Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Abril 5, 2008

Grizzly Man (2005) de Werner Herzog

Archivado en: Cine, Filosofía, Guerra, Historia, Sociedad — by elasturianu @ 9:16 pm

Este es un estupendo documental sobre la naturaleza y nosotros mismos, de esos pocos que no aburren, al revés, a los que encuentran aburrido el género de los documentales, y yo me incluyo porque suelo ser bastante perezoso con este género.

Habla de un hombre que detestaba una vida convencional en un mundo convencional de asfalto y automóviles, y que amaba a los osos “grizzly”. Todos los veranos se iba a vivir junto a ellos. Era consciente del peligro, pero no lo asimilaba, no lo procesaba, no actuaba en concordancia. Prefería ver a los osos como animales mansos, como nuestros domésticos perros de ciudad. Adivinemos qué le pasó finalmente.

La lección más interesante del film no es que un hombre medio infantil, medio ingenuo, medio loco, transpasara la barrera entre el animal domesticado y dócil que es el hombre moderno, y el animal salvaje y primitivo que es el oso pardo, y se lo comieran. Él mismo sabía cuál iba a ser su final, y no parecía importarle. Sus mismos amigos dicen que se lo estaba buscando. Preferió enfrentarse a su propia animalidad sólo en el mismo momento de su muerte. Hay dos temas de fondo mucho más interesantes sobre los que reflexionar:

El primero es buscar la razón por la cual nuestra civilización moderna, tecnológica, captialista, occidental, necesita ver postales de la naturaleza para recuperar un trozo de sí misma que ha perdido en nuestro pasado. ¿Qué vemos en los celtas?, ¿en los indios norteamericanos?, ¿en los salvajes osos o leones a punto de extinguirse?. Los celtas iban a la guerra, machacaban al enemigo y sacrificaban personas para propiciar a los dioses, no sólo fueron guerreros legendarios que, supuestamente, nos dejaron estupendas melodías. Los indios norteamericanos eran feroces con sus enemigos los colonos. Los leones y los osos matan a sus cachorros para volver a copular. ¿Es que no queremos aceptar que lo que perdimos es tan hermoso como horrendo?. Y…, ¿por qué no aceptamos que lo que somos ahora mismo es lo mismo que seguimos siendo desde siempre?. No me explico si no lo de Irak o Afganistán.

El segundo tema es que el protagonista y director del documental que se halla dentro del documental, y que murió, no murió solo. Se hallaba con él su novia, quien tenía miedo a los osos porque aceptaba el peligro real. Le insistía en que dejara de “proteger” a los osos, que por cierto no necesitaban protegerse en un espacio protegido. Aún así…, se quedó con él hasta el momento de su muerte. Se sabe que el amor es ciego, pero… ¿es tonto?.

Pero si lo fuera, también está en su derecho.

Febrero 10, 2008

El caballero del Templo (2006) de José Luis Corral

Archivado en: Cine, Historia, Lecturas — by elasturianu @ 7:01 pm

Una novela del autor de Numancia que gravita también sobre los mismos defectos y virtudes. Jaime de Castellnou es un noble que vive huérfano en el castillo del señor al que su padre rendía vasallaje, en el reino de Aragón a finales del siglo XIII. El noble le explica que su padre era un caballero templario y que esperaba que en el momento oportuno, él también lo fuera. Jaime acepta su destino, que parece estar marcado por un secreto que, sin embargo, a lo largo de la novela se señala varias veces pero que queda sin resolver, no de una manera abierta como tanto me gusta a mí (un clásico final abierto frente al típico final cerrado), sino obviándolo como si nunca se hubieran dado pistas ni puesto espectativas.

Este no es el único de los defectos de esta novela, que repite los mismos que Numancia. Por ejemplo los personajes se contradicen a sí mismos, perdiendo verosimilitud el retrato de los personajes y el discurrir de la trama, puesto que para que un personaje actúe de cierta manera ha de cambiar de opinión. En teatro y cine a esto se le llama -creo recordar- la mano de dios, deus machina o algo así, haciendo referencia a que cuando algo es insalvable se baja el telón y dios actúa para colocarlo todo de nuevo en su sitio. Algunas películas utilizan magistralmente este método, pero lo hacen con conocimiento y maestría, resultando un hecho misterioso. Entre ellas, está una de Marcel Carné que no recuerdo su título.

Los personajes son el punto flaco de Corral. Son planos desde el principio, el narrador describe sus sentimientos pero no se les ve sentir ni sufrir a lo largo de su trayectoria, a través de las cosas que les pasan y de las cosas que hacen, o de las decisiones que toman. El mismo personaje que entra, sale, y el mismo celtíbero de Numancia es aquí Jaime de Castelnou. No existe ni siquiera un arco de transformación con el que este se enriquezca, adquiera matices, ambigüedades, rugosidad, dudas y arrugas.

Aunque parezca una mala novela por lo que estoy diciendo, no lo es en absoluto. Eso es lo extraño de este escritor, que es profesor de historia. El resultado de la suma de sus defectos como escritor es un conjunto de novelas que se leen con más pasión que otras más coherentes y mejor redactadas.

