Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Octubre 21, 2008

Dopaje intelectual y bioética

Archivado en: Ciencia, Filosofía, Lecturas, Sociedad — by elasturianu @ 12:21 pm

En la prensa de hoy (El País, 21 de Octubre del 2009), Mónica L. Ferrado firma un artículo sobre el dopaje intelectual dentro del mundo científico. Estamos acostumbrados a la competencia desleal en el deporte, pero no sabíamos que el mundo de los investigadores científicos fuera tan competitivo. Voy a publicar algunos extractos que harán una idea del tema y que darán lugar a algunas reflexiones por mi parte.

Por ejemplo, el subtítulo dice: “Los fármacos destinados a mejorar las aptitudes cognitivas en ancianos y mayores también caen en manos de científicos. Un 20% reconoce que se dopa”. Esto puede alertar sobre la magnitud del hasta ahora desconocido dopaje intelectual, pero además a mí me da que pensar lo siguiente: ¿es lo mismo tomarse un medicamento o una droga para paliar un dolor, controlar una enfermedad o una patología, o prevenir una enfermedad futura, que usar esos mismos tipos de sustancias por capricho intelectual?.

“…En una sociedad en la que la inteligencia es un valor, ¿qué implicaciones puede tener?…Si se reconoce valor a obras de artistas creadas bajo la influencia de drogas, ¿por qué no potenciar habilidades cognitivas como la concentración, la memoria o la vigilia para rendir más?. Si se viene consumiendo café o haciendo yoga para mejorar estas habilidades, ¿por qué censurar un posible fármaco que ayudase a rendir más?…”.

En estas líneas anteriores la autora del artículo examina algunos de los argumentos más interesantes de quienes, dentro del mundo científico, apuestan por no poner trabas al autodopaje. Pienso que siempre hay que mirar con dos ojos las argumentaciones de los tuyos, y con tres o cuatros las de tus adversarios. Por ejemplo, admitir validez moral a este argumento supondría, entre otras cosas, que: como en algunos casos vale o valió, entonces vale siempre. Sobre todo vale para lo que a mí me interesa.

Se trata de una política de hechos consumados que todo lo justifica, una argumentación fácil que pasa a crear una jurisprudencia moral de posibles consecuencias fatales, ramificadas en un árbol de problemas éticos sin límites en su extensión y en su duración. Supone además abrir la caja de pandora, una caja compuesta de un número inconmesurable de extractos históricos que validarán cualquier cosa que queramos hacer, cualquier ley que queramos aprobar.

Por ejemplo, es uno de los argumentos utilizados para defender los alimentos transgénicos. Como el hombre siempre ha manipulado por medio de selección y cruce las características genéticas de plantas y animales, y nos ha ido bien, también podemos hacer lo mismo, y más rápido, y mejor, cambiando inmediatamente y directamente los genes de las especies que nos interesa, entre ellas los nuestros. Estoy a favor de hacerlo en casos extremos donde haya urgencias o emergencias, o para producir fármacos o curar enfermedades, pero otra cosa es generar niños más guapos o más inteligentes.

Alerto de que existe por parte de los cradores de opinión una intención deliberada de tapar o confundir con un argumento -medio verdadero, medio falso- un motivo oculto, que es el de hacer dinero sin importar consecuencias ecológicas o laborales. ¿Qué mejor argumento que una verdad a medias?. Habría que prevenir sobre este modo de pensar, el cual los científicos nos cuelan continuamente, junto con otros muchos divulgadores de la ciencia como Eduard Punset, creando una opinión pública favorable a que se investigue todo sin dirección ni límites. Tal vez estaría dispuesto a que no hubiera límites a la investigación científica, porque nunca se sabe de dónde puede salir una nueva utilidad médica o tecnológica, pero estoy en contra de que los descubrimientos y avances puedan aplicarse a todo. En un mundo donde al menos el 75% de la investigación científica está en manos privadas -si usamos EE.UU. como referente-, ese todo significa todo lo que de dinero a los magnates de farmacéuticas y transnacionales de los transgénicos, sin contar con que el que la investigación esté en manos de la administración pública tampoco asegura la ética de sus aplicaciones, y veáse si no la venta de armas a países donde no se respetan los derechos humanos.

Los hechos históricos son hechos consumados, y si, por ejemplo, gracias a la tecnología militar apareció internet, sólo cabe decir que no hay bien que por mal no venga, al revés que el refranero popular. Siempre se puede encontrar maneras éticas de investigar. Por ejemplo la medicina se desarrolló durante siglos a golpe de herramientas como la sierra en medio de las campañas militares, y esa necesidad de ser crueles con nosotros mismos ha llevado a que la presión de colectivos con conciencia hicieran las luces de cierto científico investigador, que empezó a cruzar ratas en el laboratorio y dio con un modelo de rata blanca que a efectos prácticos funciona fisiológicamente y mentalmente como el hombre. Gracias a eso ya no necesitamos probarlo todo en nosotros antes de extenderlo como bien social. Cuando algo se hace mal, siempre hay un remedio, no vamos a seguir haciéndolo siempre mal, y no deberíamos dejar que nos vendan la moto para hacer siempre lo que les reporta beneficio económico, satisfaciendo así su compulsiva instatisfacción hedonística.

El artículo continúa: “… si se admite la cirugía estética, ¿por qué no la psiquiatría estética?… “Es como el maquillaje, hay quien lo querrá utilizar para seducir intelectualmente o quien quiera tapar sus errores”, afirma Antoni Bulbena, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital del Mar de Barcelona.”

Tal vez nos hayamos acostumbrado tanto a la cultura de la belleza que nos hemos olvidado de que hemos de asumir ser cómo somos y asumir también, entre otras cosas, la vejez. Como sigamos en esta línea caprichosa, la humanidad pronto no estará preparada para afrontar las dificultades. Por ejemplo, un aumento repentino de las aguas provocaría millones y millones de muertos, sin contar las guerras, que a diferencia de las acutales, esta vez sí serían necesarias pora asegurar los recursos que empezarían a escasear. ¿Puede una sociedad de ególatras bien criados y consentidos sobrevivir en un mundo donde las leyes éticas como la ley de la vida pasarían a ser secundarias?. Pues sabido es que los principios morales sólo funcionan cuando las necesidades básicas se hallan cubiertas. Lógicamente, los habitantes del tercer mundo y los inmigrantes lograrán imponerse, y merecidamente, a esta sociedad de hermosísimos tontos, que comentamos con pasión las vicisitudes de la princesa mientras compramos en la carnicería, o si Raúl ha de volver a la selección mientras tomamos el vermut en el bar.

