Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Octubre 30, 2008

El corazón de las tinieblas, y El hombre duplicado

Archivado en: Cine, Lecturas — by elasturianu @ 4:34 pm

El corazón de las tinieblas arranca en la cubierta de un barco anclado a la orilla del Támesis, Marlow se sienta y comienza a hablar de su viaje río a través hasta el interior del África conlonial. En este periplo que debería de estar lleno de aventuras, sin embargo Marlow oye hablar una y otra vez de un tal Kurtz, que trabaja para su misma compañía. Todo el mundo está fascinado por Kurtz, blancos civilizados y negros salvajes, quienes lo idolatran como a un dios. Kurtz ha de ser un hombre extraordinario y con profundo conocimiento de la vida, y Marlow quedará eclipsado por su personalidad mucho antes de conocerle, y mucho después de dejarle.

Los siguientes dos primeros extractos son de El corazón de las tinieblas:

“…La vida es algo gracioso, ese acuerdo curioso de la lógica despiadada por un propósito fútil. Lo más que se puede esperar de ella es un poco de conocimiento de uno mismo, que llega muy tarde, y una cosecha de remordimientos que no se extinguen. He luchado a brazo partido contra la muerte. Es el torneo menos emocionante que podáis imaginar. Tiene lugar en una tristeza impalpable, sin nada por debajo de los pies, sin nada alrededor, sin espectadores, sin clamor, sin gloria, sin el gran deseo de victoria, sin el gran miedo a la derrota, en una atmósfera enfermiza de escepticismo tibio, sin demasiada fe en tu propio derecho, y todavía menos en el de tu adversario. Si esa es la forma de la sabiduría final, entonces la vida es un enigma mayor de lo que algunos de nosotros pensamos. Estuve a la distancia de la achura de un pelo de la última oportunidad para pronunciarme, y descubrí con humillación que probablemente no tendría nada que decir. Ésta es la razón por la que afirmo que Kurtz era un hombre extraordinario. Él tenía algo que decir. Lo dijo. Desde que yo mismo me había asomado al abismo, comprendo mejor el significado de su mirada, que no podía ver la llama de la vela, pero era lo suficientemente amplia para abrazar el universo entero, suficientemente penetrante para atravesar todos los corazones que laten en las tinieblas…”

Con el extracto vemos enseguida ni una sola palabra sobra, porque todas ellas juntas agitan esos corazones que laten en las tinieblas, preguntándoles si viven para algo, o solo para morir, y preguntándoles también si tienen algo que decir a los demás.

“…qizás toda la sabiduría, y toda la verdad, y toda la sinceridad, están comprimidas en un instante inapreciable del tiempo en el que atravesamos el umbral de lo invisible…”

La vida, el conocimiento y la muerte. Pero la virtud de este libro y de este autor, la de traernos una reflexión muy importante, quizás la más importante de todas, y de hacerlo con elegancia, también viene peguada a su mayor defecto. Este es el de de una lectura densa, guiada por un monólogo incansable. El corazón de las tinieblas contiene reflexión y sólo reflexión. La reflexión es un torrente que no descansa, no hay puntos y apartes donde dejar la lectura para la mañana siguiente, y vale más no leer de noche, antes de apagar la luz, porque lo cansado que estamos puede llevarnos a despreciarla o a tomarla por aburrida.

Alguien que haya leído El hombre duplicado, de José Saramago, pensará que tal vez se parezcan. Nada más lejos de la realidad. En este estupendísimo libro, Saramago también regala escasos puntos y aparte, pero no marea con los diálogos -tampoco Konratz lo hace mucho-, y lo más importante, hay una acción clara e interesante que nos ancla en el personaje y en la historia. Y la historia de Saramago es de lo más intereante: un hombre aburrido, maestro de historia en una ciudad anónima, descubre viendo una película que tiene un doble exacto a él. Misma cara, mismos lunares. Su vida cambia en ese instante, como si fuera un motor que arranca a trompicones y pide guerra, después de haberse pasado diez años en el garaje. Motores así no existen, y tampoco hombres duplicados. Y esa es la reflexión que Saramago transmite a través de esta historia paradójica, y no a través del verbo y del lenguaje: ¿qué somos, si ya no somos únicos?.

Respecto a El corazón de las tinieblas, otras páginas os pueden dar una visión más amplia que toca los aspectos:

- El corazón de las tinieblas, la colonización y los derechos humanos.
http://www.caam.net/es/exposiciones/b11/2004/ex_tinieblas.htm

- El corazón de las tinieblas, y su adpatación cinematográfica más famosa: Apocalypse Now, película mítica de Francis F. Coppola.
http://www.espacioblog.com/thecornerbookshop/post/2006/05/04/un-viaje-el-corazon-las-tinieblas

Octubre 21, 2008

Dopaje intelectual y bioética

Archivado en: Ciencia, Filosofía, Lecturas, Sociedad — by elasturianu @ 12:21 pm

En la prensa de hoy (El País, 21 de Octubre del 2009), Mónica L. Ferrado firma un artículo sobre el dopaje intelectual dentro del mundo científico. Estamos acostumbrados a la competencia desleal en el deporte, pero no sabíamos que el mundo de los investigadores científicos fuera tan competitivo. Voy a publicar algunos extractos que harán una idea del tema y que darán lugar a algunas reflexiones por mi parte.

Por ejemplo, el subtítulo dice: “Los fármacos destinados a mejorar las aptitudes cognitivas en ancianos y mayores también caen en manos de científicos. Un 20% reconoce que se dopa”. Esto puede alertar sobre la magnitud del hasta ahora desconocido dopaje intelectual, pero además a mí me da que pensar lo siguiente: ¿es lo mismo tomarse un medicamento o una droga para paliar un dolor, controlar una enfermedad o una patología, o prevenir una enfermedad futura, que usar esos mismos tipos de sustancias por capricho intelectual?.

“…En una sociedad en la que la inteligencia es un valor, ¿qué implicaciones puede tener?…Si se reconoce valor a obras de artistas creadas bajo la influencia de drogas, ¿por qué no potenciar habilidades cognitivas como la concentración, la memoria o la vigilia para rendir más?. Si se viene consumiendo café o haciendo yoga para mejorar estas habilidades, ¿por qué censurar un posible fármaco que ayudase a rendir más?…”.

En estas líneas anteriores la autora del artículo examina algunos de los argumentos más interesantes de quienes, dentro del mundo científico, apuestan por no poner trabas al autodopaje. Pienso que siempre hay que mirar con dos ojos las argumentaciones de los tuyos, y con tres o cuatros las de tus adversarios. Por ejemplo, admitir validez moral a este argumento supondría, entre otras cosas, que: como en algunos casos vale o valió, entonces vale siempre. Sobre todo vale para lo que a mí me interesa.

Se trata de una política de hechos consumados que todo lo justifica, una argumentación fácil que pasa a crear una jurisprudencia moral de posibles consecuencias fatales, ramificadas en un árbol de problemas éticos sin límites en su extensión y en su duración. Supone además abrir la caja de pandora, una caja compuesta de un número inconmesurable de extractos históricos que validarán cualquier cosa que queramos hacer, cualquier ley que queramos aprobar.