Por ejemplo entre sus virtudes es la de que sus novelas se convierten en los mejores libros de historia. En vez de leer un aburrido libro docente, leemos una novela y adquirimos el conocimiento general que nos hubiera costado bastante de otra manera, y sabiendo que no nos han vendido gato por liebre como se hizo a raíz de El código DaVinci. Dan Brown dejó claro que su famoso libro no era una novela histórica sino un simple libro de ficción, ficción histórica o ficción política. Sin embargo, ha surgido una nueva religión que trata de buscar la verdad sobre el código da vinci, cuando poco hay de verdad y mucho de leyenda, por más que esta leyenda sea la mar de interesante. Aquí lo que se dice es lo que pasó, y precisamente esta novela deja bien claro quienes fueron los templarios y qué era realmente ese famosos tesoro, o porqué la iglesia los exterminó.

Además sus personajes tienen algunas virtudes como que son activos. Toman decisiones y actúan, aunque a veces no se sepa bien las motivaciones de sus cambios de opinión. De esta manera, la novela siempre avanza y la lectura es amena, nunca se estanca en sentimientos o descripciones, y por momentos aparece apreciables dosis de tensión.

Noviembre 28, 2007

Simón el Mago (1993) de Jean-Claude Carrière

Archivado en: 11 de Septiembre, Filosofía, Guerra, Historia, Lecturas — by elasturianu @ 2:10 am

Obra literaria sobre la supuesta vida de Simón el Mago, o Simón de Samaria, personaje histórico mencionado, por ejemplo, en un evangelio apócrifo, y que aquí este escritor y guionista acerca poco a poco a la vida de Jesús, ambos contemporáneos, para comprender mejor el mensaje, supuesto, de la mítica figura que prefirió la historia. Un mensaje gnóstico que comparto, aunque el gnosticismo sea algo más enredado de lo que yo pueda aguantar.

Como era de esperar, estos dos son personajes hijos de aquel tiempo y por tanto la novela maneja divagaciones y dudas teológicas y apocalípticas que pueden echar atrás al lector. Este, sin embargo y gracias al final, puede llegar a cogerle cariño al libro. Aviso de que el final es cristiano, pero nada complaciente con el cristianismo.

Dejaré a un lado el personaje de Simón. No debería hacerlo, porque también es fascinante. Es a la vez creyente y embaucador, inteligente y muy ambiguo y sutil. Desde la perspectiva que tiene él sobre Jesús, es decir como embaucador, arroja cierta luz a los supuestos milagros del galileo, si es que se admite el que tales hechos efectivamente tuvieron lugar. Pero hablaré de Jesús, por una razón y es que ya llevo muchos años queriendo hablar de ello en la web.

Yo pongo en duda la realidad histórica de una figura arquetípica como es Cristo. El primer testimonio escrito sobre Jesús es el de Flavio Josefo, y data de unos treinta o cuarenta años -si mal no recuerdo- posterior a su muerte. Josefo habla de él como alguien que violentaba a los judíos contra sus ocupadores romanos, es decir lo que hoy Bush llamaría terrorista de Al-Quaeda (ironías: la supuesta estampa de Jesús y la de Bin Laden son odiosamente gemelas). Nadie toma en serio a Bush, salvo los americanos -y cada vez menos-, pero parece ser que los historiadores confían en Josefo, judío romanizado que había luchado él mismo a regañadientes contra el invasor, y que fue perdonado por Vespasiano, su vencedor, por predecirle que sería emperador.

Jesús es, para mí, alguien complejo. Es un arquetipo, y como tal es una imágen colectiva que pertenece a toda la humanidad, también a la que existió antes de él. Eso explica coincidencias con otros mitos como el de Isis y Osiris, o el de Lao Tse, porque como arquetipo, es un símbolo plasmado en una imágen y en una historia, que en la Biblia da lugar a cuatro tramas (una más con el Código Da-Vinci). Además de todo esto, el que este símbolo exista en la mente de todos y sea atemporal le da alguna validez moral o por lo menos psicológica, por más que estemos o no de acuerdo con lo que representa, ¿no es así?.

Además es un mito, en el sentido de leyenda falsa o de verdad reconvertida por el folklore, porque todo lo que se escribió sobre él es posterior. Los evangelios canónicos también son posteriores, circulaban por el imperio a finales del siglo primero. Los apócrifos son todavía más posteriores que los que la Iglesia admite como teológicamente verdaderos (por cierto, aún así, he leído que no los ha perseguido, simplemente los descarta).

Como figura es más humana que divina porque es muy contradictoria. A veces es violento y a veces habla de poner la otra mejilla. Por cierto que poner la otra mejilla es un regalo “divino” para el poder, que se alimenta de la pasividad de las masas. El libro de vacas, cerdos, guerras y brujas (1975, Marvin Harris), una popular autoridad en antropólogía, explica una causa histórica o etic de porqué triunfo el cristianismo, tras la represión que vivió Flavio Josefo, gracias a esa magnífica idea, complaciente con el poder, de poner la otra mejilla. Yo diría que gracias a esa idea el poder se has sustentado durante dos mil años, ¡bendita ignorancia popular!. Creo que Ghandi fue un revolucionario que sacó la mitad revolucionaria de Jesús, y la otra mitad reaccionaria se la quedó el imperio romano y la iglesia, que se alió con él.

