Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Noviembre 25, 2007

Andalucía

Archivado en: Etimología, Historia, Sociedad — by elasturianu @ 1:29 pm

Bueno, voy a contar una historia real, la cual empieza con una amiga que se suele reír mucho de mí (la mitad del tiempo, la otra mitad me toma en serio). Se llama Susi (nombre real) y es fanática de Chavesss, ese cacique bolivarista y cesarista que sabe como embaucar con palabras como socialismo, nacionalización y revolución a todos esos que con la caída de la Unión Soviética perdieron sus referencias de progreso y se agarran a cualquier clavo ardiendo. Esto no tiene que ver con la historia, sino con que en vez de reírme yo de ella sobre el asunto de Cháves, como sería lo natural, se ríe ella de mí (sic.).

Bueno la historia empieza con mi afición a la etimología, ciencia que estudia el orígen de las palabras. Charlando de esto y de aquello en algún tranquilo café de Gijón, le comenté que Andalucía viene de la tribu de los vándalos, que se asentó en el lugar y dejó su impronta. Por supuesto, Susi se rió de mí. “¿En que te basas?, todo el mundo sabe que Andalucía viene de Al-Andalus“, vino a decirme.

Preguntas como “¿de dónde has sacado eso?” o “¿qué pruebas tienes?” molestan un poco cuando se trata de cosas evidentes, como por ejemplo Chaves. ¿Quién está obligado a demostrar lo evidente?. Pero aquí Susi tenía razón: puesto que todo el mundo sabe cómo llamaron los árabes a la zona de la Bética cuando la conquistaron, parece evidente que el castellano extrajo el término árabe, le puso un sufijo como se hizo siempre (entre tantos ejemplos, Tusrkistán o Alemania) y utilizó esa regla universal que consiste en ahorrar saliva (los asturianos ahorramos mucha con el bable, por ejemplo para decir “por favor, ¿podría repetirme usted qué es lo que ha dicho, que no he podido entenderle?, gracias” fruncimos el ceño y gritamos un simple “¡qué ye oh!“).

Sin embargo, yo tenía la respuesta perfecta: “No lo sé, pero si Barón Rojo la llama Vandalucía, por algo será”. De nuevo y por supuesto, Susi se rió de mí. No lo entiendo, porque es evidente que Dios y la verdad son la misma cosa, y Barón Rojo y Dios también son lo mismo.

Pero como siempre, mi asombrosa capacidad para la intuición y la deducción funcionaron de común acuerdo para llegar a la verdad. ¡Y puedo demostrarlo! Lo voy a hacer ahora, pero para ello remito a quien guste de curiosear aquí y allá al Diccionario del orígen de las palabras, de Alberto Buitrago y J. Agustín Torijano, que más que como libro de consulta sirve para entretenerse del tirón, desde la A hasta la Z.

Bueno. Recordaremos de nuestros años en el instituto que los vándalos fueron una de las tres primeras tribus germánicas que cruzaron el Pirineo e invadieron y saquearon la Hispania romana. Además, éstos no se quedaron en la Bética tan sólo, sino que también cruzaron el estrecho y fundaron un reino en el norte de África. Más tarde, los visigodos acordarían con Roma eliminar a estar tres tribus de Hispania. En el caso de los alanos (que en realidad no eran germánicos sino caucásicos) fue fácil, en el de los vándalos les llevó un tiempo y en el de los suevos y otras tribus autóctonas, bastante más.

El caso es que los bizantinos, como también recordaremos, trataron de reconquistar los territorios del pretérito imperio en Italia, África e Hispania. Primero conquistaron la Mauritania de los vándalos, y luego el sur de la península a la que llamaron Vandalucía o “tierra de los vándalos”. Los visigodos también expulsaron a los bizantinos, pero tal vez perviviera el topónimo porque cuando irrumpieron los árabes llamaron a la zona Al-Andalus. “Al” es un prefijo, seguramente “la”, cosa que ya suponía, pero que confirmé cuando en un docuemntal vi que en las afueras de Jerusalem hay una iglesia ortodoxa rusa que en realidad se llama Moskovitza (o algo parecido) pero que los lugareños la llaman Al-Moskovitza.

La palabra vándalo es un gentilicio (el nombre de una tribu o nación), pero el historial típico de saqueo de estas tribus y de esta en concreto ya en el pasado remoto ha producido un insulto, vándalo, que ha dado un derivado vandalismo y un adjetivo vandálico. Es uno de muchos ejemplos de lo que llaman “envilecimiento semántico”, que los autores definen como el acto de cargar con valores negativos una palabra sin que existan motivos extrictamente lingüísticos, y ponen como ejemplos hortera, idiota o pánfilo (no creo que valga el ejemplo de bárbaro, porque la connotación negativa y el orígen de la palabra están estrechamente relacionadas ya en el griego antiguo, cosa que dará lugar a otra entrada en esta bitácora).

Lo más interesante del libro es que no se contenta con el orígen latino, griego, árabe o semita de tantas palabras de nuestro castellano, sino que habitaulmente indaga en orígenes más primitivos aún como es el indoeuropeo, que en sí es una lengua reconstruída y por tanto llena de suposiciones, más incluso que el celta, también reconstruída. Pues bien, vándalo viene de la voz germánica (junto con el celta, otra lengua del indoeuropeo) “wandaliaz“, que significa “el que va de un sitio a otro / el que vaga”. Muy propio para una tribu germánica que, lo mismo que los celtas, tuvieron sus siglos de movimiento y expansión tribal. Seguramente los bautizaron así sus vecinos o sus enemigos, por un procedimiento similar al que utilizaban los cheew para referirse a los lakotas: los llamaban siux porque decían que lo último que oías antes de morir era el sonido de la flecha que volaba hacia tí, siiux. Como siempre, Susi leerá ésto y se reirá de mí, mas es verdad.

Así que resulta que soy una persona muy deductiva, muy intuitiva y por ende muy inteligente, porque doy con el significado de las palabras por intuición, deducción y comparación. En vez de una bitácora que nadie lee, debería de salir en la tele: lo mismo que otros ven el futuro, yo puedo ver el pasado. Chao Susi, !y llámameo oh!.

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