Por ejemplo, es uno de los argumentos utilizados para defender los alimentos transgénicos. Como el hombre siempre ha manipulado por medio de selección y cruce las características genéticas de plantas y animales, y nos ha ido bien, también podemos hacer lo mismo, y más rápido, y mejor, cambiando inmediatamente y directamente los genes de las especies que nos interesa, entre ellas los nuestros. Estoy a favor de hacerlo en casos extremos donde haya urgencias o emergencias, o para producir fármacos o curar enfermedades, pero otra cosa es generar niños más guapos o más inteligentes.

Alerto de que existe por parte de los cradores de opinión una intención deliberada de tapar o confundir con un argumento -medio verdadero, medio falso- un motivo oculto, que es el de hacer dinero sin importar consecuencias ecológicas o laborales. ¿Qué mejor argumento que una verdad a medias?. Habría que prevenir sobre este modo de pensar, el cual los científicos nos cuelan continuamente, junto con otros muchos divulgadores de la ciencia como Eduard Punset, creando una opinión pública favorable a que se investigue todo sin dirección ni límites. Tal vez estaría dispuesto a que no hubiera límites a la investigación científica, porque nunca se sabe de dónde puede salir una nueva utilidad médica o tecnológica, pero estoy en contra de que los descubrimientos y avances puedan aplicarse a todo. En un mundo donde al menos el 75% de la investigación científica está en manos privadas -si usamos EE.UU. como referente-, ese todo significa todo lo que de dinero a los magnates de farmacéuticas y transnacionales de los transgénicos, sin contar con que el que la investigación esté en manos de la administración pública tampoco asegura la ética de sus aplicaciones, y veáse si no la venta de armas a países donde no se respetan los derechos humanos.

Los hechos históricos son hechos consumados, y si, por ejemplo, gracias a la tecnología militar apareció internet, sólo cabe decir que no hay bien que por mal no venga, al revés que el refranero popular. Siempre se puede encontrar maneras éticas de investigar. Por ejemplo la medicina se desarrolló durante siglos a golpe de herramientas como la sierra en medio de las campañas militares, y esa necesidad de ser crueles con nosotros mismos ha llevado a que la presión de colectivos con conciencia hicieran las luces de cierto científico investigador, que empezó a cruzar ratas en el laboratorio y dio con un modelo de rata blanca que a efectos prácticos funciona fisiológicamente y mentalmente como el hombre. Gracias a eso ya no necesitamos probarlo todo en nosotros antes de extenderlo como bien social. Cuando algo se hace mal, siempre hay un remedio, no vamos a seguir haciéndolo siempre mal, y no deberíamos dejar que nos vendan la moto para hacer siempre lo que les reporta beneficio económico, satisfaciendo así su compulsiva instatisfacción hedonística.

El artículo continúa: “… si se admite la cirugía estética, ¿por qué no la psiquiatría estética?… “Es como el maquillaje, hay quien lo querrá utilizar para seducir intelectualmente o quien quiera tapar sus errores”, afirma Antoni Bulbena, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital del Mar de Barcelona.”

Tal vez nos hayamos acostumbrado tanto a la cultura de la belleza que nos hemos olvidado de que hemos de asumir ser cómo somos y asumir también, entre otras cosas, la vejez. Como sigamos en esta línea caprichosa, la humanidad pronto no estará preparada para afrontar las dificultades. Por ejemplo, un aumento repentino de las aguas provocaría millones y millones de muertos, sin contar las guerras, que a diferencia de las acutales, esta vez sí serían necesarias pora asegurar los recursos que empezarían a escasear. ¿Puede una sociedad de ególatras bien criados y consentidos sobrevivir en un mundo donde las leyes éticas como la ley de la vida pasarían a ser secundarias?. Pues sabido es que los principios morales sólo funcionan cuando las necesidades básicas se hallan cubiertas. Lógicamente, los habitantes del tercer mundo y los inmigrantes lograrán imponerse, y merecidamente, a esta sociedad de hermosísimos tontos, que comentamos con pasión las vicisitudes de la princesa mientras compramos en la carnicería, o si Raúl ha de volver a la selección mientras tomamos el vermut en el bar.

Las siguientes líneas extraídas de este artículo van en esta línea, y hablan de esos “potenciadores intelectuales”, que ya no son ciencia-ficción sino una realidad sobre la que reflexionar y debatir, y sirven para finalizar este discurso bioético. Y es que, como decía una viejecita de ciento un años mientras sudaba diez quilómetros en su bicicleta estática, “si no duele no vale”.

“…El yoga puede ser un buen entrenamiento mental para incrementar el rendimiento y nadie lo critica, quizá porque requiere un esfuerzo. Sin embargo, parece que el uso de potenciadores hace desaparecer ese componente de esfuerzo.”

Bueno, reconozco que cuando me pongo serio me vuelvo aburrido, pero finalizo ya. Antes, invito a todos los que os interese la bioética a pasarse a las lecturas de ciencia-ficción, donde se reflexiona a menudo sobre sociedades que ya no son tan futuras, donde la población se halla dividida en guapos y feos, listos y tontos, superdutados y acomplejados, donde la sociedad es perfecta y no da lugar al cambio, o donde los robots nos lo hacen todo y no necesitamos mover el culo para nada.

Octubre 12, 2008

Galaxias como granos de arena (1960) de Brian Aldiss

Archivado en: Lecturas — by elasturianu @ 5:28 pm

Se trata de una colección de relatos cortos de ciencia-ficción. Este es un género al que fuí adicto y al que le debo mi pasión por la lectura. No es la mejor colección que he leído, pero merece la pena reseñarse reflexiones como la siguiente:

El tiempo -como un elemento que puede ser sólido, líquido o gaseoso- tiene tres estados. En el presente es un flujo insasible. En el futuro es una bruma turbia. En el pasado es una sustancia sólida y vidriosa; entonces lo llamamos historia. Entonces no puede mostrarnos nada salvo nuestro rostro solemne.

Yo diría que la historia nos muestra pocas veces nuestro rostro solemne, y muchas más nuestro rostro miserable o desquiciado. En el siguiente extracto, Aldiss describe claramente la figura de un gobernante sabio, de esos que la historia da pocos ejemplos y el presente ninguno, por eso se han convertido en personajes de ciencia-ficción:

Era un hombre pálido, vestido austeramente de satén oscuro. Estaba reclinado en un diván. Sus rasgos eran desleídos, pero sus ojos trasuntaban una gran inteligencia; su voz era aflautada. Aunque su pose sugería sopor, erguía la cabeza en una actitud alerta que no escapó a tu atención.

Os examinó sin prisa, sopesando a cada miembro del grupo, y al fin te interpeló como si fueras el líder.

-Bárbaros -dijo sin más preámbulos-, con la locura de vuestros actos habéis sembrado estragos.

Junio 16, 2008

Lo que Nalda decía (1999) de Stuart David

Archivado en: Filosofía, Lecturas, Psicología — by elasturianu @ 4:17 pm

Esta es una emotiva novela que se lee con rapidez e interés. Su protagonista es portador de un secreto que pone en peligro su vida y que le obliga a desconfiar de toda persona que conoce y a vivir retraidamente, viviendo una vida insatisfecha en las esferas del amor, la amistad, el trabajo o el hogar.

Con un personaje de tanto potencial dramático y hasta trágico, se desarrolla una especie de cuento de hadas con final especial en el que el lector ve reflejados de alguna manera sus propios miedos y lo poco que a veces cuesta expulsarlos del interior.

Después de muchos meses de masticar novelas incomestibles o con desarrollos lentos -ninguna de las cuales logro acabar-, finalmente me he encontrado con una de esas pequeñas obras desconocidas que te desnuda y ante la que no vale cerrar las páginas y pasar a otra.