Hay incluso una teoría que parece que ya han descartado todos los expertos, si bien en una figura tan controvertida coma esta no me fío de ninguno de ellos. Es la de que Jesús verdaderamente no existió, y es una figura inventada posteriormente. En un maldito libro que no acaba de publicarse, pero que se vende ¡por trozos! a precio regalado en la disbribuidora Anarxya de Gijón, se expone una interpretación alternativa de Jesús: Flavio Josefo escribiendo sobre Jesús, podría estar describiendo una figura legendaria ya entonces, y no exactamente histórica. No me extrañaría nada que hubiera algo de verdad en esta interpretación, puesto que los evangelios apócrifos no parecen tener nada de históricos y sí una riqueza literaria, dramática y fantástica que asombra, es mayor incluso que la de los canónicos. Por eso tengo ganas de leer de una vez, directamente, lo que escribió este judío helenizado.

No creo, empero, en esta teoría, porque siempre es más veraz y más potente una verdad distorsionada que una mentira, convertida en verdad a partir de la nada. Véase por ejemplo al PSOE, que ganó unas elecciones aliándose con la verdad de que estábamos en guerra con Irak por el petróleo, y no por la ética o por la seguridad, mientras que el PP perdió las elecciones por mantener una idea que creó de la nada, si bien no pudo resistir ni cuatro días. A ver cómo acaban los americanos en Irak, a ver si les sirve de algo ese yo arquetípico de salvadores del mundo (el mismo de Osama B.L., o del Jesús de la Iglesia)

Noviembre 25, 2007

Andalucía

Archivado en: Etimología, Historia, Sociedad — by elasturianu @ 1:29 pm

Bueno, voy a contar una historia real, la cual empieza con una amiga que se suele reír mucho de mí (la mitad del tiempo, la otra mitad me toma en serio). Se llama Susi (nombre real) y es fanática de Chavesss, ese cacique bolivarista y cesarista que sabe como embaucar con palabras como socialismo, nacionalización y revolución a todos esos que con la caída de la Unión Soviética perdieron sus referencias de progreso y se agarran a cualquier clavo ardiendo. Esto no tiene que ver con la historia, sino con que en vez de reírme yo de ella sobre el asunto de Cháves, como sería lo natural, se ríe ella de mí (sic.).

Bueno la historia empieza con mi afición a la etimología, ciencia que estudia el orígen de las palabras. Charlando de esto y de aquello en algún tranquilo café de Gijón, le comenté que Andalucía viene de la tribu de los vándalos, que se asentó en el lugar y dejó su impronta. Por supuesto, Susi se rió de mí. “¿En que te basas?, todo el mundo sabe que Andalucía viene de Al-Andalus“, vino a decirme.

Preguntas como “¿de dónde has sacado eso?” o “¿qué pruebas tienes?” molestan un poco cuando se trata de cosas evidentes, como por ejemplo Chaves. ¿Quién está obligado a demostrar lo evidente?. Pero aquí Susi tenía razón: puesto que todo el mundo sabe cómo llamaron los árabes a la zona de la Bética cuando la conquistaron, parece evidente que el castellano extrajo el término árabe, le puso un sufijo como se hizo siempre (entre tantos ejemplos, Tusrkistán o Alemania) y utilizó esa regla universal que consiste en ahorrar saliva (los asturianos ahorramos mucha con el bable, por ejemplo para decir “por favor, ¿podría repetirme usted qué es lo que ha dicho, que no he podido entenderle?, gracias” fruncimos el ceño y gritamos un simple “¡qué ye oh!“).

Sin embargo, yo tenía la respuesta perfecta: “No lo sé, pero si Barón Rojo la llama Vandalucía, por algo será”. De nuevo y por supuesto, Susi se rió de mí. No lo entiendo, porque es evidente que Dios y la verdad son la misma cosa, y Barón Rojo y Dios también son lo mismo.

Pero como siempre, mi asombrosa capacidad para la intuición y la deducción funcionaron de común acuerdo para llegar a la verdad. ¡Y puedo demostrarlo! Lo voy a hacer ahora, pero para ello remito a quien guste de curiosear aquí y allá al Diccionario del orígen de las palabras, de Alberto Buitrago y J. Agustín Torijano, que más que como libro de consulta sirve para entretenerse del tirón, desde la A hasta la Z.

Bueno. Recordaremos de nuestros años en el instituto que los vándalos fueron una de las tres primeras tribus germánicas que cruzaron el Pirineo e invadieron y saquearon la Hispania romana. Además, éstos no se quedaron en la Bética tan sólo, sino que también cruzaron el estrecho y fundaron un reino en el norte de África. Más tarde, los visigodos acordarían con Roma eliminar a estar tres tribus de Hispania. En el caso de los alanos (que en realidad no eran germánicos sino caucásicos) fue fácil, en el de los vándalos les llevó un tiempo y en el de los suevos y otras tribus autóctonas, bastante más.