Las siguientes líneas extraídas de este artículo van en esta línea, y hablan de esos “potenciadores intelectuales”, que ya no son ciencia-ficción sino una realidad sobre la que reflexionar y debatir, y sirven para finalizar este discurso bioético. Y es que, como decía una viejecita de ciento un años mientras sudaba diez quilómetros en su bicicleta estática, “si no duele no vale”.

“…El yoga puede ser un buen entrenamiento mental para incrementar el rendimiento y nadie lo critica, quizá porque requiere un esfuerzo. Sin embargo, parece que el uso de potenciadores hace desaparecer ese componente de esfuerzo.”

Bueno, reconozco que cuando me pongo serio me vuelvo aburrido, pero finalizo ya. Antes, invito a todos los que os interese la bioética a pasarse a las lecturas de ciencia-ficción, donde se reflexiona a menudo sobre sociedades que ya no son tan futuras, donde la población se halla dividida en guapos y feos, listos y tontos, superdutados y acomplejados, donde la sociedad es perfecta y no da lugar al cambio, o donde los robots nos lo hacen todo y no necesitamos mover el culo para nada.

Febrero 13, 2008

Pensamientos y ondas electromagnéticas

Archivado en: Ciencia, Filosofía — by elasturianu @ 6:52 pm

Estoy vigilado por un montón de cables conectados a una máquina. Hay un científico loco que me pide que piense en un lugar bonito que conociera en el pasado. Voy a pensar en un lugar al que fui de camping con mis padres cuando era niño, las Foces del río Cares, en Asturias. Acabo de pensarlo: acabo de recordar las imágenes y las emociones resurgen en mi interior.

El científico me dice que mi cerebro, en el momento en que recordé las Foces del Cares, emitió una onda electromagnética concreta, precisa, diferente del resto de las que pululan por el espacio.

El investigador me vuelve a preguntar por el Cares, y resulta que vuelvo a emitir una onda electromagnética, exactamente la misma. Pero luego me pregunta por Llanes.

- Sí, lo conozco -le digo. También visité Llanes de niño y de adulto-. Es muy bonito.

- Acaba usted de emitir una onda distinta a la anterior.

Pero yo no estoy conforme, le replico que algo tendrá que parecérse a la del Cares porque también está en Asturias.

- O porque ambas salen de su cerebro -me replica él a mí.

Así pues el pensamiento es energía, ondas electromagnéticas. ¿Cómo se consigue?, ¿con una confuguración de neuronas específicas?.

- No, no puede ser, es inviable, habría que reconfigurar continuamente el cerebro, conectarlo todo con todo, y en la naturaleza triunfa lo simple -me dice, si bien yo tenía entendido que la sinopsis cerebral continuaba creciendo día a día, pero no le replico. Él sabe mucho más que yo de cables en el coco.

- ¿Con una molécula para cada pensamiento?.

- Eso sería más simple, pero lo sería tanto que no existiría el arte, la evolución de las ideas, ni Freud ni Bakunin, porque no habría moléculas suficientes para lograr la creación y la innovación -la rata nunca habría llegado a ser el homo, pienso mientras me instrucciona ese científico ácrata y loco.

Y hay más enigmas:

-¿Qué es una onda electromagnética? No es nada: no está constituída de materia, son fotones, es decir, las partículas de energía cuya masa es nula, que son las responsables de toda radiación electromagnética y que saltan al espacio cuando el electrón de un átomo salta a un orbital de menor energía.

Sus palabras llevan a otro enigma cerebral más, que no me atrevo a preguntarle, por miedo a que me tome por un simple alumno de la LOGSE. Y es que hablando de fotones, resulta que son las partículas de energía más pequeñas posibles, el cuantum de la energía, lo indivisible. Observemos qué magnífica paradoja: con un solo fotón el cerebro crea una onda electromagnética peculiar, una imágen única, un pensamiento diferente al tuyo, pero si pienso en otra cosa distinta emito otra onda distinta y por tanto un pensamiento distinto con un fotón idéntico al anterior.

- Cuanto más sabemos, menos entendemos -me dice el investigador nanosónico, que sale de mi imaginación.

- Esa sería la mejor definición de lo que es la sabiduría -apostillo-, y cuando llegamos a no entender nada de nada, vamos y la palmamos. Si la vida no es absurda, que me aspen.

Pero cuanto más absurda, más misteriosa. Eso sí que es la belleza.

Agosto 28, 2007

El druida () Morgan Llywelyn

Archivado en: Ciencia, Filosofía, Guerra, Historia, Lecturas, Libertad — by elasturianu @ 11:50 pm

La sinopsis de esta novela es lo de menos, por eso la dejo para el final. Lo importante es que al leerla he conseguido transformar en palabras algunos conceptos que permanecían aletargados, inmaduros o si quiera no formualdos en mi pensamiento, “en la punta de la lengua”, como se suele decir.

Por ejemplo, la idea de pauta. Llywelyn nos la introduce comparando el movimiento de un erizo con el movimiento o los gestos de Ainvar, que es el protagonista aprendiz de druida y también el propio relator de los acontecimientos, centrados en la Galia que Julio César conquista.

Le explica Menua, su druida instructor, que un erizo tiene sus propios y peculiares movimientos, su propia manera de andar y de actuar, distinta de la de otros animales. De la misma manera, Ainvar posee unos movimientos propios y peculiares como hombre (o muchacho) y también como Ainvar, como el individuo diferenciado que es. Dicho en una sola palabra, el erizo tiene una pauta, y Ainvar tiene otra.

