Este es un estupendo documental sobre la naturaleza y nosotros mismos, de esos pocos que no aburren, al revés, a los que encuentran aburrido el género de los documentales, y yo me incluyo porque suelo ser bastante perezoso con este género.
Habla de un hombre que detestaba una vida convencional en un mundo convencional de asfalto y automóviles, y que amaba a los osos “grizzly”. Todos los veranos se iba a vivir junto a ellos. Era consciente del peligro, pero no lo asimilaba, no lo procesaba, no actuaba en concordancia. Prefería ver a los osos como animales mansos, como nuestros domésticos perros de ciudad. Adivinemos qué le pasó finalmente.
La lección más interesante del film no es que un hombre medio infantil, medio ingenuo, medio loco, transpasara la barrera entre el animal domesticado y dócil que es el hombre moderno, y el animal salvaje y primitivo que es el oso pardo, y se lo comieran. Él mismo sabía cuál iba a ser su final, y no parecía importarle. Sus mismos amigos dicen que se lo estaba buscando. Preferió enfrentarse a su propia animalidad sólo en el mismo momento de su muerte. Hay dos temas de fondo mucho más interesantes sobre los que reflexionar:
El primero es buscar la razón por la cual nuestra civilización moderna, tecnológica, captialista, occidental, necesita ver postales de la naturaleza para recuperar un trozo de sí misma que ha perdido en nuestro pasado. ¿Qué vemos en los celtas?, ¿en los indios norteamericanos?, ¿en los salvajes osos o leones a punto de extinguirse?. Los celtas iban a la guerra, machacaban al enemigo y sacrificaban personas para propiciar a los dioses, no sólo fueron guerreros legendarios que, supuestamente, nos dejaron estupendas melodías. Los indios norteamericanos eran feroces con sus enemigos los colonos. Los leones y los osos matan a sus cachorros para volver a copular. ¿Es que no queremos aceptar que lo que perdimos es tan hermoso como horrendo?. Y…, ¿por qué no aceptamos que lo que somos ahora mismo es lo mismo que seguimos siendo desde siempre?. No me explico si no lo de Irak o Afganistán.
El segundo tema es que el protagonista y director del documental que se halla dentro del documental, y que murió, no murió solo. Se hallaba con él su novia, quien tenía miedo a los osos porque aceptaba el peligro real. Le insistía en que dejara de “proteger” a los osos, que por cierto no necesitaban protegerse en un espacio protegido. Aún así…, se quedó con él hasta el momento de su muerte. Se sabe que el amor es ciego, pero… ¿es tonto?.
Pero si lo fuera, también está en su derecho.