El caso es que los bizantinos, como también recordaremos, trataron de reconquistar los territorios del pretérito imperio en Italia, África e Hispania. Primero conquistaron la Mauritania de los vándalos, y luego el sur de la península a la que llamaron Vandalucía o “tierra de los vándalos”. Los visigodos también expulsaron a los bizantinos, pero tal vez perviviera el topónimo porque cuando irrumpieron los árabes llamaron a la zona Al-Andalus. “Al” es un prefijo, seguramente “la”, cosa que ya suponía, pero que confirmé cuando en un docuemntal vi que en las afueras de Jerusalem hay una iglesia ortodoxa rusa que en realidad se llama Moskovitza (o algo parecido) pero que los lugareños la llaman Al-Moskovitza.

La palabra vándalo es un gentilicio (el nombre de una tribu o nación), pero el historial típico de saqueo de estas tribus y de esta en concreto ya en el pasado remoto ha producido un insulto, vándalo, que ha dado un derivado vandalismo y un adjetivo vandálico. Es uno de muchos ejemplos de lo que llaman “envilecimiento semántico”, que los autores definen como el acto de cargar con valores negativos una palabra sin que existan motivos extrictamente lingüísticos, y ponen como ejemplos hortera, idiota o pánfilo (no creo que valga el ejemplo de bárbaro, porque la connotación negativa y el orígen de la palabra están estrechamente relacionadas ya en el griego antiguo, cosa que dará lugar a otra entrada en esta bitácora).

Lo más interesante del libro es que no se contenta con el orígen latino, griego, árabe o semita de tantas palabras de nuestro castellano, sino que habitaulmente indaga en orígenes más primitivos aún como es el indoeuropeo, que en sí es una lengua reconstruída y por tanto llena de suposiciones, más incluso que el celta, también reconstruída. Pues bien, vándalo viene de la voz germánica (junto con el celta, otra lengua del indoeuropeo) “wandaliaz“, que significa “el que va de un sitio a otro / el que vaga”. Muy propio para una tribu germánica que, lo mismo que los celtas, tuvieron sus siglos de movimiento y expansión tribal. Seguramente los bautizaron así sus vecinos o sus enemigos, por un procedimiento similar al que utilizaban los cheew para referirse a los lakotas: los llamaban siux porque decían que lo último que oías antes de morir era el sonido de la flecha que volaba hacia tí, siiux. Como siempre, Susi leerá ésto y se reirá de mí, mas es verdad.

Así que resulta que soy una persona muy deductiva, muy intuitiva y por ende muy inteligente, porque doy con el significado de las palabras por intuición, deducción y comparación. En vez de una bitácora que nadie lee, debería de salir en la tele: lo mismo que otros ven el futuro, yo puedo ver el pasado. Chao Susi, !y llámameo oh!.

Octubre 16, 2007

Numancia (2003) de José Luis Corrales

Archivado en: Filosofía, Historia, Lecturas, Libertad — by elasturianu @ 11:06 pm

Entre las cosas buenas que le veo a este relato es que está escrito por un historiador que no inventa nada. Es de agradecer porque a menudo se reinventa la historia, si bien esto es más habitual hoy en día con la historia reciente, y menos con la remota. Pero una de las cualidades que más aprecian los historiadores en la novela histórica es que no perfile con rasgos inventados aquellos personajes que vivieron realmente y son conocidos por la historia. Ha de agradecerse a José Luis Corrales que no lo haga con Escipión, Polibio, Mario y otros.

Lo malo es que tampoco lo hace con los personajes ficticios que inserta en la historia. El personaje protagonista es un celtíbero que pasa de un bando a otro como lo hace Linto en el último soldurio, pero no se sabe muy bien las razones, o más bien estas no nos parecen razones de peso. Sus amigos hacen lo mismo, y su padre es el paradigma de saltinbanquis, en función de por donde sopla el viento. Lo curioso es que este personaje de su padre no lo hace a causa de ser alguien superficial o alguien que lucha por sobrevivir, sino que defiende siempre sus posturas morales con pasión y con creencia. Por eso se hace poco creíble. Un personaje que cree de verdad posturas contrarias sólo puede ser alguien que ha tenido vivencias fuertes que le han hecho cambiar de parecer, o alguien un poco loco.

Pero no importan demasiado los defectos de esta novela porque la narración es fluída, ágil y rápida. No presenta las florituras descriptivas que a mí no me gustan nada en una novela, esta va directamente al grano. Además, nos presenta la historia de la resistencia increíble y épica de Numancia, que resistió veinte años creo recordar el asedio romano hasta que llegó Escipión.

Las historias sobre la libertad son muy comunes y no siempre me emocionan. Sin embargo, la libertad es un viejo tema referente del ser humano, casi a la altura del amor o de la amistad. A ella van adosados valores morales como el de la dignidad, la libre voluntad de elegir el destino o el lugar en el que uno quiere vivir su vida. Sin embargo esta novela no me proporciona la reflexión que el último soldurio si hace a través de la misma historia, porque la historia de cántabros y numantinos es la misma. No me hace reflexionar si merece o no la pena vivir conforme a cómo otros quieren que vivas, a cambio de vivir, o vale más la pena claudicar.