Sin embargo, Ainvar no se ajusta a ellos, es decir, Ainvar es -a esas alturas del relato- un chico patoso. Ainvar no se ajusta a su propia pauta. Y aquí empieza a sonar la campana, por lo menos para mí y para muchas otras personas, estoy seguro, algunas de las cuales quizás ojeen este aburrido blog. La idea de suerte está ligada a la idea de pauta para el druidismo de la novela. Como Menua enseña, la suerte no existe. Se suele decir que una persona no tiene suerte, pero lo que le pasa en el fondo es que no ajusta su pensamiento y su comportamiento a su propia pauta. De la misma manera, de quien sí se comporta tal como le dicta su pauta se suele decir que tiene éxito, o que la suerte le sonríe.

Con esta idea de la pauta, el galo narrador nos introduce en la manera de ser celta, en su cultura, y en la cultura y carácter romanos, que básicamente eran opuestas. El druida es una novela histórica que narra fidedignamente los acontecimientos de la guerra de las galias desde el punto de vista galo, todo un portento intelectual de comprensión, dado que la única versión de los hechos que ha quedado es la del conquistador de los galos, César. ¿Se debe esto a que Llywelyn es irlandesa, y conoce bien el pensamiento celta? No lo sé, no me molesté aún en comprobarlo.

Según el autor y su alter ego el protagonista, Julio César era fiel a su propia pauta, la de un conquistador ambicioso, implacable y sin escrúpulos, poseedor de una voluntad casi sobrehumana. Siendo fiel a la pauta que la naturaleza esculpió en sus genes, César supo explotar con éxito su gran inteligencia y otros dones suyos.

En el bando opuesto, los galos tenían una pauta bien distinta. A medida que se extendían por el mundo, expandían su cultura pero no buscaban una unidad política estatal o regia. Su pauta les disponía al respeto religioso y cultural, y quemaban sus energías en la búsqueda de la verdad y en las disputas tribales que alimentaban la virilidad de sus guerreros. De esta manera, aquel conquistador inteligente y audaz del que hablamos supo explotar ese rasgo de la división política y del enfrentamiento político, muy propio también de tantas otras culturas, por ejemplo la cultura griega o mismante nuestra propia cultura política española, que ancla sus pilares en la profunda división clasista o aristocrática que existe desde la romanización en España.

Un pequeño alto en este discurso para llevarnos a un matiz. Desde el conocimiento que tengo como aficionado de la historia antigua, puedo decir que el autor no solo comprende bien el pensamiento druidesco, el modo de vida celta primitivo, o el alma romana y gala, además parece tener un conocimiento preciso de datos, costumbres y aconteceres. Sin embargo, ¿alguien podría explicarme de donde salió esa teoría de que los belgas eran germanos celtizados?.

Bien, la idea de pauta no es la única idea genial deslizada en estas páginas. Es una idea que emparenta de cerca con otras muy bien expresadas en los conceptos de la norma, o de la fuente. La fuente y la norma son lo que el creador es a las leyes de su propia creación. Vamos a explicar un poco esto.

Los historiadores modernos han contabilizado una cantidad increíble de dioses adorados por los celtas. Creo haber leído tres mil dioses. Me imagino que aquí se habrán computado no solo los dioses citados por los clásicos y archivisibles en la toponimia europea, como son Lug, Taranis, Belennos, etc., también habrán añadido deidades preromanas adoradas en el mundo céltico como Bandua, que se adoró en Hispania y que, sin embargo, es una deidad indoeuropea pre-celta que sobrevivió a la celtización y a la romanización -y que, como curiosidad, nos ha legado la palabra “bandido” (pero no “bándalo”, que viene de la tribu germana de los vándalos).

Sin embargo, los mismos romanos dijeron que los druidas adoraban a un único dios con múltiples formas, y prueba de ello es que celebraban sus ritos en todo lo que plasmase en el alma la visión del centro: un claro rodeado de árboles en un bosque denso, una montaña que dominase el paisaje o una isla, como la isla de Man donde existía en la antigüedad una escuela de druidismo. Esa idea de que los celtas eran politeístas es tan errónea como la idea de que el cristianismo es monoteísta; si esto último fuera cierto, la Iglesia no podría haber impuesto su culto a una población politeísta sin estratagemas como la de crear montones de santos y de vírgenes, seguramente tantas como lugares de culto pagano se encontró.

Tal vez, como dice la novela, los celtas adorasen una única fuente con muchas formas. Tal vez por eso el cristianismo caló con fuerza en Irlanda, porque en el fondo había un monoteísmo en la Céltica que se vestía de muchas formas para los días de fiesta o de sacrificio. Yo creo que el celta vulgar y corriente, no muy instruído pero seguramente no tan tonto como pensaban los cultos y engreídos romanos, adoraba al dios al que más afecto le tenía, o al que correspondiese a su propio totem tribal o personal, de la misma manera que cada polis griega adoraba a su dios o diosa -o “patrón/a” en términos más modernos- y, del contacto de unas polis con otras surge la génesis griega y con ella su politeísmo. Creo que, lo mismo que Homero unificó con sus narraciones en un panteón a todos los dioses de los griegos, los propios de los griegos indoeuropeos como Zeus o Apolo con los pretéritos de la edad de Bronce como Pytón, los druidas unificaban las creencias de su pueblo en un solo dios con múltiples rostros, al que adoraban en el centro de algo como así lo impone la propia naturaleza de fe que se supone ha de darse a un creador, si lo es como es debido. Es decir, creo que los druidas debieron de ser el elemento unificador de la extensa céltica, quizás el único elemento humano consciente, y por eso contaron con la persecución religiosa, la de unos romanos que habitualmente permitían la libertad de culto.

Y aunque esto no son más que las especulaciones de un aficionado curioso, que enseguida finalizo, también creo que el druidismo no se extendió por toda la céltica, pero sí en cambio creencias semejantes. Me baso en que los romanos dejaron constancia escrita de los druidas galos, bretones e irlandeses, pero no hablaron en ningún momento de druidas en Hispania. Sin embargo, los celtas colonizaron directamente o dejaron una impronta permanente, aún rastreable por historiadores, arqueólogos o filólogos, en toda Hispania excepto en las zonas dominadas por los íberos. ¿No tuvieron tiempo los romanos de percatarse de si había o no druidas en la península? ¿Se perdieron todos los escritos al respecto?