Junio 2, 2008

Guía del autoestopista galáctico (2005) de Garth Jennings

Archivado en: Cine, Filosofía, Lecturas, Sociedad — by elasturianu @ 11:42 pm

La función más admitida de la literatura de ciencia ficción es la de que es un género encargado de trasladar al futuro o al espacio profundo las preguntas, inquietudes y problemas del hombre actual. Cuando es el hombre universal el que es lanzado al hiperespacio o sumergido en las leyes de la robótica, estamos ante obras maestras como las de Isaac Asimov en la literatura, o Stanley Kubrick en el cine.

Esta es una película menor que responde a esta función básica del género. En ella vemos caricaturizados a personajes que son las tristes directrices del mundo que nos está tocando vivir, como son el capitalista o el presidente estúpido, marioneta ridícula que representa exactamente a dos de los presidentes en los que casi todos pensamos al instante. Es por tanto una cinta con un aceptable contenido social que sin embargo no llega a ser, para nada, peligroso o subversivo. También ironiza sobre las preguntas fundamentales del hombre, restándoles importancia.

Sus diálogos y situaciones son tan ingeniosos como improbables, y el espectador se sienta en el sofá con interés y carcajadas y una cierta admiración por el guionista. Pero conforme nos adentramos en la parte final la aventura hiperespacial pierde fuelle, es decir deja de interesarnos, quedando en pie algún gag estupendo, como el que les sucede a los personajes cuando les da por tener ideas.

Algunos momentos de humor son la lucha de los personajes contra la burocracia estelar, que parece ser algo universal, literalmente hablando, o la decisión interplanetaria de construir una autopista galáctica que pasa directamente por el hogar del protagonista.

Como cinta con cierta crítica social pero que finalmente sólo consigue divertir, acaba siendo la película perfecta para ver juntos los padres y los hijos. Divierte a la vez que despierta cierto espíritu crítico, que nunca está de más iniciarlo bien temprano.

Febrero 10, 2008

El caballero del Templo (2006) de José Luis Corral

Archivado en: Cine, Historia, Lecturas — by elasturianu @ 7:01 pm

Una novela del autor de Numancia que gravita también sobre los mismos defectos y virtudes. Jaime de Castellnou es un noble que vive huérfano en el castillo del señor al que su padre rendía vasallaje, en el reino de Aragón a finales del siglo XIII. El noble le explica que su padre era un caballero templario y que esperaba que en el momento oportuno, él también lo fuera. Jaime acepta su destino, que parece estar marcado por un secreto que, sin embargo, a lo largo de la novela se señala varias veces pero que queda sin resolver, no de una manera abierta como tanto me gusta a mí (un clásico final abierto frente al típico final cerrado), sino obviándolo como si nunca se hubieran dado pistas ni puesto espectativas.

Este no es el único de los defectos de esta novela, que repite los mismos que Numancia. Por ejemplo los personajes se contradicen a sí mismos, perdiendo verosimilitud el retrato de los personajes y el discurrir de la trama, puesto que para que un personaje actúe de cierta manera ha de cambiar de opinión. En teatro y cine a esto se le llama -creo recordar- la mano de dios, deus machina o algo así, haciendo referencia a que cuando algo es insalvable se baja el telón y dios actúa para colocarlo todo de nuevo en su sitio. Algunas películas utilizan magistralmente este método, pero lo hacen con conocimiento y maestría, resultando un hecho misterioso. Entre ellas, está una de Marcel Carné que no recuerdo su título.

Los personajes son el punto flaco de Corral. Son planos desde el principio, el narrador describe sus sentimientos pero no se les ve sentir ni sufrir a lo largo de su trayectoria, a través de las cosas que les pasan y de las cosas que hacen, o de las decisiones que toman. El mismo personaje que entra, sale, y el mismo celtíbero de Numancia es aquí Jaime de Castelnou. No existe ni siquiera un arco de transformación con el que este se enriquezca, adquiera matices, ambigüedades, rugosidad, dudas y arrugas.

Aunque parezca una mala novela por lo que estoy diciendo, no lo es en absoluto. Eso es lo extraño de este escritor, que es profesor de historia. El resultado de la suma de sus defectos como escritor es un conjunto de novelas que se leen con más pasión que otras más coherentes y mejor redactadas.

Por ejemplo entre sus virtudes es la de que sus novelas se convierten en los mejores libros de historia. En vez de leer un aburrido libro docente, leemos una novela y adquirimos el conocimiento general que nos hubiera costado bastante de otra manera, y sabiendo que no nos han vendido gato por liebre como se hizo a raíz de El código DaVinci. Dan Brown dejó claro que su famoso libro no era una novela histórica sino un simple libro de ficción, ficción histórica o ficción política. Sin embargo, ha surgido una nueva religión que trata de buscar la verdad sobre el código da vinci, cuando poco hay de verdad y mucho de leyenda, por más que esta leyenda sea la mar de interesante. Aquí lo que se dice es lo que pasó, y precisamente esta novela deja bien claro quienes fueron los templarios y qué era realmente ese famosos tesoro, o porqué la iglesia los exterminó.

Además sus personajes tienen algunas virtudes como que son activos. Toman decisiones y actúan, aunque a veces no se sepa bien las motivaciones de sus cambios de opinión. De esta manera, la novela siempre avanza y la lectura es amena, nunca se estanca en sentimientos o descripciones, y por momentos aparece apreciables dosis de tensión.

Enero 22, 2008

Espejos, diarrea y sincronicidad

Archivado en: Filosofía, Lecturas, Sueños — by elasturianu @ 2:03 am

Desde los primeros días en que adopté a mi perro, le enseñé a hacer sus necesidades en los prados. No quería que lo hiciera ni en casa (por supuesto) ni en el medio de la acera, por las molestias evidentes que ocasiona a cualquier vecino, y la evidente falta de educación que supone. Así mismo le enseñé a no mear en las ruedas de los coches, en los portales o en cualquier pared que parezca más o menos decente. Estas reglas no son límites infranqueables. Hay paredes y paredes, hay necesidades perentorias, y las diarreas se ríen a su manera de la disciplina humana y de la sociedad cívica. Pero es una norma que más o menos mi amiguito sigue.

Una de esas ocasionales veces en que no la siguió fue esta noche. Iba tan pachu por la acera y de repente va y lo hace al lado de un árbol. Normalmente cuando defeca en la acera elige el mal menor, ese que castigo menos, o tolero más, que es el de hacerlo en el territorio que abarca o rodea algún arbol de los que salpican regularmente las aceras.

Bueno, esta vez no hubo necesidad perentoria. Normalmente cuando tiene muchas ganas, se pone muy nervioso: le cuesta respetar el límite que le impongo de esperar por mí en las esquinas, puesto que yo suelo ir más despacio, y también en casa me llora para que lo saque, cosa que sabe que no me gusta. Esta vez no hubo nada de eso, iba panchu, tranquilo, sin prisas. Ni siquiera estaba nervioso, cosa que sería lo normal pues mi perro es un manojo de nervios cuando sale a la calle. Tampoco estaba especialmente agobiado por salir y por tanto no estaba resquemao conmigo por tardar en sacarle. Es verdad que como siempre me demoré en sacarle en el turno de noche, entre la cena y la lectura, pero ya le había sacado dos veces por la mañana y otra por la tarde, en total unas dos horas.