Las bocas rápidas dirán que merece más la pena morir en libertad y dignidad, pero no es una decisión tan fácil. Nunca ha de olvidarse que cada uno de nosotros está aquí porque alguien sobrevivió, o porque alguien mató. Es decir, alguno o muchos de nuestros antepasados mató a otro y violó a su mujer, y de él somos descendientes y no del hombre muerto. Es decir, mi corazón está con los cántabros que entonaban cantos de victoria mientras morían crucificados por los romanos, o que se mataron a sí mismos y a sus familiares al caer prisioneros. Pero claro, yo no tengo esos genes, seguramente tengo los genes de los cántabros que vivieron antes que los romanos y mataron a otros de sus vecinos, pero no de los cántabros o astures que prefirieron morir libres. Y yo existo, estoy aquí y soy importante (al menos para mí).
Pienso que es una decisión que sólo se toma una vez en la vida, y nadie puede decir qué hará hasta que llegue ese momento.

Agosto 28, 2007

El druida () Morgan Llywelyn

Archivado en: Ciencia, Filosofía, Guerra, Historia, Lecturas, Libertad — by elasturianu @ 11:50 pm

La sinopsis de esta novela es lo de menos, por eso la dejo para el final. Lo importante es que al leerla he conseguido transformar en palabras algunos conceptos que permanecían aletargados, inmaduros o si quiera no formualdos en mi pensamiento, “en la punta de la lengua”, como se suele decir.

Por ejemplo, la idea de pauta. Llywelyn nos la introduce comparando el movimiento de un erizo con el movimiento o los gestos de Ainvar, que es el protagonista aprendiz de druida y también el propio relator de los acontecimientos, centrados en la Galia que Julio César conquista.

Le explica Menua, su druida instructor, que un erizo tiene sus propios y peculiares movimientos, su propia manera de andar y de actuar, distinta de la de otros animales. De la misma manera, Ainvar posee unos movimientos propios y peculiares como hombre (o muchacho) y también como Ainvar, como el individuo diferenciado que es. Dicho en una sola palabra, el erizo tiene una pauta, y Ainvar tiene otra.

Sin embargo, Ainvar no se ajusta a ellos, es decir, Ainvar es -a esas alturas del relato- un chico patoso. Ainvar no se ajusta a su propia pauta. Y aquí empieza a sonar la campana, por lo menos para mí y para muchas otras personas, estoy seguro, algunas de las cuales quizás ojeen este aburrido blog. La idea de suerte está ligada a la idea de pauta para el druidismo de la novela. Como Menua enseña, la suerte no existe. Se suele decir que una persona no tiene suerte, pero lo que le pasa en el fondo es que no ajusta su pensamiento y su comportamiento a su propia pauta. De la misma manera, de quien sí se comporta tal como le dicta su pauta se suele decir que tiene éxito, o que la suerte le sonríe.

Con esta idea de la pauta, el galo narrador nos introduce en la manera de ser celta, en su cultura, y en la cultura y carácter romanos, que básicamente eran opuestas. El druida es una novela histórica que narra fidedignamente los acontecimientos de la guerra de las galias desde el punto de vista galo, todo un portento intelectual de comprensión, dado que la única versión de los hechos que ha quedado es la del conquistador de los galos, César. ¿Se debe esto a que Llywelyn es irlandesa, y conoce bien el pensamiento celta? No lo sé, no me molesté aún en comprobarlo.

Según el autor y su alter ego el protagonista, Julio César era fiel a su propia pauta, la de un conquistador ambicioso, implacable y sin escrúpulos, poseedor de una voluntad casi sobrehumana. Siendo fiel a la pauta que la naturaleza esculpió en sus genes, César supo explotar con éxito su gran inteligencia y otros dones suyos.

En el bando opuesto, los galos tenían una pauta bien distinta. A medida que se extendían por el mundo, expandían su cultura pero no buscaban una unidad política estatal o regia. Su pauta les disponía al respeto religioso y cultural, y quemaban sus energías en la búsqueda de la verdad y en las disputas tribales que alimentaban la virilidad de sus guerreros. De esta manera, aquel conquistador inteligente y audaz del que hablamos supo explotar ese rasgo de la división política y del enfrentamiento político, muy propio también de tantas otras culturas, por ejemplo la cultura griega o mismante nuestra propia cultura política española, que ancla sus pilares en la profunda división clasista o aristocrática que existe desde la romanización en España.

Un pequeño alto en este discurso para llevarnos a un matiz. Desde el conocimiento que tengo como aficionado de la historia antigua, puedo decir que el autor no solo comprende bien el pensamiento druidesco, el modo de vida celta primitivo, o el alma romana y gala, además parece tener un conocimiento preciso de datos, costumbres y aconteceres. Sin embargo, ¿alguien podría explicarme de donde salió esa teoría de que los belgas eran germanos celtizados?.