Mi opinión es que los celtas se mezclaron más en la península ibérica con culturas anteriores, como son la megalítica y la indoeuropea de los campos de urnas, o la cultura de los campos de túmulos. Como se sabe, los celtas se fueron desplazando desde la Selva Negra alemana, su lugar natal, por todo occidente, y como portadores de una industria plena del hierro, desplazaron a los moradores de la Europa central indoeuropea, los cuales entraron en la península ibérica por los pasos oriental y occidental del pirineo trayendo inicialmente sus espadas de bronce, juguetes de niño ante las espadas de hierro con las que los celtas se extendieron, y que les obligaron a emigrar. La península fue el último bastión o reducto donde pudieron encontrar refugio las tribus desplazadas de habla indoeuropea no céltica. La misma forma de las cabañas de piedra de los castros europeos podría atestiguar esto. Las del resto de Europa central son de base rectangular pero en el norte peninsular se mezclan con las de base circular propias de la península. Por otra parte, el desplazamiento de tribus o naciones de lengua indoeuropea anterior a las penetraciones celtas -y debidas a estas- está constatado por la lingüística, la toponimia, la arqueología, etc., pero también por la historia, pues por ejemplo los autores clásicos dejaron constancia de los territorios cambiantes de la nación ligur, originaria del noroeste de la península itálica, que luego quedó como territorio galo.

Todo esto es historia y arqueología constatadas, pero hay un dato que me resulta muy curioso, y que pasa por las páginas de los historiadores sin el peso que ha de dársele. Y es el de que existieron tribus primitivas sin casta sacerdotal o sin individuos con función de sacerdotes. Lo digo porque los clásicos dejaron constancia de que los alanos, una tribu indoeuropea original del cáucaso, poseían religión (¡cómo no!), pero no sacerdotes, y tampoco mentenían la institución de la esclavitud, tan antigua y extendida en la antigüedad que hasta la revolución del racionalismo en Europa se consideraba innata al hombre y universal.

Sin embargo, la idea de deidad central, que es tanto como la de un creador que se manifiesta en la naturaleza bajo mútiples formas, y que así expresada parece propia de la religión celta, también está en la península ibérica, pero oculta, esperando la investigación y la comprensión. En efecto, fue Estrabón el que dijo que todas las naciones del norte hispano, que para él eran galaicos, astures, cántabros, vascones, celtíberos y las naciones celtas que habitaban entre los vascones y los cántabros -que ahora no recuerdo-, adoraban danzando en las noches de plenilunio y hasta el amanecer a un dios innombrable alrededor de sus casas o de sus fuegos -no recuerdo-. Curiosamente la Danza Prima asturiana, originaria de Llanes (concejo asturiano que caía en la zona de los cántabros), es una danza que, según investigaciones de Constantino Cabal -¿o era Fermín Canella?-, inicialmente se danzaba también en las noches de luna llena y que, como todo el mundo sabe, se baila en corro, es decir, formando un círculo, el cual se abre y se cierra a la vez por todos los bailantes -según recuerdo de mi infancia-, pero que también puede cerrarse por una parte del corro, imitando la transformación lunar o fases lunares.

Este politeísmo de la Hispania prerromana junto con esta interesante creencia religiosa para mí de naturaleza tabú, es decir, un monoteísmo tabú, un énfasis religioso puesto en el creador, es una hipótesis propia -espero- que enraiga con hipótesis ya lanzadas que leí en el pasado. Mi idea sería que en Hispania se adoraba a la manera celta (monoteísmo junto con politeísmo, la Fuente con sus múltiples rostros, como dice el libro) pero sin clase sacerdotal, es decir, a la manera de los alanos: viviendo la religión sin intermediarios, tal como se da a entender en El último soldurio de Javier Lorenzo respecto a los cántabros. Sería para mí una manera libertaria, si se me permite la analogía con lo más moderno que, aunque parezca contradictoria no lo es, tan sólo es paradójica. A mí me gusta pensar que sería así.

Y dejando ya la fuente y la pauta y las especulaciones de este medio tonto, que no sigue su propia pauta más que de vez en cuando (cuando conecta con la fuente), voy a pasar a la idea de norma, que también se expresa en El Druida. Prometo extenderme menos.

Cuando Ainvar expresa mejor la idea de “norma” es cuando narra la descripción que hace su amigo Tarvos, de profesión guerrero, de sus propios pensamientos, sentimientos y emociones durante una batalla, una concreta que libraron en el libro los guerreros de la tribu de los carnutos contra los de la tribu hermana de los senones -o de los eduos, no recuerdo bien-. Como buen guerrero que es, es decir como persona dada a la acción y no al pensamiento o la reflexión, Tarvos lo expresa de manera rápida y sencilla, pero también muy inteligente: dice que la batalla es ruido. Sólo ruido.

Ainvar, que como aprendiz de druida, como filósofo de la vida -los druidas no son simples sacerdotes, son también filósofos, jueces, maestros, etc.-, se pregunta por todo y ha de comprenderlo todo -o, en su defecto, lo máximo posible (o, en su defecto, lo mejor posible)-, le interroga a su maestro Menua por lo que Tarvos el guerero le ha descrito.

Menua le dice que es natural. La Fuente se expresa de muchas formas distintas, se la puede ver mostrándose en la naturaleza y en los acontecimientos de los hombres y cada hombre la percibe de manera distinta, acorde con su pauta. A un guerrero se le muestra según su pauta de guerrero, y a Tarvos le llama la atención el ruido de la batalla y la ausencia de pensamiento propia del éxtasis emocional y comunal del guerrero que mata a los enemigos. Serían emociones cercanas a las que experimentamos en el éxtasis rítmico de un concierto de rock cuando, en vez de ser guerreros somos fans del rock o del metal, y seguimos la pauta del rock, y entramos en conexión con la fuente de todas las cosas (Jimi Hendrix, por supuesto) siguiendo los ritmos de la guitarra, acoplándonos al estribillo. Menua le dice a Ainvar que las palabras de Tarvos son normales y comprensibles, pues “el ruido es sonido, el sonido es estructura, y la estructura es norma”. La norma -añado yo- es la voz de la fuente.

