Entre las cosas buenas que le veo a este relato es que está escrito por un historiador que no inventa nada. Es de agradecer porque a menudo se reinventa la historia, si bien esto es más habitual hoy en día con la historia reciente, y menos con la remota. Pero una de las cualidades que más aprecian los historiadores en la novela histórica es que no perfile con rasgos inventados aquellos personajes que vivieron realmente y son conocidos por la historia. Ha de agradecerse a José Luis Corrales que no lo haga con Escipión, Polibio, Mario y otros.
Lo malo es que tampoco lo hace con los personajes ficticios que inserta en la historia. El personaje protagonista es un celtíbero que pasa de un bando a otro como lo hace Linto en el último soldurio, pero no se sabe muy bien las razones, o más bien estas no nos parecen razones de peso. Sus amigos hacen lo mismo, y su padre es el paradigma de saltinbanquis, en función de por donde sopla el viento. Lo curioso es que este personaje de su padre no lo hace a causa de ser alguien superficial o alguien que lucha por sobrevivir, sino que defiende siempre sus posturas morales con pasión y con creencia. Por eso se hace poco creíble. Un personaje que cree de verdad posturas contrarias sólo puede ser alguien que ha tenido vivencias fuertes que le han hecho cambiar de parecer, o alguien un poco loco.
Pero no importan demasiado los defectos de esta novela porque la narración es fluída, ágil y rápida. No presenta las florituras descriptivas que a mí no me gustan nada en una novela, esta va directamente al grano. Además, nos presenta la historia de la resistencia increíble y épica de Numancia, que resistió veinte años creo recordar el asedio romano hasta que llegó Escipión.
Las historias sobre la libertad son muy comunes y no siempre me emocionan. Sin embargo, la libertad es un viejo tema referente del ser humano, casi a la altura del amor o de la amistad. A ella van adosados valores morales como el de la dignidad, la libre voluntad de elegir el destino o el lugar en el que uno quiere vivir su vida. Sin embargo esta novela no me proporciona la reflexión que el último soldurio si hace a través de la misma historia, porque la historia de cántabros y numantinos es la misma. No me hace reflexionar si merece o no la pena vivir conforme a cómo otros quieren que vivas, a cambio de vivir, o vale más la pena claudicar.
Las bocas rápidas dirán que merece más la pena morir en libertad y dignidad, pero no es una decisión tan fácil. Nunca ha de olvidarse que cada uno de nosotros está aquí porque alguien sobrevivió, o porque alguien mató. Es decir, alguno o muchos de nuestros antepasados mató a otro y violó a su mujer, y de él somos descendientes y no del hombre muerto. Es decir, mi corazón está con los cántabros que entonaban cantos de victoria mientras morían crucificados por los romanos, o que se mataron a sí mismos y a sus familiares al caer prisioneros. Pero claro, yo no tengo esos genes, seguramente tengo los genes de los cántabros que vivieron antes que los romanos y mataron a otros de sus vecinos, pero no de los cántabros o astures que prefirieron morir libres. Y yo existo, estoy aquí y soy importante (al menos para mí).
Pienso que es una decisión que sólo se toma una vez en la vida, y nadie puede decir qué hará hasta que llegue ese momento.
[...] en: Cine y lecturas, Historia, Lecturas — by elasturianu @ 7:01 pm Una novela del autor de Numancia que gravita también sobre los mismos defectos y virtudes. Jaime de Castellnou es un noble que vive [...]
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