A veces tengo el día malo y me enfado de la manera que no hay que enfadarse, es decir con cólera. Esta vez no fue así, me enfadé con él a lo máximo con estupor e indignación. Le reñí sin elevar la voz, y con un tono no demasiado severo, de tal manera que si había algo de cólera o ira en mi interior no la dejara salir. Al fin y al cabo, cuando existe eso es que uno no está equilibrado, y para que negarlo yo no soy la persona más perfecta del mundo, prefiero pensar que soy bastante imperfecta porque eso se acerca mucho a la dura realidad.
Había otras razones para no enfadarse mucho con él. Entre ellas que el enfado o el castigo ha de ser proporcional a la regla que se ha roto. Él hace a veces cosas peores. Simplemente le reñí. Pero lo curioso es que, como muchas otras veces, aceptó la regañina pero no se la tomó muy en serio. No mostraba prisa por salir del lugar y momento en el que yo le regañaba, no me atendía, y se dedicaba a mirar para aquí y para allá, buscando cualquier movimiento que, como tal, es más interesante que la inactividad a la que se ven obligados y agobiados los perros en las cuatro paredes en que los encerramos egoístamente los habitantes de la moderna y ajetreada ciudad.

En los casos en los que el perro no acata la regañina más que de un modo formal, como este, procuro encontrar una manera de que el castigo le fastidie más, pues de lo contrario el suceso volvería a repetirse. Esta vez alargué el castigo, que consiste en quedarse quieto un rato.

Pero además empecé a pensar que no entendía su comportamiento. Es verdad que en comparación con otras personas comprendo bastante bien el comportamiento de los perros y en concreto del mío; opino que se debe sobre todo a que otras personas prefieren no comprenderlo para no verse avergonzados por no atender moralmente las necesidades básicas sociales de sus perros, lo cual supondría importantes sacrificios morales y de tiempo. Pero también es verdad que a veces no le comprendo, y algunos comportamientos concretos de mi perro, no los entiendo todavía, después de siete años de convivencia.

Uno de mis pensamientos preferidos, también uno de mis debates preferidos con mis amigos, es el que salió entonces de mi cerebro, y es el de que la mente animal es sumamente compleja. El hombre moderno que se cree tan complejo y tan racional no suele ver lo evidente, y es que la mente y el comportamiento animal son casi tan complejos como el hombre y esto les hace tan imprevisibles como él. Es más, esto puede encararse de otra manera, y es que la complejidad del hombre no es una característica o una consecuencia específica de su naturaleza, superior a la del perro o a la de los otros animales superiores, sino que es simplemente una consecuencia intrínseca de la naturaleza animal de su mente. Somos complejos e imprevisibles porque somos animales, no porque seamos humanos.

En efecto, cada vez que algún científico divulgador escribe o habla sobre lo que nos diferencia de los animales, yo pienso en su ingenuidad de científico, porque todas esas cosas que dicen específicas del hombre muchas veces las veo yo en los perros, o me encuentro otros estudios científicos que las han comprobado en mamíferos superiores, o escucho relatos sobre perros que precisamente rebaten estas observaciones. Y cuando no he encontrado un caso animal que rebata tal supuesta diferencia, al menos no estoy seguro de poder probar que no exista la misma característica compleja en el animal que en el hombre, solo que permanece oculta; uno no sabe lo que pasa por la mente del perro porque este no puede hablar castellano para decirnos lo que piensa. Y aunque la capacidad de comunicación del animal es asombrosa, la verdad es que si pudiera pensar sobre el cuadrado de la hipotenusa o sobre el sexo de los ángeles, tampoco podría hablar con nosotros de ello ni en inglés ni en chino mandarín.

Por ejemplo el más clásico y tonto de tales criterios científicos es el de que los hombres somos los únicos animales con conciencia, es decir, con conciencia de su identidad personal. La prueba es que se pone a un animal ante un espejo y no se identifica en él. Por ejemplo se pone a un chimpancé dormido un gorro en la cabeza y se le despierta mientras se halla ante un espejo. En ese momento, que lleve su mano al espejo y no a su gorro al parecer demuestra que no es consciente de que la imágen que percibe en el espejo es la suya, y piensa que es la de otro mono.

Si bien es cierto que algunos chimpancés se dan cuenta, y para el etólogo eso prueba que son chimpancés muy inteligentes, la mayoría de los monos y el resto de los animales no pasan el examen del espejo. Si a un perro le pones ante un espejo, se sorprende y se alerta, ladra al espejo. Eso prueba al parecer que el perro es tonto, o que no tiene conciencia. Yo diría más bien que prueba lo tonto que es a veces el hombre. Para mí es más inteligente aquel paisano perdido de la estepa siberiana que cuando se le murió su caballo o su perro lo enterró como a un hijo, porque para él formaba parte de la familia (puede verse en uno de esos documentales de Odisea), mientras le enseñaba a su hijo que los animales son tan importantes como ellos, y que tienen alma.

Un perro tiene su sentido principal de identificación en el olfato y no en la vista, es decir, para identificar algo echa primero mano del olfato, luego del oído y sólo más tarde de la vista. Yo diría que el gusto es incluso más importante que la vista. Es natural que actúe así, porque su vista es bastante diferente de la nuestra. Detectan mejor el movimiento que nosotros, como buenos cazadores que son, pero sólo perciben algunos colores. Eso hace que para identificarnos o para comprender qué estado emocional esta detrás de este gesto o aquel que hacemos, necesiten acercarse más a nosotros, y prefieren no obstante acercarse y olernos. Puedo constatar que mi perro muchas veces no entiende por qué le digo esto o me comporto de esta manera, pero en esos casos toma decisiones, es decir llega a una solución provisional a ver si funciona, y suele ser traerme la pelota por si lo que quiero decirle es que tengo ganas de jugar, que al fin y al cabo es lo que él suele querer mientras se aburre en casa. También suele ser que pase de mí, ¿no es esto una actitud muy inteligente?.

Una vez un compañero del trabajo me contó que cuando su perra era pequeña y pasaba ante un espejo, como puede ser el cristal de algún portal que, por la oscuridad interior, se convierte en un semiespejo, empezaba a ladrar y a ponerse nerviosa y agresiva. Ese comportamiento es normal, porque el perro no entiende como hay un perro enfrente y no desprende el olor que debería de desprender, tiene una imágen de un perro de frente y no es un perro. Inicialmente para nuestros amigos los perros, esto es un hecho paranormal, sobrenatural, y se comportan ante el como lo haríamos nosotros, con miedo, precaución, y poniéndose en la peor de las posibilidades, lo que les lleva a una actitud beligerante. Sin embargo lo que me llamó la atención es lo siguiente que me dijo este compañero: que con el tiempo dejó de hacerlo. Por primera vez me di cuenta de que tanto su perra como otros perros que suelen tener ese comportamiento ante esa situación, dejan de tenerlo. ¿Por qué? Podría ser porque se den cuenta de que es un fenómeno normal en el increíble mundo de los humanos, uno más de ese montón de fenómenos que no puedan comprender (por ejemplo, mi perro no puede comprender que ladren perros a través de un televisor, y sale a buscarlos a la terraza, pues es el único lugar donde se supone que debería de encontrar perros). Vamos, que se acostumbran.