Bien, la idea de pauta no es la única idea genial deslizada en estas páginas. Es una idea que emparenta de cerca con otras muy bien expresadas en los conceptos de la norma, o de la fuente. La fuente y la norma son lo que el creador es a las leyes de su propia creación. Vamos a explicar un poco esto.

Los historiadores modernos han contabilizado una cantidad increíble de dioses adorados por los celtas. Creo haber leído tres mil dioses. Me imagino que aquí se habrán computado no solo los dioses citados por los clásicos y archivisibles en la toponimia europea, como son Lug, Taranis, Belennos, etc., también habrán añadido deidades preromanas adoradas en el mundo céltico como Bandua, que se adoró en Hispania y que, sin embargo, es una deidad indoeuropea pre-celta que sobrevivió a la celtización y a la romanización -y que, como curiosidad, nos ha legado la palabra “bandido” (pero no “bándalo”, que viene de la tribu germana de los vándalos).

Sin embargo, los mismos romanos dijeron que los druidas adoraban a un único dios con múltiples formas, y prueba de ello es que celebraban sus ritos en todo lo que plasmase en el alma la visión del centro: un claro rodeado de árboles en un bosque denso, una montaña que dominase el paisaje o una isla, como la isla de Man donde existía en la antigüedad una escuela de druidismo. Esa idea de que los celtas eran politeístas es tan errónea como la idea de que el cristianismo es monoteísta; si esto último fuera cierto, la Iglesia no podría haber impuesto su culto a una población politeísta sin estratagemas como la de crear montones de santos y de vírgenes, seguramente tantas como lugares de culto pagano se encontró.

Tal vez, como dice la novela, los celtas adorasen una única fuente con muchas formas. Tal vez por eso el cristianismo caló con fuerza en Irlanda, porque en el fondo había un monoteísmo en la Céltica que se vestía de muchas formas para los días de fiesta o de sacrificio. Yo creo que el celta vulgar y corriente, no muy instruído pero seguramente no tan tonto como pensaban los cultos y engreídos romanos, adoraba al dios al que más afecto le tenía, o al que correspondiese a su propio totem tribal o personal, de la misma manera que cada polis griega adoraba a su dios o diosa -o “patrón/a” en términos más modernos- y, del contacto de unas polis con otras surge la génesis griega y con ella su politeísmo. Creo que, lo mismo que Homero unificó con sus narraciones en un panteón a todos los dioses de los griegos, los propios de los griegos indoeuropeos como Zeus o Apolo con los pretéritos de la edad de Bronce como Pytón, los druidas unificaban las creencias de su pueblo en un solo dios con múltiples rostros, al que adoraban en el centro de algo como así lo impone la propia naturaleza de fe que se supone ha de darse a un creador, si lo es como es debido. Es decir, creo que los druidas debieron de ser el elemento unificador de la extensa céltica, quizás el único elemento humano consciente, y por eso contaron con la persecución religiosa, la de unos romanos que habitualmente permitían la libertad de culto.

Y aunque esto no son más que las especulaciones de un aficionado curioso, que enseguida finalizo, también creo que el druidismo no se extendió por toda la céltica, pero sí en cambio creencias semejantes. Me baso en que los romanos dejaron constancia escrita de los druidas galos, bretones e irlandeses, pero no hablaron en ningún momento de druidas en Hispania. Sin embargo, los celtas colonizaron directamente o dejaron una impronta permanente, aún rastreable por historiadores, arqueólogos o filólogos, en toda Hispania excepto en las zonas dominadas por los íberos. ¿No tuvieron tiempo los romanos de percatarse de si había o no druidas en la península? ¿Se perdieron todos los escritos al respecto?

Mi opinión es que los celtas se mezclaron más en la península ibérica con culturas anteriores, como son la megalítica y la indoeuropea de los campos de urnas, o la cultura de los campos de túmulos. Como se sabe, los celtas se fueron desplazando desde la Selva Negra alemana, su lugar natal, por todo occidente, y como portadores de una industria plena del hierro, desplazaron a los moradores de la Europa central indoeuropea, los cuales entraron en la península ibérica por los pasos oriental y occidental del pirineo trayendo inicialmente sus espadas de bronce, juguetes de niño ante las espadas de hierro con las que los celtas se extendieron, y que les obligaron a emigrar. La península fue el último bastión o reducto donde pudieron encontrar refugio las tribus desplazadas de habla indoeuropea no céltica. La misma forma de las cabañas de piedra de los castros europeos podría atestiguar esto. Las del resto de Europa central son de base rectangular pero en el norte peninsular se mezclan con las de base circular propias de la península. Por otra parte, el desplazamiento de tribus o naciones de lengua indoeuropea anterior a las penetraciones celtas -y debidas a estas- está constatado por la lingüística, la toponimia, la arqueología, etc., pero también por la historia, pues por ejemplo los autores clásicos dejaron constancia de los territorios cambiantes de la nación ligur, originaria del noroeste de la península itálica, que luego quedó como territorio galo.