En palabras propias, la norma es la ley de la naturaleza que ha extendido el creador en su creación, y que todos los seres creados y todas las cosas creadas siguen obedientemente cuando se ajustan a su pauta propia -pues no pueden desobedecer la ley natural, que todo lo abarca. Si se desajustan, la cumplen igualmente, pues no se puede desobedecer la ley de la creación: un planeta o un átomo no puede desobedecer las leyes de la física, un hombre no puede saltarse las leyes del hombre o las de Darwin; el hombre que pasa por encima de sí mismo, o que se ignora a sí mismo, lo único que consigue entonces es hacerse daño y hacérselo a los demás, lo sepa o no. La libertad es para mí obedecer las leyes de la naturaleza, seguir el orden natural de las cosas -como se diría un anarquista-, ajustarse a la verdad -como diría un filósofo- o, como diría un devoto, obedecer a Dios.

Un bonito párrafo que sintetiza la creencia personal de un libertario religioso, un paradijma de la época trans-moderna que empezamos a vivir, querramos o no; aunque no es tan extraño si tenemos en cuenta que el asturianu que escribe este blog está un poco “lloco”, como podéis comprobar todos vosotros.

Y todo esto y mucho más, viene en el libro El druida de Morgan Lywelyn.

Sinopsis promocional: Ainvar es un jovencito devoto y temeroso de los druidas. Una noche los sigue escondido mientras se dirigen en procesión a través del bosque sagrado de los carnutos, dispuestos a ejecutar un antiguo y prohibido ritual para traer de nuevo el calor de la primavera a un invierno que se ha cebado con los galos y que se alarga y se alarga, trallendo hambre, muertes y dolor. Pero el sacrificio que van a ofrecer a los dioses es tan inesperado y desgarrador para el joven Ainvar, Ainvar el niño, que la sangre vertida sobre la piedra cambiará para siempre su vida. De esta manera Morgan Lywelyn nos acerca a La Guerra de las Galias, a Julio César, a Roma, a la República que conquistó el mundo, al mundo de la ambición y de la intriga, y también al mundo del sacrificio más devoto y doloroso, al del sacrificio humano, a la manera primitiva de entender el mundo, la vida y el hombre, a la cultura celta y a la pauta propia y peculiar de un pueblo que ambaba la tierra y la naturaleza, la guerra y las disputas, la especulación filosófica y el respeto a la libertad del individuo y a la fortaleza de su pensamiento creador y propio. El druida nos acerca a los celtas que Julio César y Roma aniquilaron para siempre, o…, no del todo.

Abril 28, 2007

El país conservador, y la ley de lo natural

Archivado en: Ciencia, Filosofía, Libertad, Sociedad — by elasturianu @ 3:39 pm

Había en tiempos pretéritos un país que se hallaba dirigido por una casta de políticos moralistas, acorde tanto con el espíritu de aquellos tiempos como con una mentalidad conservadora, seguramente pantemporal. No diré su nombre, porque su historia no acontece en el tiempo conocido, aunque sí podemos leerla en las páginas de la sensibilidad humana. No me inventaré ninguno de momento, para no herir sensibilidades delatando el parecido. No pretendo ofender, pero sí en cambio comparar, función que es la propia de una analogía o de una metáfora, si bien no sabría con cual de ellas calificar este relato. Mi intención es por tanto la de la comprensión, la mía propia pero sobre todo la de los hombres y mujeres de mentalidad conservadora de ese país, el real, para que puedan -si quieren y si no tienen miedo- abrir un poco sus mentes.

La historia de este país comienza cuando la clase conservadora estaba en el cénit de su poder. Este momento coincidió en el tiempo con el empuje de la ciencia y la tecnológica, de tal manera que por muy conservadora que fuera esta clase dirigente no podía fingir que no escuchaba las voces de los hombres sabios de la ciencia.

Estos hombres sabios descubrieron que el hombre, es decir el varón, se siente atraído por la hembra de mujer en ciertas condiciones y no en otras. Estas condiciones son que una mujer ha de tener una proporción armoniosa de las partes de su cuerpo, la cual se compone de una serie de parámetros físicos fuera de los cuales no es hermosa para el varón. La mujer podía estar normal, gorda o delgada, pero en ningún caso sus partes físicas habrían de estar desproporcionadas si es que no quería suscitar indiferencia o incluso asco entre los hombres. Por ejemplo, si tuviera un culo más grande de lo normal, el resto de los parámetros habrían de crecer en la misma proporción si quería ser deseada.

Ha de decirse, en defensa de estos hombres sabios y de su descubrimiento, que lo que le daba rigor científico era que estos gustos se habían constatado no sólo en la civilización occidental, dentro de la cual claramente se encuadraba aquel país, sino en culturas de todos los lugares del mundo, y no sólo contemporáneas sino también pretéritas. Por tanto, se consideró que era una ley biológica y no cultural, y por tanto el varón nunca podría faltarle al respeto incumplíendola, ni la mujer despreciándola. Se dijo que por eso en el caso de la mujer, muchas de ellas sufrían, dado que no tenían una silueta agradable y la sociedad las excluía, al menos en el ámbito de la sexualidad.

Otros descubrimientos menores aledaños a este también se hicieron públicos en los medios de comunicación. Por ejemplo que son más atractivas las mujeres con ojos más grandes o con los labios más carnosos. Se dijo por ejemplo que la falta de simetría en el rostro o en el cuerpo provocaba cierto repelús en los hombres, sin ni siquiera ser conscientes de ello. Por ejemplo un ojo más grande que otro, o una noriz torcida hacia un lado en su punta, lo mismo que unos labios que buscasen la cuesta de la mejilla.

El gobierno dirigente, deseoso de dar la apariencia de ir con los tiempos y no ejercer como antaño hubiera ejercido cualquier gobierno influenciado por la tradición religiosa, barajó la posibilidad de legislar sobre esto. Lo debatió largamente porque temía la oposición de los sectores progresistas de la sociedad, dado que estos siempre se habían opuesto a que la ley se inmiscuyese en la vida privada de las personas, por más razones que pudiera haber de peso para hacerlo. Por ejemplo la antigua ley contra el aborto siempre había tenido a favor el argumento de que el derecho a la vida es prioritario sobre el resto de los derechos, pero las corrientes del feminismo o del obrerismo primaban la decisión de la persona sobre el deber del estado a protegerla, a ella o a sus hijos.