Volviendo al comportamiento de mi perro y la regla que se saltó. No encontré explicación lógica. Además de las que ya expuse, barajé otras como que estuviera de mal humor, pero no lo estaba, o de que estuviera enfadado conmigo por alguna otra razón, pero no parecía estarlo, mi perro es muy expresivo y estaba de buen humor y tranquilo, os lo aseguro. ¿Entonces?. Me rendí y acepté la explicación más sencilla, la de que aquí el tonto era yo porque me creía capaz de entenderlo todo. La cuestión no era la complejidad de la mente del perro, sino mi ignorancia.
Pero aceptar que uno es un ignorante ya es un paso adelante. Creo que se dan pasos adelante cuando uno niega saber todas las respuestas y empieza a hacerse preguntas. Las preguntas nos impulsan hacia adelante.

Entonces ocurrió algo que pudiera ser significativo, y que me hizo recordar las interesantes conclusiones que saqué de dos libros, uno de ellos Las coincidencias necesarias. La sincronicidad en los encuentros que nos transforman.

Lo que pasó es que me crucé con una chica con la que hace tiempo me enfadé por faltarme al respeto. Esa noche y la anterior había soñado con ella, como si algo insistiera en que pensara en ella.

En ese libro se habla de la sincronicidad, la cual es una coincidencia más o menos temporal entre un acontecimiento de nuestras vidas y un estado interior, acontecimiento que no se puede explicar por la causalidad ni por la casualidad: la causalidad no lo explica porque uno de los dos hechos acontecidos, el exterior o el interior, no parece ser la causa del otro (no hay causa-efecto) y la casualidad o no lo explica o explica muy poco porque las probabilidades de que el hecho, habitualmente extraordinario, ocurra, son muy escasas.

El autor, Jean-François Vézina, pone ejemplos como el siguiente: una chica tenía ilusión porque arrancara bien su nuevo bar, al que le quería dar un ambiente temático musical, y para que funcionase invitó a la prensa a que reflejaran el acontecimiento de la inauguración, pero en la prensa le respondieron que la única manera de que se hicieran eco de tal insignificante -para ellos- acontecimiento, es que lo inaugurase un cantante famoso. Así que ella pensó en el cantante X y trató de localizarlo por todos los medios. No lo logró, pero no se deprimió porque tenía una actitud abierta ante la vida: “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. La noche anterior a la inauguración, le da por bajar a la calle a comprar no se qué, y en vez de dir andando siente la necesidad de hacerlo en coche. Así lo hace, y curiosamente delante suyo se estrella el coche el cantante X. Nada importante, pero le ayuda, se hacen amigos, le cuenta su ilusión, y éste aparece al día siguiente como estrella invitada del bar, con la prensa detrás de él. Parece un cuento de hadas, pero es un verdadero cuento de hadas, y con final feliz, algo que parece que no abunda tanto en la vida como nos gustaría a nosotros, al menos a simple vista. A lo mejor es que vamos con los ojos cerrados, en vez de ir como esta chica, con esa actitud positiva ante la vida.

En lo que a mí respecta, la primera de las noches soñé con que esa chica me cogía por los pies -yo estaba echado- y me estiraba las piernas (como uno de esos estiramientos que haces recién al despertarte), y que aunque al principio me violentaba un poco, luego me gustaba. No entendí su significado, pero este me vino de repente tras llevar un rato pensando en el sueño. El sueño plasmaba en una imágen lo que había pasado: el enfrentamiento pasado con esta chica me había violentado un poco, pero me había sentado bien, y ahora venía otra etapa en la relación. El segundo sueño no lo recuerdo en absoluto.

Qué tiene esto que ver con la defecación de mi perro?. Una de las conclusiones más maravillosas e inquietantes de la lectura del libro es la de que, por debajo del caos, del sin sentido evidente de la vida, tal como la percibimos habitualmente, existe un orden que a veces se manifiesta en esos nudos singulares que son la sincronicidad, nudos que nos dan un significado sobre algo importante en nuestras vidas, que nos los señalan, y que suponen una pauta en medio el caos, un orden proveniente de otra dimensión que habitualmente no percibimos, enfrascados en las dimensiones mundanas de la X, la Y, la Z y la hora de llegar al trabajo, que ya ye tarde y no llego. Acelera. Tal vez mi perro se paró a defecar sin más, sin ninguna causa, en medio de la acera, porque se impuso un criterio, un significado, una señal: la cagué.

Este podría no ser un suceso de sincronicidad, aunque no son los únicos sucesos que en estos últimos días o semanas me han llevado en esa significante dirección sobre esa persona. Lo fuera o no, para mí lo es pues tiene sentido en mi vida. Ahora la vida me llama al orden y con él a tomar algún tipo de actitud, o alguna decisión, para con respecto a esta chica o para con respecto a situaciones parecidas que pudieran volver a darse.

Noviembre 28, 2007

Simón el Mago (1993) de Jean-Claude Carrière

Archivado en: 11 de Septiembre, Filosofía, Guerra, Historia, Lecturas — by elasturianu @ 2:10 am

Obra literaria sobre la supuesta vida de Simón el Mago, o Simón de Samaria, personaje histórico mencionado, por ejemplo, en un evangelio apócrifo, y que aquí este escritor y guionista acerca poco a poco a la vida de Jesús, ambos contemporáneos, para comprender mejor el mensaje, supuesto, de la mítica figura que prefirió la historia. Un mensaje gnóstico que comparto, aunque el gnosticismo sea algo más enredado de lo que yo pueda aguantar.

Como era de esperar, estos dos son personajes hijos de aquel tiempo y por tanto la novela maneja divagaciones y dudas teológicas y apocalípticas que pueden echar atrás al lector. Este, sin embargo y gracias al final, puede llegar a cogerle cariño al libro. Aviso de que el final es cristiano, pero nada complaciente con el cristianismo.

Dejaré a un lado el personaje de Simón. No debería hacerlo, porque también es fascinante. Es a la vez creyente y embaucador, inteligente y muy ambiguo y sutil. Desde la perspectiva que tiene él sobre Jesús, es decir como embaucador, arroja cierta luz a los supuestos milagros del galileo, si es que se admite el que tales hechos efectivamente tuvieron lugar. Pero hablaré de Jesús, por una razón y es que ya llevo muchos años queriendo hablar de ello en la web.

Yo pongo en duda la realidad histórica de una figura arquetípica como es Cristo. El primer testimonio escrito sobre Jesús es el de Flavio Josefo, y data de unos treinta o cuarenta años -si mal no recuerdo- posterior a su muerte. Josefo habla de él como alguien que violentaba a los judíos contra sus ocupadores romanos, es decir lo que hoy Bush llamaría terrorista de Al-Quaeda (ironías: la supuesta estampa de Jesús y la de Bin Laden son odiosamente gemelas). Nadie toma en serio a Bush, salvo los americanos -y cada vez menos-, pero parece ser que los historiadores confían en Josefo, judío romanizado que había luchado él mismo a regañadientes contra el invasor, y que fue perdonado por Vespasiano, su vencedor, por predecirle que sería emperador.

Jesús es, para mí, alguien complejo. Es un arquetipo, y como tal es una imágen colectiva que pertenece a toda la humanidad, también a la que existió antes de él. Eso explica coincidencias con otros mitos como el de Isis y Osiris, o el de Lao Tse, porque como arquetipo, es un símbolo plasmado en una imágen y en una historia, que en la Biblia da lugar a cuatro tramas (una más con el Código Da-Vinci). Además de todo esto, el que este símbolo exista en la mente de todos y sea atemporal le da alguna validez moral o por lo menos psicológica, por más que estemos o no de acuerdo con lo que representa, ¿no es así?.

