solo, sentado en la primera butaca ante un escenario, el cual estaba bajo tierra. Creo que había una tecnología escondida en el edificio donde estaba dicho escenario. Este no lo recuerdo bien, creo que era algo parecido a una pantalla de cine pero la pantalla era una pared, y su color era el mismo rojo que en la película, quizás algo menos oscuro y más chillón, sin sombras, y que me producía más que terror, muchísima inquietud. Permanecí allí una eternidad, como esperando que ocurriera algo, y no ocurrió nada.

También son habituales en mis sueños pretéritos los antropomorfos. Yo los llamo así: seres con figura de hombre pero cercanos al animal por su apariencia o su comportamiento. Suelen ser peludos de cuerpo entero y de un color habitual en los animales: oscuro, marrón o negro. Lentos de movimiento, como zombis, y me persiguen o nos persiguen. Son mortales: en uno de mis sueños nos mataban uno a uno nada más tocarnos por la espalda. Son hombres que salen del interior de la tierra o de cualquier lugar inferior o escondido; a otras personas les esperan en una cueva, y son osos o directamente animales.

La interpretación no es tan difícil: podemos verlos como algunas de nuestras cualidades humanas que permanecen aletargadas o inconscientes, bien porque son reprimidas o porque nos son desconocidas. Por eso habitan en lugares bajos o nocturnos y caminan con dificultad o son como bestias casi humanas en vez de plenamente humanas: necesitan hacerse humanas, es decir, conscientes. Y para eso nos persiguen, para que aceptemos que existen, de hecho en muchos sueños por ejemplo que me han relatado, son seres mortales pero una vez nos alcanzan no nos hacen nada, porque sólo quieren hacerse reconocibles a nuestros ojos. A mí solían atacarme por la espalda, como para expresar que nos atacan por donde más indefensos estamos. Y una cosa muy común: huímos o nos escondemos de ellas, pero siempre nos descubren. Esto quiere decir obviamente que se han convertido en nuestros miedos, de los cuales huímos, escondiéndonos o dándoles la espalda como si no existieran, pero siempre acaban alcanzándonos. Yo por ejemplo me solía esconder de estas u otras figuras en lugares inverosímiles como en el interior de las paredes, porque para no enfrentarme a mis miedos me comporto de manera rara, antinatura, y no servía ni sirve de nada.

Bueno, no creo que adelante nada de la trama si digo que en ese momento en que las chicas ven la representación me quedó claro cuál de ellas dos era la que estaba soñando.

La película está llena de personajes que hacen cosas raras e inesperadas, cargadas de significado, lo mismo que en los sueños. Personajes que desaparecen sin más. Situaciones cómicas pero sórdidas. Objetos peculiares y misterioros. Y sorpresas, muchas sorpresas. Además es una película de intriga, exactamente igual que muchos de nuestros sueños, donde el inconsciente nos invita a averiguar el significado de su relato a través de la intriga de la trama que un personaje del sueño ha de resolver. El cine y los sueños se pareen mucho.

Pero quizás lo mejor de la película es que alguien que no esté entrenado en la interpretación de los sueños, en la de los suyos propios, alguien por ejemplo que piense que sus sueños son tonterías, viendo esta película y antes de que la chica despierte ya puede intuir o deducir qué es lo que le va a pasar en la vida real, es decir, cuál es el significado del sueño. Y si no alcanza a intuirlo, al menos se dará cuenta de cómo el incosciente construye el contenido de los sueños gracias a la maestría de la narración de David Lynch, quien ha hilado las tramas tal como nuestro generador de sueños hace cuando no estamos pensando en nada, por ejemplo mientras dormimos. Es decir, Lynch y nuestro inconsciente se anticipan a las cosas que vamos a pensar, a las que nos pueden suceder si seguimos con esta persona o con esta actitud, y nos introducen estas cosas alterándolas hasta construír las figuras habituales de la literatura o el cine como son la metáfora, la alegoría o el símil, e incluso siendo capaces de hilar una compleja historia digna del genio de un Shakespeare. Para mí es algo tremendamente asombroso como algo que parte de la simple evolución a animal se ha convertido en un ser artístico tan genial y creativo como nuestro incosciente, capaz de darnos lecciones morales sobre nuestras vidas. ¿Y cómo puede haber gente que, después de ver esta cinta o Fresas Salvajes, o Recuerda de Hitchcock, o tantas otras, piense que los sueños son tonterías sin sentido o al menos sin significado?. Supongo que acabarán soñando con la figura de Einstein persiguiéndolos hasta que les alcance por la espalda.

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