Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

junio 14, 2010

Sincronicidad

Archivado en: Psicología,Sueños — by elasturianu @ 10:03 am

Si le das una patada a un perro, o te muerde o huye. El que te muerda es la consecuencia de la patada, que es la causa. B y A son dos hechos relacionados por la causalidad.

     Si doblas una esquina y te encuentras con Feliciana, tu prima, a quien no veías hace diez años, te llevas una gran sorpresa. Dos hechos que juntos te sorprenden. Giraste en la esquina de la floristería en vez de cruzar la calle para comprar el periódico antes de que salga el tren y no después, cuando llegues a tu destino, por ejemplo, Candás. Si antes de doblarla te hubieras agachado a atarte los cordones del zapato o a rascarte la oreja -y qué tonto eres si te rascas la oreja agachado y en medio de la calle-, no te hubieras encontrado con Feliciana. Cosas de vivir bajo las leyes del caos. Lo importante es que ambos hechos están relacionados por la casualidad.

     Si una mañana a las diez te despiertas con un sueño en el que despedías a una amiga que se marchaba en barco, y unas horas más tarde, mientras trabajas, te viene una tristeza repentina y tan honda que te hace llorar sin saber muy bien el motivo, entonces te pasó lo mismo que a una amiga de uno. Puede acontecerle a cualquiera, porque nuestro inconsciente tiene esos caprichos de melancolía; todavía no está relacionado nada con nada.

     Ahora bien, esta chica que en el sueño se embarcaba para no recuerdo qué isla del inconsciente de mi amiga, se murió fortuítamente esa misma mañana, sobre esa hora del llanto. Vamos a poner a mi amiga el nombre de Matilde y a la suya, ya muerta, el de Anabel; por aquello de mantener los anonimatos y de no aburrir al lector con las mismas palabras siempre. Matilde hacía tiempo que no veía a Anabel y no eran amigas íntimas, sólo amigas.

     Cuando Matilde me contó todo, tuve que extraerle la información de a qué hora se despertó, a qué hora se enteró de la muerte de Anabel y a qué hora murió ésta. Hasta que yo no indagué todo esto, mi amiga no era consciente de estas proximidades en el tiempo de los tres acontecimientos.

     Cualquier lector sabe de casos parecidos o al menos con ese toque de lo extraño, toque similar a estos tres hechos: el sueño de Matilde, su llanto y la muerte de Anabel. Si es escéptico pasará página o buscará explicaciones plausibles; es posible que las encuentre. Pero una vez encontradas, habrá de explicar otros dos hechos distintos que le pasó a otro lector el seis de Marzo, y otros dos que me pasaron a mí el día del cumpleaños de Puki y dos más que a tí te sucedieron la noche en que te quedaste a estudiar hasta las cinco de la mañana. El lector creyente en el más allá tiene una explicación sencilla, demasiado fácil. No me convencen ni la del creyente ni la del escéptico, y lo más razonable que he encontrado es la teoría de la sincronicidad de Carl Gustav Jung.

     La sincronicidad no es fácil demostrarla científicamente, pero es una teoría racional. Me gusta que sea cognoscible y que haya sido estudiada con rigor por algunas personas, Jung y otros. Dice que la casualidad y la causalidad no son la única manera en que los fenómenos o hechos de la naturaleza se relacionan. Existe otra, la cual podría explicar muchos fenómenos extraños y algunos paranormales. Qué palabra más denigrada y horrible. Según esta teoría, el sueño, el llanto y la muerte acontecidos y aquí comentados se relacionarían por el significado o por la finalidad de todos ellos sumados entre sí, y dentro del contexto de estas personas.

     Como dije, Anabel y Matilde no eran especialmente amigas. Pero mentí, porque ésta es una opinión que me mencionó Matilde mientras me contaba todo. En mi opinión, sólo si Anabel era más importante para mi amiga de lo que ésta suponía hasta entonces, puede comprenderse algo tan extraño. Así se lo hice saber a Matilde, lo meditó y lo aceptó. Desde entonces pienso que estos hechos se relacionaron entre sí por la finalidad para la que acontecieron. Es difícil pensar en finalidades porque acostumbramos a pensar en motivos o en la casualidad.
No creo en la vida después de la muerte. Pero un fenómeno sincronístico como este que relato, recibe ahora una explicación racional y cognoscible: hay en la naturaleza cierta intimidad entre algunas cosas que ocurren. La probabilidad y la teoría de la patada y el mordisco no lo explican todo.

13 de Junio del 2010
José Luis Mulas Hernández

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