Todo esto es historia y arqueología constatadas, pero hay un dato que me resulta muy curioso, y que pasa por las páginas de los historiadores sin el peso que ha de dársele. Y es el de que existieron tribus primitivas sin casta sacerdotal o sin individuos con función de sacerdotes. Lo digo porque los clásicos dejaron constancia de que los alanos, una tribu indoeuropea original del cáucaso, poseían religión (¡cómo no!), pero no sacerdotes, y tampoco mentenían la institución de la esclavitud, tan antigua y extendida en la antigüedad que hasta la revolución del racionalismo en Europa se consideraba innata al hombre y universal.

Sin embargo, la idea de deidad central, que es tanto como la de un creador que se manifiesta en la naturaleza bajo mútiples formas, y que así expresada parece propia de la religión celta, también está en la península ibérica, pero oculta, esperando la investigación y la comprensión. En efecto, fue Estrabón el que dijo que todas las naciones del norte hispano, que para él eran galaicos, astures, cántabros, vascones, celtíberos y las naciones celtas que habitaban entre los vascones y los cántabros -que ahora no recuerdo-, adoraban danzando en las noches de plenilunio y hasta el amanecer a un dios innombrable alrededor de sus casas o de sus fuegos -no recuerdo-. Curiosamente la Danza Prima asturiana, originaria de Llanes (concejo asturiano que caía en la zona de los cántabros), es una danza que, según investigaciones de Constantino Cabal -¿o era Fermín Canella?-, inicialmente se danzaba también en las noches de luna llena y que, como todo el mundo sabe, se baila en corro, es decir, formando un círculo, el cual se abre y se cierra a la vez por todos los bailantes -según recuerdo de mi infancia-, pero que también puede cerrarse por una parte del corro, imitando la transformación lunar o fases lunares.

Este politeísmo de la Hispania prerromana junto con esta interesante creencia religiosa para mí de naturaleza tabú, es decir, un monoteísmo tabú, un énfasis religioso puesto en el creador, es una hipótesis propia -espero- que enraiga con hipótesis ya lanzadas que leí en el pasado. Mi idea sería que en Hispania se adoraba a la manera celta (monoteísmo junto con politeísmo, la Fuente con sus múltiples rostros, como dice el libro) pero sin clase sacerdotal, es decir, a la manera de los alanos: viviendo la religión sin intermediarios, tal como se da a entender en El último soldurio de Javier Lorenzo respecto a los cántabros. Sería para mí una manera libertaria, si se me permite la analogía con lo más moderno que, aunque parezca contradictoria no lo es, tan sólo es paradójica. A mí me gusta pensar que sería así.

Y dejando ya la fuente y la pauta y las especulaciones de este medio tonto, que no sigue su propia pauta más que de vez en cuando (cuando conecta con la fuente), voy a pasar a la idea de norma, que también se expresa en El Druida. Prometo extenderme menos.

Cuando Ainvar expresa mejor la idea de “norma” es cuando narra la descripción que hace su amigo Tarvos, de profesión guerrero, de sus propios pensamientos, sentimientos y emociones durante una batalla, una concreta que libraron en el libro los guerreros de la tribu de los carnutos contra los de la tribu hermana de los senones -o de los eduos, no recuerdo bien-. Como buen guerrero que es, es decir como persona dada a la acción y no al pensamiento o la reflexión, Tarvos lo expresa de manera rápida y sencilla, pero también muy inteligente: dice que la batalla es ruido. Sólo ruido.

Ainvar, que como aprendiz de druida, como filósofo de la vida -los druidas no son simples sacerdotes, son también filósofos, jueces, maestros, etc.-, se pregunta por todo y ha de comprenderlo todo -o, en su defecto, lo máximo posible (o, en su defecto, lo mejor posible)-, le interroga a su maestro Menua por lo que Tarvos el guerero le ha descrito.

Menua le dice que es natural. La Fuente se expresa de muchas formas distintas, se la puede ver mostrándose en la naturaleza y en los acontecimientos de los hombres y cada hombre la percibe de manera distinta, acorde con su pauta. A un guerrero se le muestra según su pauta de guerrero, y a Tarvos le llama la atención el ruido de la batalla y la ausencia de pensamiento propia del éxtasis emocional y comunal del guerrero que mata a los enemigos. Serían emociones cercanas a las que experimentamos en el éxtasis rítmico de un concierto de rock cuando, en vez de ser guerreros somos fans del rock o del metal, y seguimos la pauta del rock, y entramos en conexión con la fuente de todas las cosas (Jimi Hendrix, por supuesto) siguiendo los ritmos de la guitarra, acoplándonos al estribillo. Menua le dice a Ainvar que las palabras de Tarvos son normales y comprensibles, pues “el ruido es sonido, el sonido es estructura, y la estructura es norma”. La norma -añado yo- es la voz de la fuente.

