Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Octubre 30, 2008

El corazón de las tinieblas, y El hombre duplicado

Archivado en: Cine, Lecturas — by elasturianu @ 4:34 pm

El corazón de las tinieblas arranca en la cubierta de un barco anclado a la orilla del Támesis, Marlow se sienta y comienza a hablar de su viaje río a través hasta el interior del África conlonial. En este periplo que debería de estar lleno de aventuras, sin embargo Marlow oye hablar una y otra vez de un tal Kurtz, que trabaja para su misma compañía. Todo el mundo está fascinado por Kurtz, blancos civilizados y negros salvajes, quienes lo idolatran como a un dios. Kurtz ha de ser un hombre extraordinario y con profundo conocimiento de la vida, y Marlow quedará eclipsado por su personalidad mucho antes de conocerle, y mucho después de dejarle.

Los siguientes dos primeros extractos son de El corazón de las tinieblas:

“…La vida es algo gracioso, ese acuerdo curioso de la lógica despiadada por un propósito fútil. Lo más que se puede esperar de ella es un poco de conocimiento de uno mismo, que llega muy tarde, y una cosecha de remordimientos que no se extinguen. He luchado a brazo partido contra la muerte. Es el torneo menos emocionante que podáis imaginar. Tiene lugar en una tristeza impalpable, sin nada por debajo de los pies, sin nada alrededor, sin espectadores, sin clamor, sin gloria, sin el gran deseo de victoria, sin el gran miedo a la derrota, en una atmósfera enfermiza de escepticismo tibio, sin demasiada fe en tu propio derecho, y todavía menos en el de tu adversario. Si esa es la forma de la sabiduría final, entonces la vida es un enigma mayor de lo que algunos de nosotros pensamos. Estuve a la distancia de la achura de un pelo de la última oportunidad para pronunciarme, y descubrí con humillación que probablemente no tendría nada que decir. Ésta es la razón por la que afirmo que Kurtz era un hombre extraordinario. Él tenía algo que decir. Lo dijo. Desde que yo mismo me había asomado al abismo, comprendo mejor el significado de su mirada, que no podía ver la llama de la vela, pero era lo suficientemente amplia para abrazar el universo entero, suficientemente penetrante para atravesar todos los corazones que laten en las tinieblas…”

Con el extracto vemos enseguida ni una sola palabra sobra, porque todas ellas juntas agitan esos corazones que laten en las tinieblas, preguntándoles si viven para algo, o solo para morir, y preguntándoles también si tienen algo que decir a los demás.

“…qizás toda la sabiduría, y toda la verdad, y toda la sinceridad, están comprimidas en un instante inapreciable del tiempo en el que atravesamos el umbral de lo invisible…”

La vida, el conocimiento y la muerte. Pero la virtud de este libro y de este autor, la de traernos una reflexión muy importante, quizás la más importante de todas, y de hacerlo con elegancia, también viene peguada a su mayor defecto. Este es el de de una lectura densa, guiada por un monólogo incansable. El corazón de las tinieblas contiene reflexión y sólo reflexión. La reflexión es un torrente que no descansa, no hay puntos y apartes donde dejar la lectura para la mañana siguiente, y vale más no leer de noche, antes de apagar la luz, porque lo cansado que estamos puede llevarnos a despreciarla o a tomarla por aburrida.

Alguien que haya leído El hombre duplicado, de José Saramago, pensará que tal vez se parezcan. Nada más lejos de la realidad. En este estupendísimo libro, Saramago también regala escasos puntos y aparte, pero no marea con los diálogos -tampoco Konratz lo hace mucho-, y lo más importante, hay una acción clara e interesante que nos ancla en el personaje y en la historia. Y la historia de Saramago es de lo más intereante: un hombre aburrido, maestro de historia en una ciudad anónima, descubre viendo una película que tiene un doble exacto a él. Misma cara, mismos lunares. Su vida cambia en ese instante, como si fuera un motor que arranca a trompicones y pide guerra, después de haberse pasado diez años en el garaje. Motores así no existen, y tampoco hombres duplicados. Y esa es la reflexión que Saramago transmite a través de esta historia paradójica, y no a través del verbo y del lenguaje: ¿qué somos, si ya no somos únicos?.