Además es un mito, en el sentido de leyenda falsa o de verdad reconvertida por el folklore, porque todo lo que se escribió sobre él es posterior. Los evangelios canónicos también son posteriores, circulaban por el imperio a finales del siglo primero. Los apócrifos son todavía más posteriores que los que la Iglesia admite como teológicamente verdaderos (por cierto, aún así, he leído que no los ha perseguido, simplemente los descarta).

Como figura es más humana que divina porque es muy contradictoria. A veces es violento y a veces habla de poner la otra mejilla. Por cierto que poner la otra mejilla es un regalo “divino” para el poder, que se alimenta de la pasividad de las masas. El libro de vacas, cerdos, guerras y brujas (1975, Marvin Harris), una popular autoridad en antropólogía, explica una causa histórica o etic de porqué triunfo el cristianismo, tras la represión que vivió Flavio Josefo, gracias a esa magnífica idea, complaciente con el poder, de poner la otra mejilla. Yo diría que gracias a esa idea el poder se has sustentado durante dos mil años, ¡bendita ignorancia popular!. Creo que Ghandi fue un revolucionario que sacó la mitad revolucionaria de Jesús, y la otra mitad reaccionaria se la quedó el imperio romano y la iglesia, que se alió con él.

Hay incluso una teoría que parece que ya han descartado todos los expertos, si bien en una figura tan controvertida coma esta no me fío de ninguno de ellos. Es la de que Jesús verdaderamente no existió, y es una figura inventada posteriormente. En un maldito libro que no acaba de publicarse, pero que se vende ¡por trozos! a precio regalado en la disbribuidora Anarxya de Gijón, se expone una interpretación alternativa de Jesús: Flavio Josefo escribiendo sobre Jesús, podría estar describiendo una figura legendaria ya entonces, y no exactamente histórica. No me extrañaría nada que hubiera algo de verdad en esta interpretación, puesto que los evangelios apócrifos no parecen tener nada de históricos y sí una riqueza literaria, dramática y fantástica que asombra, es mayor incluso que la de los canónicos. Por eso tengo ganas de leer de una vez, directamente, lo que escribió este judío helenizado.

No creo, empero, en esta teoría, porque siempre es más veraz y más potente una verdad distorsionada que una mentira, convertida en verdad a partir de la nada. Véase por ejemplo al PSOE, que ganó unas elecciones aliándose con la verdad de que estábamos en guerra con Irak por el petróleo, y no por la ética o por la seguridad, mientras que el PP perdió las elecciones por mantener una idea que creó de la nada, si bien no pudo resistir ni cuatro días. A ver cómo acaban los americanos en Irak, a ver si les sirve de algo ese yo arquetípico de salvadores del mundo (el mismo de Osama B.L., o del Jesús de la Iglesia)

Octubre 16, 2007

Numancia (2003) de José Luis Corrales

Archivado en: Filosofía, Historia, Lecturas, Libertad — by elasturianu @ 11:06 pm

Entre las cosas buenas que le veo a este relato es que está escrito por un historiador que no inventa nada. Es de agradecer porque a menudo se reinventa la historia, si bien esto es más habitual hoy en día con la historia reciente, y menos con la remota. Pero una de las cualidades que más aprecian los historiadores en la novela histórica es que no perfile con rasgos inventados aquellos personajes que vivieron realmente y son conocidos por la historia. Ha de agradecerse a José Luis Corrales que no lo haga con Escipión, Polibio, Mario y otros.

Lo malo es que tampoco lo hace con los personajes ficticios que inserta en la historia. El personaje protagonista es un celtíbero que pasa de un bando a otro como lo hace Linto en el último soldurio, pero no se sabe muy bien las razones, o más bien estas no nos parecen razones de peso. Sus amigos hacen lo mismo, y su padre es el paradigma de saltinbanquis, en función de por donde sopla el viento. Lo curioso es que este personaje de su padre no lo hace a causa de ser alguien superficial o alguien que lucha por sobrevivir, sino que defiende siempre sus posturas morales con pasión y con creencia. Por eso se hace poco creíble. Un personaje que cree de verdad posturas contrarias sólo puede ser alguien que ha tenido vivencias fuertes que le han hecho cambiar de parecer, o alguien un poco loco.

Pero no importan demasiado los defectos de esta novela porque la narración es fluída, ágil y rápida. No presenta las florituras descriptivas que a mí no me gustan nada en una novela, esta va directamente al grano. Además, nos presenta la historia de la resistencia increíble y épica de Numancia, que resistió veinte años creo recordar el asedio romano hasta que llegó Escipión.

Las historias sobre la libertad son muy comunes y no siempre me emocionan. Sin embargo, la libertad es un viejo tema referente del ser humano, casi a la altura del amor o de la amistad. A ella van adosados valores morales como el de la dignidad, la libre voluntad de elegir el destino o el lugar en el que uno quiere vivir su vida. Sin embargo esta novela no me proporciona la reflexión que el último soldurio si hace a través de la misma historia, porque la historia de cántabros y numantinos es la misma. No me hace reflexionar si merece o no la pena vivir conforme a cómo otros quieren que vivas, a cambio de vivir, o vale más la pena claudicar.

Las bocas rápidas dirán que merece más la pena morir en libertad y dignidad, pero no es una decisión tan fácil. Nunca ha de olvidarse que cada uno de nosotros está aquí porque alguien sobrevivió, o porque alguien mató. Es decir, alguno o muchos de nuestros antepasados mató a otro y violó a su mujer, y de él somos descendientes y no del hombre muerto. Es decir, mi corazón está con los cántabros que entonaban cantos de victoria mientras morían crucificados por los romanos, o que se mataron a sí mismos y a sus familiares al caer prisioneros. Pero claro, yo no tengo esos genes, seguramente tengo los genes de los cántabros que vivieron antes que los romanos y mataron a otros de sus vecinos, pero no de los cántabros o astures que prefirieron morir libres. Y yo existo, estoy aquí y soy importante (al menos para mí).
Pienso que es una decisión que sólo se toma una vez en la vida, y nadie puede decir qué hará hasta que llegue ese momento.

Agosto 28, 2007

El druida () Morgan Llywelyn

Archivado en: Ciencia, Filosofía, Guerra, Historia, Lecturas, Libertad — by elasturianu @ 11:50 pm

La sinopsis de esta novela es lo de menos, por eso la dejo para el final. Lo importante es que al leerla he conseguido transformar en palabras algunos conceptos que permanecían aletargados, inmaduros o si quiera no formualdos en mi pensamiento, “en la punta de la lengua”, como se suele decir.

Por ejemplo, la idea de pauta. Llywelyn nos la introduce comparando el movimiento de un erizo con el movimiento o los gestos de Ainvar, que es el protagonista aprendiz de druida y también el propio relator de los acontecimientos, centrados en la Galia que Julio César conquista.

Le explica Menua, su druida instructor, que un erizo tiene sus propios y peculiares movimientos, su propia manera de andar y de actuar, distinta de la de otros animales. De la misma manera, Ainvar posee unos movimientos propios y peculiares como hombre (o muchacho) y también como Ainvar, como el individuo diferenciado que es. Dicho en una sola palabra, el erizo tiene una pauta, y Ainvar tiene otra.