Finalmente se redactó la ley, que quedó más o menos de la siguiente manera. El artículo principal establecía que conforme a la ley natural de las cosas, ampliamente constatada y contrastada por la ciencia, los hombres habían de tener relaciones con mujeres que compliesen las proporciones físicas correctas y las reglas de la belleza simétrica, y sólo con estas. Pese al rechazo de amplísimos sectores de la población, la ley se aprobó, y se hizo incluso con el respaldo de una mayoría de la gente, según parecía palparse. El pueblo había comprendido el alcance revelador de aquellas investigaciones científicas. Consideraban que era cruel, pero así lo había querido la naturaleza y el hombre no tenía derecho a oponerse, ni podía claro está, salvo que quisiera autodestruirse.

Continuará…

Marzo 2, 2007

Inteligencia artificial

Archivado en: Ciencia, Cine, Filosofía — by elasturianu @ 3:55 pm

¿Podría el hombre construir un ser computacional de una inteligencia similar o al menos aproximada a la suya? Es decir, ¿podría simular el comportamiento de un perro o un mono?.

Para empezar habría que preguntarse si eso nos interesa o no, porque lo que la tecnología y la informática pretenden es precisamente la predicibilidad del comportamiento. Los que amamos al perro toleramos y hasta admiramos esa desobediencia propia. También hay que tener en cuenta que un sistema tan inteligente como un perro resolvería los problemas que habitualmente resuelven los perros, pero también otros muchos, por lo que se perdería concrección, que es algo que las máquinas sí han logrado.

Además, la complejidad añade el elemento de la falibilidad, y es que a cambio de la posibilidad de error en el análisis de la situaciones y en el comportamiento ante tales, lo animales complejos como el hombre o el perro son capaces de resolver problemas mucho más complejos y ambiguos, los cuales no resolvería un autómata. Por ejemplo podemos decidir y actuar sin conocer todas las variables que influyen en el problema, y lo hacemos con más posibilidad de éxito de la que tendría una máquina bien programada. Pero bien es cierto que para problemas concretos, soluciones concretas, y si el éxito está asegurado con una solución simple, mejor que mejor, por lo tanto la inteligencia sería útil en otros contextos. Tal vez una máquina inteligente vendría bien en la exploración espacial, previa a la colonización, donde esta máquina cediese la solución de problemas sencillos a máquinas sencillas, y los complejos los resolviese ella misma, tal como hacemos ahora mismo los humanos.

Relacionado con la inteligencia artificial está el problema humano, esto es un montón de problemas éticos. Uno de ellos: si pareja a la inteligencia va obligadamente la emoción, ¿debería el hombre añadir la ruptura emocional propia de la vida a una psique simple como es la de la máquina? ¿Sería entonces una máquina humana?. Isaac Asimov en sus novelas argumentaba que sí, y en Inteligencia Artificial Steven Spealberg opinaba lo mismo. Hay quienes, amparándose en la ley de que el hombre es lobo para el hombre, tratan de conseguir lo contrario, que es reducir la inteligencia del hombre a una inteligencia menor, más manejable y menos independiente, conseguir un hombre productor, un hombre consumidor o un hombre pasota. Dentro de esta tendencia se encuadran la manipulación de las masas o la génesis de híbridos entre hombre y chimpancé. Opino como ese cineasta hispano-argentino que dice a través de uno de sus personajes que no tengamos miedo en inculcar ese virus que no tiene vuelta atrás, que es el virus de la curiosidad y de la inteligencia. Al fin y al cabo, si la vida una vez nace tiende a expandirse y colonizarlo todo, por qué no la inteligencia.

Otra pregunta a hacerse es si sería de verdad posible. Es un hecho que el hombre no puede comprenderse a sí mismo con facilidad. Se necesita toda una vida para comprender algo, y hay mucha gente que muere sin comprender nada. Esta paradoja resulta parcialmente superada cuando jugamos al fútbol o al chapolín: yo era un buen jugador del segundo cuando era un chaval y no tenía ni idea de las leyes físicas que gobiernan este juego. Pero esto es una resolución parcial, porque las leyes físicas aplicables a un juego son mucho más sencillas que las leyes mentales, las leyes humanas o las sociales, las leyes planetarias o las leyes de la vida. Por ejemplo Aníbal, Alejandro Magno o Julio César fueron magníficos estrategas, pero nadie pondría al mando de las legiones romanas para sofocar la rebelión de las galias al tarugo del pueblo.

Creo que hay que adelantarse a los tiempos para poder preveer las dificultades. Cuando no existían las bases de datos relacionales y estas se utilizaban sin inteligencia alguna, se contrataban informáticos no para programarlas sino para almacenar los datos. Cuando aparecieron, hubo cierta oposición de los informáticos porque les quitaría su función, pero ni esa era su función ni era inteligente una oposición así. Creo que la inteligencia artificial vendrá tarde o temprano, lo queramos o no, y hay que adelantarse para asegurar que se produzca bajo la supervisión y diseño de las leyes de la ética, que son las únicas que a largo plazo resulta constructivas para el hombre.

En los primeros años de la inteligencia artificial se dudaba si se habría de copiar la mente humana para lograr inteligencia, o de si los ordenadores habrían de trabajar a su manera. Sin duda tuvo éxito la visión de que la máquina ha de lograr sus objetivos teniendo en cuenta sus propias peculiaridades, pero no hay que olvidar que en muchas aplicaciones de inteligencia artificial están teniendo un éxito rotundo las redes neuronales, y esta rama informática existe gracias a la comparación y a la admiración que existe de las redes de neuronas existentes en el cerebro animal.

Dentro de la inteligencia artificial el tiempo también empieza a ser un factor a tener en cuenta, y con él han venido las leyes de la evolución aplicadas a la resolución computacional, y estoy pensando en los algoritmos genéticos y en la vida artificial. La siguiente fase en la búsqueda de máquinas verdaderamente inteligentes ha de ser una nueva incorporación. Hasta ahora se programa el comportamiento. Pero creo que al igual que los diseños hechos con algoritmos artificiales, el comportamiento de la máquina ha de programarlo no el informático sino la evolución de esta máquina en su entorno o con respecto a su objetivo. Lo que sí ha de programar el ser humano son las leyes que rigen los comportamientos.