Respecto a El corazón de las tinieblas, otras páginas os pueden dar una visión más amplia que toca los aspectos:

- El corazón de las tinieblas, la colonización y los derechos humanos.
http://www.caam.net/es/exposiciones/b11/2004/ex_tinieblas.htm

- El corazón de las tinieblas, y su adpatación cinematográfica más famosa: Apocalypse Now, película mítica de Francis F. Coppola.
http://www.espacioblog.com/thecornerbookshop/post/2006/05/04/un-viaje-el-corazon-las-tinieblas

Octubre 21, 2008

Dopaje intelectual y bioética

Archivado en: Ciencia, Filosofía, Lecturas, Sociedad — by elasturianu @ 12:21 pm

En la prensa de hoy (El País, 21 de Octubre del 2009), Mónica L. Ferrado firma un artículo sobre el dopaje intelectual dentro del mundo científico. Estamos acostumbrados a la competencia desleal en el deporte, pero no sabíamos que el mundo de los investigadores científicos fuera tan competitivo. Voy a publicar algunos extractos que harán una idea del tema y que darán lugar a algunas reflexiones por mi parte.

Por ejemplo, el subtítulo dice: “Los fármacos destinados a mejorar las aptitudes cognitivas en ancianos y mayores también caen en manos de científicos. Un 20% reconoce que se dopa”. Esto puede alertar sobre la magnitud del hasta ahora desconocido dopaje intelectual, pero además a mí me da que pensar lo siguiente: ¿es lo mismo tomarse un medicamento o una droga para paliar un dolor, controlar una enfermedad o una patología, o prevenir una enfermedad futura, que usar esos mismos tipos de sustancias por capricho intelectual?.

“…En una sociedad en la que la inteligencia es un valor, ¿qué implicaciones puede tener?…Si se reconoce valor a obras de artistas creadas bajo la influencia de drogas, ¿por qué no potenciar habilidades cognitivas como la concentración, la memoria o la vigilia para rendir más?. Si se viene consumiendo café o haciendo yoga para mejorar estas habilidades, ¿por qué censurar un posible fármaco que ayudase a rendir más?…”.

En estas líneas anteriores la autora del artículo examina algunos de los argumentos más interesantes de quienes, dentro del mundo científico, apuestan por no poner trabas al autodopaje. Pienso que siempre hay que mirar con dos ojos las argumentaciones de los tuyos, y con tres o cuatros las de tus adversarios. Por ejemplo, admitir validez moral a este argumento supondría, entre otras cosas, que: como en algunos casos vale o valió, entonces vale siempre. Sobre todo vale para lo que a mí me interesa.

Se trata de una política de hechos consumados que todo lo justifica, una argumentación fácil que pasa a crear una jurisprudencia moral de posibles consecuencias fatales, ramificadas en un árbol de problemas éticos sin límites en su extensión y en su duración. Supone además abrir la caja de pandora, una caja compuesta de un número inconmesurable de extractos históricos que validarán cualquier cosa que queramos hacer, cualquier ley que queramos aprobar.

Por ejemplo, es uno de los argumentos utilizados para defender los alimentos transgénicos. Como el hombre siempre ha manipulado por medio de selección y cruce las características genéticas de plantas y animales, y nos ha ido bien, también podemos hacer lo mismo, y más rápido, y mejor, cambiando inmediatamente y directamente los genes de las especies que nos interesa, entre ellas los nuestros. Estoy a favor de hacerlo en casos extremos donde haya urgencias o emergencias, o para producir fármacos o curar enfermedades, pero otra cosa es generar niños más guapos o más inteligentes.

Alerto de que existe por parte de los cradores de opinión una intención deliberada de tapar o confundir con un argumento -medio verdadero, medio falso- un motivo oculto, que es el de hacer dinero sin importar consecuencias ecológicas o laborales. ¿Qué mejor argumento que una verdad a medias?. Habría que prevenir sobre este modo de pensar, el cual los científicos nos cuelan continuamente, junto con otros muchos divulgadores de la ciencia como Eduard Punset, creando una opinión pública favorable a que se investigue todo sin dirección ni límites. Tal vez estaría dispuesto a que no hubiera límites a la investigación científica, porque nunca se sabe de dónde puede salir una nueva utilidad médica o tecnológica, pero estoy en contra de que los descubrimientos y avances puedan aplicarse a todo. En un mundo donde al menos el 75% de la investigación científica está en manos privadas -si usamos EE.UU. como referente-, ese todo significa todo lo que de dinero a los magnates de farmacéuticas y transnacionales de los transgénicos, sin contar con que el que la investigación esté en manos de la administración pública tampoco asegura la ética de sus aplicaciones, y veáse si no la venta de armas a países donde no se respetan los derechos humanos.