Sin embargo, Ainvar no se ajusta a ellos, es decir, Ainvar es -a esas alturas del relato- un chico patoso. Ainvar no se ajusta a su propia pauta. Y aquí empieza a sonar la campana, por lo menos para mí y para muchas otras personas, estoy seguro, algunas de las cuales quizás ojeen este aburrido blog. La idea de suerte está ligada a la idea de pauta para el druidismo de la novela. Como Menua enseña, la suerte no existe. Se suele decir que una persona no tiene suerte, pero lo que le pasa en el fondo es que no ajusta su pensamiento y su comportamiento a su propia pauta. De la misma manera, de quien sí se comporta tal como le dicta su pauta se suele decir que tiene éxito, o que la suerte le sonríe.

Con esta idea de la pauta, el galo narrador nos introduce en la manera de ser celta, en su cultura, y en la cultura y carácter romanos, que básicamente eran opuestas. El druida es una novela histórica que narra fidedignamente los acontecimientos de la guerra de las galias desde el punto de vista galo, todo un portento intelectual de comprensión, dado que la única versión de los hechos que ha quedado es la del conquistador de los galos, César. ¿Se debe esto a que Llywelyn es irlandesa, y conoce bien el pensamiento celta? No lo sé, no me molesté aún en comprobarlo.

Según el autor y su alter ego el protagonista, Julio César era fiel a su propia pauta, la de un conquistador ambicioso, implacable y sin escrúpulos, poseedor de una voluntad casi sobrehumana. Siendo fiel a la pauta que la naturaleza esculpió en sus genes, César supo explotar con éxito su gran inteligencia y otros dones suyos.

En el bando opuesto, los galos tenían una pauta bien distinta. A medida que se extendían por el mundo, expandían su cultura pero no buscaban una unidad política estatal o regia. Su pauta les disponía al respeto religioso y cultural, y quemaban sus energías en la búsqueda de la verdad y en las disputas tribales que alimentaban la virilidad de sus guerreros. De esta manera, aquel conquistador inteligente y audaz del que hablamos supo explotar ese rasgo de la división política y del enfrentamiento político, muy propio también de tantas otras culturas, por ejemplo la cultura griega o mismante nuestra propia cultura política española, que ancla sus pilares en la profunda división clasista o aristocrática que existe desde la romanización en España.

Un pequeño alto en este discurso para llevarnos a un matiz. Desde el conocimiento que tengo como aficionado de la historia antigua, puedo decir que el autor no solo comprende bien el pensamiento druidesco, el modo de vida celta primitivo, o el alma romana y gala, además parece tener un conocimiento preciso de datos, costumbres y aconteceres. Sin embargo, ¿alguien podría explicarme de donde salió esa teoría de que los belgas eran germanos celtizados?.

Bien, la idea de pauta no es la única idea genial deslizada en estas páginas. Es una idea que emparenta de cerca con otras muy bien expresadas en los conceptos de la norma, o de la fuente. La fuente y la norma son lo que el creador es a las leyes de su propia creación. Vamos a explicar un poco esto.

Los historiadores modernos han contabilizado una cantidad increíble de dioses adorados por los celtas. Creo haber leído tres mil dioses. Me imagino que aquí se habrán computado no solo los dioses citados por los clásicos y archivisibles en la toponimia europea, como son Lug, Taranis, Belennos, etc., también habrán añadido deidades preromanas adoradas en el mundo céltico como Bandua, que se adoró en Hispania y que, sin embargo, es una deidad indoeuropea pre-celta que sobrevivió a la celtización y a la romanización -y que, como curiosidad, nos ha legado la palabra “bandido” (pero no “bándalo”, que viene de la tribu germana de los vándalos).

Sin embargo, los mismos romanos dijeron que los druidas adoraban a un único dios con múltiples formas, y prueba de ello es que celebraban sus ritos en todo lo que plasmase en el alma la visión del centro: un claro rodeado de árboles en un bosque denso, una montaña que dominase el paisaje o una isla, como la isla de Man donde existía en la antigüedad una escuela de druidismo. Esa idea de que los celtas eran politeístas es tan errónea como la idea de que el cristianismo es monoteísta; si esto último fuera cierto, la Iglesia no podría haber impuesto su culto a una población politeísta sin estratagemas como la de crear montones de santos y de vírgenes, seguramente tantas como lugares de culto pagano se encontró.

Tal vez, como dice la novela, los celtas adorasen una única fuente con muchas formas. Tal vez por eso el cristianismo caló con fuerza en Irlanda, porque en el fondo había un monoteísmo en la Céltica que se vestía de muchas formas para los días de fiesta o de sacrificio. Yo creo que el celta vulgar y corriente, no muy instruído pero seguramente no tan tonto como pensaban los cultos y engreídos romanos, adoraba al dios al que más afecto le tenía, o al que correspondiese a su propio totem tribal o personal, de la misma manera que cada polis griega adoraba a su dios o diosa -o “patrón/a” en términos más modernos- y, del contacto de unas polis con otras surge la génesis griega y con ella su politeísmo. Creo que, lo mismo que Homero unificó con sus narraciones en un panteón a todos los dioses de los griegos, los propios de los griegos indoeuropeos como Zeus o Apolo con los pretéritos de la edad de Bronce como Pytón, los druidas unificaban las creencias de su pueblo en un solo dios con múltiples rostros, al que adoraban en el centro de algo como así lo impone la propia naturaleza de fe que se supone ha de darse a un creador, si lo es como es debido. Es decir, creo que los druidas debieron de ser el elemento unificador de la extensa céltica, quizás el único elemento humano consciente, y por eso contaron con la persecución religiosa, la de unos romanos que habitualmente permitían la libertad de culto.

Y aunque esto no son más que las especulaciones de un aficionado curioso, que enseguida finalizo, también creo que el druidismo no se extendió por toda la céltica, pero sí en cambio creencias semejantes. Me baso en que los romanos dejaron constancia escrita de los druidas galos, bretones e irlandeses, pero no hablaron en ningún momento de druidas en Hispania. Sin embargo, los celtas colonizaron directamente o dejaron una impronta permanente, aún rastreable por historiadores, arqueólogos o filólogos, en toda Hispania excepto en las zonas dominadas por los íberos. ¿No tuvieron tiempo los romanos de percatarse de si había o no druidas en la península? ¿Se perdieron todos los escritos al respecto?

Mi opinión es que los celtas se mezclaron más en la península ibérica con culturas anteriores, como son la megalítica y la indoeuropea de los campos de urnas, o la cultura de los campos de túmulos. Como se sabe, los celtas se fueron desplazando desde la Selva Negra alemana, su lugar natal, por todo occidente, y como portadores de una industria plena del hierro, desplazaron a los moradores de la Europa central indoeuropea, los cuales entraron en la península ibérica por los pasos oriental y occidental del pirineo trayendo inicialmente sus espadas de bronce, juguetes de niño ante las espadas de hierro con las que los celtas se extendieron, y que les obligaron a emigrar. La península fue el último bastión o reducto donde pudieron encontrar refugio las tribus desplazadas de habla indoeuropea no céltica. La misma forma de las cabañas de piedra de los castros europeos podría atestiguar esto. Las del resto de Europa central son de base rectangular pero en el norte peninsular se mezclan con las de base circular propias de la península. Por otra parte, el desplazamiento de tribus o naciones de lengua indoeuropea anterior a las penetraciones celtas -y debidas a estas- está constatado por la lingüística, la toponimia, la arqueología, etc., pero también por la historia, pues por ejemplo los autores clásicos dejaron constancia de los territorios cambiantes de la nación ligur, originaria del noroeste de la península itálica, que luego quedó como territorio galo.