Hay muchas leyes que rigen distintos y complejísimos comportamientos como el humano, el animal, el de los seres vivos, el comportamiento social o el económico. Por ejemplo se suele cumplir cierta ley que destroza un parque con un hermoso césped intacto: primero nadie lo pisa, pero como el césped esta en medio de nuestro itinerario y llevamos prisa, alguien lo cruza por primera vez por cierto sitio, el resto de la gente hará lo mismo pero no por cualquier trayectoria dentro del césped, sino por la misma que inició el primero.

Otra ley que se cumple a rajatabla y en todo lo que soy capaz de observar es la segunda ley de la termodinámica. En términos semicientíficos dice que un sistema cerrado que además no intercambie ni energía ni materia con el exterior a él acaba transformando la energía que alberga en formas de energía menos aprovechables, por ejemplo la energía luminosa en calor. La entropía de este sistema aumenta, y ésta es una medida del caos que alberga un sistema. En ese sentido la segunda ley de la termodinámica explicada en términos profanos nos da una idea de lo aplicable que es a tantas cosas: un sistema cerrado tiende al caos. Por ejemplo una casa que no se limpia, o que no se mantiene, o que no se habita, acaba deteriorándose y cayéndose. Un perro al que sus amos le niegan el contacto con otros congéneres termina siendo amargado y violento. Un país o una civilización que se cierra al contacto con nuevas ideas o al flujo de gentes acaba volviéndose intransigente, involucionista, loca, incapaz de superarse a sí misma. La razón por la que estoy en contra de la xenofobia y a favor de la inmigración es ésta: la segunda ley de la termodinámica, ¿puede encontrarme alguien alguna razón más científica, en estos tiempos en que la ciencia es el paradigma de lo sabio?.

La segunda ley de la termodinámica aplicada a la mente humana explica muchas cosas. Sin nuevas aportaciones, sin nuevas ideas, la mente se nutre de lo ya pensado por ella misma, de lo ya vivido o experimentado, y no sale de ahí. Lo más normal es que de las malas experiencias se extraigan malas lecciones, explicaciones y decisiones morales equivocadas que sólo tienen en cuenta un fenómeno concreto. Nunca podrá explicar más de lo ya explicado o aprendido si no existe una fuerza que atraiga nuevas ideas, valores o personas del exterior. Los pensamientos serán circulares, las emociones casi exclusivamente dolorosas, habrá un desarraigo con la vida porque la vida cumple la segunda ley de la termodinámica de otra forma: el organismo vivo disminuye su entropía interna a cambio de aumentar la de su exterior. Una mente así no es realmente un sistema vivo sino cerrado, no puede ver más allá de sus narices. Es el equivalente a una economía cerrada, o a un médico que cree que ya lo sabe todo sobre enfermedades y enfermos.

Una nueva ley a implementar por la inteligencia artificial, y motivo de especulación e investigación por parte de la psicología y la filosofía, sería la que llamaré le ley del propósito. Dicen que hay pocas cosas que inventar (yo no lo creo), así que seguramente ya la habrá pensado alguien con otro nombre. El lugar más evidente donde esta ley actúa es la mente humana. Podría decirse que sin un objetivo o propósito la mente humana, como la animal, se desorganiza. Esto es así porque la mente es en este aspecto reducible a un lápiz: nace con un objetivo que es el de escribir, y si no se le saca punta, no escribe y se convierte en inútil. No tiene porqué ser un gran objetivo, es decir no todo el mundo está capacitado para transformar el mundo, pero sí hay que marcarse objetivos sencillos como sacar adelante a los hijos, lograr un título, etc. A la mente animal le ocurre lo mismo: la vida en ciudad es muy aburrida para un perro. Son muchas horas solitarias para un perro adulto en un espacio tan reducido para él como un piso, sin otra cosa que hacer que dormir, y encima cuando salen a la calle se les lleva atados con correa y se les impide intercomunicarse (no siempre pacíficamente, desde luego) con el resto de perritos y perritas. Por eso yo suelo tirarle la pelota, al menos en esa hora mi perro tiene un objetivo sencillo y gratificante, coger la pelota lo mismo que si fuera una presa que corre y se escabuye.

Esta ley del propósito está considerada totalmente acientífica hoy en día, por lo menos aplicable a la vida. Se considera que si la vida tiene un propósito, entonces existe Dios, y esto ya Darwin demostró que no es cierto: la vida evoluciona hacia formas más complejas y perfectas sin necesidad de un propósito. Sin embargo para mí Dios no es una idea metafísica sino algo muy real: las leyes de la naturaleza, aquello que han de cumplir todo objeto u organismo para existir, estas leyes son las que crean nuestro universo o al menos lo gobiernan. Muchos científicos vuelven ahora a creer en la idea de Dios porque por observación e intuición se dan cuenta de que hay cierta tendencia de el universo observable a crear vida, como si las leyes que hacen que la vida exista estuvieran presentes desde el inicio del tiempo y permanecieran latentes hasta que en planetas como el nuestro se dieran a conocer gracias al pensamiento humano, que no es otra cosa que un producto de esas leyes. Si es así, todo organismo vivo que no tenga un propósito no pervive. Con esto quieo decir que puede sobrevivir o no, pero no deja sus genes a las generaciones futuras. En el ámbito humano, además de aplicable a lo tangible como es la descendencia, puede generalizarse un poco y aplicarse al ámbito de las ideas pues, como dijo Miguel de Unamuno, la única manera que de verdad tiene de sobrevivir un hombre es transmitiendo sus ideas. Hay que tener en cuenta que la naturaleza tiene sus mecanismos de poda (algunas ramas no sobrevivien), pero no veo tan claro que la poda de las ideas, como las dictaduras y las democracias pretenden, sirvan de mucho (mala hierba nunca muere, o como dedía mi profesor de historia Gonzalo Sancho, alias Pinfi, las ideas están por encima de las personas).