Los hechos históricos son hechos consumados, y si, por ejemplo, gracias a la tecnología militar apareció internet, sólo cabe decir que no hay bien que por mal no venga, al revés que el refranero popular. Siempre se puede encontrar maneras éticas de investigar. Por ejemplo la medicina se desarrolló durante siglos a golpe de herramientas como la sierra en medio de las campañas militares, y esa necesidad de ser crueles con nosotros mismos ha llevado a que la presión de colectivos con conciencia hicieran las luces de cierto científico investigador, que empezó a cruzar ratas en el laboratorio y dio con un modelo de rata blanca que a efectos prácticos funciona fisiológicamente y mentalmente como el hombre. Gracias a eso ya no necesitamos probarlo todo en nosotros antes de extenderlo como bien social. Cuando algo se hace mal, siempre hay un remedio, no vamos a seguir haciéndolo siempre mal, y no deberíamos dejar que nos vendan la moto para hacer siempre lo que les reporta beneficio económico, satisfaciendo así su compulsiva instatisfacción hedonística.

El artículo continúa: “… si se admite la cirugía estética, ¿por qué no la psiquiatría estética?… “Es como el maquillaje, hay quien lo querrá utilizar para seducir intelectualmente o quien quiera tapar sus errores”, afirma Antoni Bulbena, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital del Mar de Barcelona.”

Tal vez nos hayamos acostumbrado tanto a la cultura de la belleza que nos hemos olvidado de que hemos de asumir ser cómo somos y asumir también, entre otras cosas, la vejez. Como sigamos en esta línea caprichosa, la humanidad pronto no estará preparada para afrontar las dificultades. Por ejemplo, un aumento repentino de las aguas provocaría millones y millones de muertos, sin contar las guerras, que a diferencia de las acutales, esta vez sí serían necesarias pora asegurar los recursos que empezarían a escasear. ¿Puede una sociedad de ególatras bien criados y consentidos sobrevivir en un mundo donde las leyes éticas como la ley de la vida pasarían a ser secundarias?. Pues sabido es que los principios morales sólo funcionan cuando las necesidades básicas se hallan cubiertas. Lógicamente, los habitantes del tercer mundo y los inmigrantes lograrán imponerse, y merecidamente, a esta sociedad de hermosísimos tontos, que comentamos con pasión las vicisitudes de la princesa mientras compramos en la carnicería, o si Raúl ha de volver a la selección mientras tomamos el vermut en el bar.

Las siguientes líneas extraídas de este artículo van en esta línea, y hablan de esos “potenciadores intelectuales”, que ya no son ciencia-ficción sino una realidad sobre la que reflexionar y debatir, y sirven para finalizar este discurso bioético. Y es que, como decía una viejecita de ciento un años mientras sudaba diez quilómetros en su bicicleta estática, “si no duele no vale”.

“…El yoga puede ser un buen entrenamiento mental para incrementar el rendimiento y nadie lo critica, quizá porque requiere un esfuerzo. Sin embargo, parece que el uso de potenciadores hace desaparecer ese componente de esfuerzo.”

Bueno, reconozco que cuando me pongo serio me vuelvo aburrido, pero finalizo ya. Antes, invito a todos los que os interese la bioética a pasarse a las lecturas de ciencia-ficción, donde se reflexiona a menudo sobre sociedades que ya no son tan futuras, donde la población se halla dividida en guapos y feos, listos y tontos, superdutados y acomplejados, donde la sociedad es perfecta y no da lugar al cambio, o donde los robots nos lo hacen todo y no necesitamos mover el culo para nada.

Octubre 12, 2008

Galaxias como granos de arena (1960) de Brian Aldiss

Archivado en: Lecturas — by elasturianu @ 5:28 pm

Se trata de una colección de relatos cortos de ciencia-ficción. Este es un género al que fuí adicto y al que le debo mi pasión por la lectura. No es la mejor colección que he leído, pero merece la pena reseñarse reflexiones como la siguiente:

El tiempo -como un elemento que puede ser sólido, líquido o gaseoso- tiene tres estados. En el presente es un flujo insasible. En el futuro es una bruma turbia. En el pasado es una sustancia sólida y vidriosa; entonces lo llamamos historia. Entonces no puede mostrarnos nada salvo nuestro rostro solemne.

Yo diría que la historia nos muestra pocas veces nuestro rostro solemne, y muchas más nuestro rostro miserable o desquiciado. En el siguiente extracto, Aldiss describe claramente la figura de un gobernante sabio, de esos que la historia da pocos ejemplos y el presente ninguno, por eso se han convertido en personajes de ciencia-ficción:

Era un hombre pálido, vestido austeramente de satén oscuro. Estaba reclinado en un diván. Sus rasgos eran desleídos, pero sus ojos trasuntaban una gran inteligencia; su voz era aflautada. Aunque su pose sugería sopor, erguía la cabeza en una actitud alerta que no escapó a tu atención.

Os examinó sin prisa, sopesando a cada miembro del grupo, y al fin te interpeló como si fueras el líder.

-Bárbaros -dijo sin más preámbulos-, con la locura de vuestros actos habéis sembrado estragos.

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