Todo esto es historia y arqueología constatadas, pero hay un dato que me resulta muy curioso, y que pasa por las páginas de los historiadores sin el peso que ha de dársele. Y es el de que existieron tribus primitivas sin casta sacerdotal o sin individuos con función de sacerdotes. Lo digo porque los clásicos dejaron constancia de que los alanos, una tribu indoeuropea original del cáucaso, poseían religión (¡cómo no!), pero no sacerdotes, y tampoco mentenían la institución de la esclavitud, tan antigua y extendida en la antigüedad que hasta la revolución del racionalismo en Europa se consideraba innata al hombre y universal.

Sin embargo, la idea de deidad central, que es tanto como la de un creador que se manifiesta en la naturaleza bajo mútiples formas, y que así expresada parece propia de la religión celta, también está en la península ibérica, pero oculta, esperando la investigación y la comprensión. En efecto, fue Estrabón el que dijo que todas las naciones del norte hispano, que para él eran galaicos, astures, cántabros, vascones, celtíberos y las naciones celtas que habitaban entre los vascones y los cántabros -que ahora no recuerdo-, adoraban danzando en las noches de plenilunio y hasta el amanecer a un dios innombrable alrededor de sus casas o de sus fuegos -no recuerdo-. Curiosamente la Danza Prima asturiana, originaria de Llanes (concejo asturiano que caía en la zona de los cántabros), es una danza que, según investigaciones de Constantino Cabal -¿o era Fermín Canella?-, inicialmente se danzaba también en las noches de luna llena y que, como todo el mundo sabe, se baila en corro, es decir, formando un círculo, el cual se abre y se cierra a la vez por todos los bailantes -según recuerdo de mi infancia-, pero que también puede cerrarse por una parte del corro, imitando la transformación lunar o fases lunares.

Este politeísmo de la Hispania prerromana junto con esta interesante creencia religiosa para mí de naturaleza tabú, es decir, un monoteísmo tabú, un énfasis religioso puesto en el creador, es una hipótesis propia -espero- que enraiga con hipótesis ya lanzadas que leí en el pasado. Mi idea sería que en Hispania se adoraba a la manera celta (monoteísmo junto con politeísmo, la Fuente con sus múltiples rostros, como dice el libro) pero sin clase sacerdotal, es decir, a la manera de los alanos: viviendo la religión sin intermediarios, tal como se da a entender en El último soldurio de Javier Lorenzo respecto a los cántabros. Sería para mí una manera libertaria, si se me permite la analogía con lo más moderno que, aunque parezca contradictoria no lo es, tan sólo es paradójica. A mí me gusta pensar que sería así.

Y dejando ya la fuente y la pauta y las especulaciones de este medio tonto, que no sigue su propia pauta más que de vez en cuando (cuando conecta con la fuente), voy a pasar a la idea de norma, que también se expresa en El Druida. Prometo extenderme menos.

Cuando Ainvar expresa mejor la idea de “norma” es cuando narra la descripción que hace su amigo Tarvos, de profesión guerrero, de sus propios pensamientos, sentimientos y emociones durante una batalla, una concreta que libraron en el libro los guerreros de la tribu de los carnutos contra los de la tribu hermana de los senones -o de los eduos, no recuerdo bien-. Como buen guerrero que es, es decir como persona dada a la acción y no al pensamiento o la reflexión, Tarvos lo expresa de manera rápida y sencilla, pero también muy inteligente: dice que la batalla es ruido. Sólo ruido.

Ainvar, que como aprendiz de druida, como filósofo de la vida -los druidas no son simples sacerdotes, son también filósofos, jueces, maestros, etc.-, se pregunta por todo y ha de comprenderlo todo -o, en su defecto, lo máximo posible (o, en su defecto, lo mejor posible)-, le interroga a su maestro Menua por lo que Tarvos el guerero le ha descrito.

Menua le dice que es natural. La Fuente se expresa de muchas formas distintas, se la puede ver mostrándose en la naturaleza y en los acontecimientos de los hombres y cada hombre la percibe de manera distinta, acorde con su pauta. A un guerrero se le muestra según su pauta de guerrero, y a Tarvos le llama la atención el ruido de la batalla y la ausencia de pensamiento propia del éxtasis emocional y comunal del guerrero que mata a los enemigos. Serían emociones cercanas a las que experimentamos en el éxtasis rítmico de un concierto de rock cuando, en vez de ser guerreros somos fans del rock o del metal, y seguimos la pauta del rock, y entramos en conexión con la fuente de todas las cosas (Jimi Hendrix, por supuesto) siguiendo los ritmos de la guitarra, acoplándonos al estribillo. Menua le dice a Ainvar que las palabras de Tarvos son normales y comprensibles, pues “el ruido es sonido, el sonido es estructura, y la estructura es norma”. La norma -añado yo- es la voz de la fuente.

En palabras propias, la norma es la ley de la naturaleza que ha extendido el creador en su creación, y que todos los seres creados y todas las cosas creadas siguen obedientemente cuando se ajustan a su pauta propia -pues no pueden desobedecer la ley natural, que todo lo abarca. Si se desajustan, la cumplen igualmente, pues no se puede desobedecer la ley de la creación: un planeta o un átomo no puede desobedecer las leyes de la física, un hombre no puede saltarse las leyes del hombre o las de Darwin; el hombre que pasa por encima de sí mismo, o que se ignora a sí mismo, lo único que consigue entonces es hacerse daño y hacérselo a los demás, lo sepa o no. La libertad es para mí obedecer las leyes de la naturaleza, seguir el orden natural de las cosas -como se diría un anarquista-, ajustarse a la verdad -como diría un filósofo- o, como diría un devoto, obedecer a Dios.

Un bonito párrafo que sintetiza la creencia personal de un libertario religioso, un paradijma de la época trans-moderna que empezamos a vivir, querramos o no; aunque no es tan extraño si tenemos en cuenta que el asturianu que escribe este blog está un poco “lloco”, como podéis comprobar todos vosotros.

Y todo esto y mucho más, viene en el libro El druida de Morgan Lywelyn.

Sinopsis promocional: Ainvar es un jovencito devoto y temeroso de los druidas. Una noche los sigue escondido mientras se dirigen en procesión a través del bosque sagrado de los carnutos, dispuestos a ejecutar un antiguo y prohibido ritual para traer de nuevo el calor de la primavera a un invierno que se ha cebado con los galos y que se alarga y se alarga, trallendo hambre, muertes y dolor. Pero el sacrificio que van a ofrecer a los dioses es tan inesperado y desgarrador para el joven Ainvar, Ainvar el niño, que la sangre vertida sobre la piedra cambiará para siempre su vida. De esta manera Morgan Lywelyn nos acerca a La Guerra de las Galias, a Julio César, a Roma, a la República que conquistó el mundo, al mundo de la ambición y de la intriga, y también al mundo del sacrificio más devoto y doloroso, al del sacrificio humano, a la manera primitiva de entender el mundo, la vida y el hombre, a la cultura celta y a la pauta propia y peculiar de un pueblo que ambaba la tierra y la naturaleza, la guerra y las disputas, la especulación filosófica y el respeto a la libertad del individuo y a la fortaleza de su pensamiento creador y propio. El druida nos acerca a los celtas que Julio César y Roma aniquilaron para siempre, o…, no del todo.

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