Hay otras leyes físicas o matemáticas que habrían de comprenderse mejor y probarse si queremos inteligencia artificial verdadera, o al menos si queremos comprender mejor al hombre o a la vida. Por ejemplo las leyes que gobiernan la mecánica de fluídos. También están leyes que la naturaleza ha seleccionado como las mejores para resolver ciertos problemas. No hay que olvidar que al seleccionar indiviudos, las leyes de la evolución natural no sólo seleccionan sus genes, también seleccionan las leyes que estos genes aplican. Por ejemplo está la secuencia de Fibbonacci, que maximiza el número de objetos albergables en un espacio limitado, muy típico en las formas vegetales, pero también en comportamientos animales como el del halcón, que gracias a esta ley centra su atención en su presa economizando el tiempo de vuelo.

Las leyes fractales son muy utilizadas en el crecimiento de las formas vegetales porque maximizan el contacto con el exterior. La ley fractal puede formularse: algo está compuesto de algos más pequeños. Un organismo fractal genera su tamaño a partir de lo microscópico y de manera exponencial con las instrucciones más sencillas. Al igual que un algoritmo de compresión de imágenes no graba toda la información de la imágen sino los parámetros que esta parece tener, desplegando la imagen original cuando queramos generarla, en el genoma humano, animal y vegetal se guardan las reglas de generación y no las disposiciones concretas con todos sus detalles. Un árbol está compuesto de muchos árboles más pequeños: un árbol es uno o más troncos, y cada tronco es una o más ramas, lo mismo cada rama hasta llegar a las hojas, pero estas consiguen distribuir sus nutrientes con la misma estructura de riego. Todo gracias a la fórmula matemática y genética de F = k * (F1 + F2), siendo F el diámetro de la rama principal, F1 y F2 el diámetro de las dos ramas hijas (o más si las hubiera) y k la constante que para los árboles es 2, para el sistema circulatorio humano es 2.7, y para los pulmones es 3. Podemos comprobar como el sistema fractal optimiza el transporte y abastecimiento de nutrientes a todas las células del cuerpo con un volúmen inferior al 3% del total en nuestro sistema circulatorio, y estas y otras curiosidades podemos verlas en esta página o, por supuesto, en la excelente enciclopedia de Wikipedia.

Por cierto que la formula anterior está incompleta porque ha de tenerse en cuenta que su aplicación ha de tener un límite, es decir hay un número máximo de iteraciones. Esto es lo que hace que exista mucha vida y poco cáncer relativamente. El mismo ADN, como sistema fractal, tiene un número máximo de reproducciones. Si se cumple esta cota, existe la reproducción de las células y la vida, pero si no, llega el cáncer (la reproducción sin freno, algo así como lo que hace el hombre capitalista con el medio ambiente). Por cierto que el ADN es un nudo (ver teoría de nudos) que una vez cerrado no se puede deshacer salvo que se rompa para reproducirse (o tal vez sí pero con mucho tiempo por delante, pero no lo sé), y los virus son tan peligrosos porque alteran la estructura de nudo del ADN para reproducirse ellos mismos, que por sí solos no pueden (seguramente tienen una codificación genética que implementa una secuencia de los tres movimientos deReidemeister necesarios para cambiar la estructura de nudo del ADN).

Los fractales no sólo existen en la naturaleza viva según la definición clásica, por ejemplo en las redes neuronales del cerebro, en el sistema digestivo (implementando una superficie plegada con la misma funcionalidad que el estómago, aumentan el contanto con los nutrientes y los procesan primero). Están también presentes en fenómenos planetarios como la forma de las nubes o el movimiento y secuencia de las olas, las trayectorias de los ríos o de las costas y de los contornos montañosos. Cada vez estoy más convencido que el planeta es un sistema u organismo vivo. Las leyes económicas y financieras también suelen incorporar leyes fractales, de tal manera que se están utilizando en la bolsa para predecir su comportamiento mejor que con leyes anteriores. La arquitectura y la planificación urbanística incorporan diseños fractales cada vez más a menudo, y curiosamente dan a las estructuras una total integración o simbiosis con el medio ambiente que lo rodea, al igual que las cabañas, los acueductos romanos o las iglesias lo han hecho en el campo durante siglos. No siempre los arquitectos han sido conscientes de los fractales.

Tampoco los artistas y los filósofos del pasado lo han sido, pero sí los han incorporado a sus pensamientos y a sus obras, como es el caso de dos pintores que yo sepa por lo menos. Es esto lo que me hace pensar que también el comportamiento humano o el comportamiento animal, o la simulación de ambos, habrían de incorporar las leyes fractales, hasta en campos tan alejados de lo científico como es el del simbolismo o el análisis de los sueños (¿podemos imaginarnos generación de sueños en una computadora?, pues cierta novela de ciencia ficción lo hace, por cierto expléndida, de Domingo Santos), ya que al fin y al cabo un rasgo de la fractalidad es que la parte se asemeja al todo, y en eso los sueños y el cine se adelantan a la comprensión científica a la hora de comprender la naturaleza, pues para conformar sus historias morales utilizan la capacidad de síntesis de los símbolos.

Otras leyes matemáticas presentes en la materia bológica son las que implementan formas simétricas por un lado y formas espirales por otro. En las primeras las formas básicas sólo necesitan la mitad de información genética para realizar la totalidad del ser. En las segundas la forma básica crece y se desarrolla hasta ocupar un espacio máximo, lo que me hace pensar que sería una buena ley para tratar de implementar el aprendizaje. Los celtas incorporaban la espiral como motivo en su arte, ellos que gustaban del arte abstracto y del aprendizaje escolástico más incluso que los griegos, solo que a diferencia de estos no apreciaban la transmisión de ideas a través de la escritura sino a través de la comprensión individual. Precisamente esto es lo que un símbolo exige al que lo experimenta: descifrarlo, comprenderlo por el mismo, a la vez que lo experimenta. La espiral codifica visualmente la idea de aprender, la cual supone evolucionar desde el aprendizaje básico o inherente al organismo hasta alcanzar la comprensión de un fenómeno dándole vueltas sobre este, de la misma manera que un perro curiosea un bicho u objeto nuevo dándo vueltas a su alrededor. Esto permite verlo desde todos los puntos de vista, una y otra vez, es decir, refinar y reaprender. Pero a la vez no es un pensamiento circular, porque no se queda dando vueltas indefinidamente sin avanzar, sino que ocupa el máximo espacio que se le permite.

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