En palabras propias, la norma es la ley de la naturaleza que ha extendido el creador en su creación, y que todos los seres creados y todas las cosas creadas siguen obedientemente cuando se ajustan a su pauta propia -pues no pueden desobedecer la ley natural, que todo lo abarca. Si se desajustan, la cumplen igualmente, pues no se puede desobedecer la ley de la creación: un planeta o un átomo no puede desobedecer las leyes de la física, un hombre no puede saltarse las leyes del hombre o las de Darwin; el hombre que pasa por encima de sí mismo, o que se ignora a sí mismo, lo único que consigue entonces es hacerse daño y hacérselo a los demás, lo sepa o no. La libertad es para mí obedecer las leyes de la naturaleza, seguir el orden natural de las cosas -como se diría un anarquista-, ajustarse a la verdad -como diría un filósofo- o, como diría un devoto, obedecer a Dios.

Un bonito párrafo que sintetiza la creencia personal de un libertario religioso, un paradijma de la época trans-moderna que empezamos a vivir, querramos o no; aunque no es tan extraño si tenemos en cuenta que el asturianu que escribe este blog está un poco “lloco”, como podéis comprobar todos vosotros.

Y todo esto y mucho más, viene en el libro El druida de Morgan Lywelyn.

Sinopsis promocional: Ainvar es un jovencito devoto y temeroso de los druidas. Una noche los sigue escondido mientras se dirigen en procesión a través del bosque sagrado de los carnutos, dispuestos a ejecutar un antiguo y prohibido ritual para traer de nuevo el calor de la primavera a un invierno que se ha cebado con los galos y que se alarga y se alarga, trallendo hambre, muertes y dolor. Pero el sacrificio que van a ofrecer a los dioses es tan inesperado y desgarrador para el joven Ainvar, Ainvar el niño, que la sangre vertida sobre la piedra cambiará para siempre su vida. De esta manera Morgan Lywelyn nos acerca a La Guerra de las Galias, a Julio César, a Roma, a la República que conquistó el mundo, al mundo de la ambición y de la intriga, y también al mundo del sacrificio más devoto y doloroso, al del sacrificio humano, a la manera primitiva de entender el mundo, la vida y el hombre, a la cultura celta y a la pauta propia y peculiar de un pueblo que ambaba la tierra y la naturaleza, la guerra y las disputas, la especulación filosófica y el respeto a la libertad del individuo y a la fortaleza de su pensamiento creador y propio. El druida nos acerca a los celtas que Julio César y Roma aniquilaron para siempre, o…, no del todo.

Junio 23, 2007

Historia del rey transparente (2005) Rosa Montero

“Las palabras no deben ser como la miel, pegajosas y espesas, dulces trampas para moscas incautas, sino como cristales transparentes y puros que permitan contemplar el mundo a través de ellas.”

Así describe Rosa Montero las frases grandielocuentes y moralistas de los frailes del medievo, por lo demás una perfecta descripción de los discursos de nuestros políticos, seres igual de falsos. Esta historia de un rey transparente es una magnífica novela de aventuras, un poco novela histórica, en la que capturamos el alma de una época, la de los cátaros, que pudo haber cambiado la historia y adelantado a una humanidad agarrotada y trabada por la doctrina religiosa, pero que finalizó trágicamente debido a la espada de los cruzados y a la inquisición de la Iglesia Católica.

Rosa Montero consigue divulgar unos hechos históricos con personajes complejos que sufren arcos de transformación dilatados y curvos. El personaje que narra su vida comienza siendo una niña campesina que para sobrevivir se hace pasar por hombre y caballero. Es una historia atractiva aunque pudiera parecer, por ejemplo, rebuscada y cómica.

Es cierto que la novela está plagada de personajes y situaciones muy cómicos que consideraríamos propios del imaginario colectivo de esa época. Por ejemplo hay brujas y hadas, guerreros estúpidos y caballeros de honor, frailes malévolos y campesinos ignorantes. Eso supone para mí un añadido atractivo, porque me gustan los arquetipos, si están bien hechos, lo que en la mecánica de lo incosciente supone que han sido bien hallados, en vez de bien buscados. Pero, además, consiguen ser personajes modernos y complejos, personajes dramáticos, es decir: con un drama personal. Son seres de carne y hueso, como los que personajes que somos todos nosotros en nuestras vidas.

Por eso acaba siendo una historia real, porque su personaje busca la vida. Leola no se conforma con nacer mujer, sierva, ignorante, y condenada a morir con todas estas condiciones que se trajo bajo el brazo al nacer.

Me gusta esta novela además por algunas de las mismas razones que me gusta El último soldurio, de Javier Lorenzo. Por ejemplo la narración transcurre en primera persona, desde la infancia hasta la muerte. La historia de Corocotta es un homenaje a quienes mueren porque aman la libertad, y algo parecido pasa con Leola, si bien no es una historia sobre la libertad sino sobre la tolerancia. Pero ambos personajes buscan ser ellos mismos a pesar de los difíciles tiempos. Ambos cambian por completo, maduran y se entregan a la vida, a diferencia de otros que se quedan en ella sin conocerse, ignorantes de lo que es vivir. Y ambas historias son ecos de otras muchas historias reales, porque la historia se repite en Cantabria o Asturias, en Numancia o en Masada, en el 17 o en el 34. Siempre habrá quien decide vivir con lo que verdaderamente aprecia, y si no prefiere morir.

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