Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Septiembre 25, 2007

El camino de los sueños (2001) de David Lynch

Archivado en: Cine, Filosofía, Sueños — by elasturianu @ 1:42 pm

Como algunos tenemos comprobado, los sueños de las personas no son siempre exclusivamente indiviudales sino que a veces contienen imágenes colectivas a todos los hombres de todos los tiempos. La más conocida por su título original, Mulholland Drive, plasma en clima inquietante antes que terrorífico muchas de estas imágenes: la bruja, los antropomorfos que habitan en lugares bajo tierra o escondidos, los ancianos bondadosos, las sonrisas desencajadas, las persecuciones, las copias de uno mismo, y otras imágenes.

Uno de estas otras es el lugar de la muerte, que en la película es un lugar donde no existe nada o lo que existe es falso, todo es silencio, y cuya ambientación es de un rojo oscuro, apagado y con sombras, misterioso e inquietante, en un escenario de teatro.

En un sueño que apenas recuerdo, también mi inconsciente me llevó a un escenario similar. Estaba yo absolutamente solo, sentado en la primera butaca ante un escenario, el cual estaba bajo tierra. Creo que había una tecnología escondida en el edificio donde estaba dicho escenario. Este no lo recuerdo bien, creo que era algo parecido a una pantalla de cine pero la pantalla era una pared, y su color era el mismo rojo que en la película, quizás algo menos oscuro y más chillón, sin sombras, y que me producía más que terror, muchísima inquietud. Permanecí allí una eternidad, como esperando que ocurriera algo, y no ocurrió nada.

También son habituales en mis sueños pretéritos los antropomorfos. Yo los llamo así: seres con figura de hombre pero cercanos al animal por su apariencia o su comportamiento. Suelen ser peludos de cuerpo entero y de un color habitual en los animales: oscuro, marrón o negro. Lentos de movimiento, como zombis, y me persiguen o nos persiguen. Son mortales: en uno de mis sueños nos mataban uno a uno nada más tocarnos por la espalda. Son hombres que salen del interior de la tierra o de cualquier lugar inferior o escondido; a otras personas les esperan en una cueva, y son osos o directamente animales.

La interpretación no es tan difícil: podemos verlos como algunas de nuestras cualidades humanas que permanecen aletargadas o inconscientes, bien porque son reprimidas o porque nos son desconocidas. Por eso habitan en lugares bajos o nocturnos y caminan con dificultad o son como bestias casi humanas en vez de plenamente humanas: necesitan hacerse humanas, es decir, conscientes. Y para eso nos persiguen, para que aceptemos que existen, de hecho en muchos sueños por ejemplo que me han relatado, son seres mortales pero una vez nos alcanzan no nos hacen nada, porque sólo quieren hacerse reconocibles a nuestros ojos. A mí solían atacarme por la espalda, como para expresar que nos atacan por donde más indefensos estamos. Y una cosa muy común: huímos o nos escondemos de ellas, pero siempre nos descubren. Esto quiere decir obviamente que se han convertido en nuestros miedos, de los cuales huímos, escondiéndonos o dándoles la espalda como si no existieran, pero siempre acaban alcanzándonos. Yo por ejemplo me solía esconder de estas u otras figuras en lugares inverosímiles como en el interior de las paredes, porque para no enfrentarme a mis miedos me comporto de manera rara, antinatura, y no servía ni sirve de nada.

Bueno, no creo que adelante nada de la trama si digo que en ese momento en que las chicas ven la representación me quedó claro cuál de ellas dos era la que estaba soñando.

La película está llena de personajes que hacen cosas raras e inesperadas, cargadas de significado, lo mismo que en los sueños. Personajes que desaparecen sin más. Situaciones cómicas pero sórdidas. Objetos peculiares y misterioros. Y sorpresas, muchas sorpresas. Además es una película de intriga, exactamente igual que muchos de nuestros sueños, donde el inconsciente nos invita a averiguar el significado de su relato a través de la intriga de la trama que un personaje del sueño ha de resolver. El cine y los sueños se pareen mucho.

Pero quizás lo mejor de la película es que alguien que no esté entrenado en la interpretación de los sueños, en la de los suyos propios, alguien por ejemplo que piense que sus sueños son tonterías, viendo esta película y antes de que la chica despierte ya puede intuir o deducir qué es lo que le va a pasar en la vida real, es decir, cuál es el significado del sueño. Y si no alcanza a intuirlo, al menos se dará cuenta de cómo el incosciente construye el contenido de los sueños gracias a la maestría de la narración de David Lynch, quien ha hilado las tramas tal como nuestro generador de sueños hace cuando no estamos pensando en nada, por ejemplo mientras dormimos. Es decir, Lynch y nuestro inconsciente se anticipan a las cosas que vamos a pensar, a las que nos pueden suceder si seguimos con esta persona o con esta actitud, y nos introducen estas cosas alterándolas hasta construír las figuras habituales de la literatura o el cine como son la metáfora, la alegoría o el símil, e incluso siendo capaces de hilar una compleja historia digna del genio de un Shakespeare. Para mí es algo tremendamente asombroso como algo que parte de la simple evolución a animal se ha convertido en un ser artístico tan genial y creativo como nuestro incosciente, capaz de darnos lecciones morales sobre nuestras vidas. ¿Y cómo puede haber gente que, después de ver esta cinta o Fresas Salvajes, o Recuerda de Hitchcock, o tantas otras, piense que los sueños son tonterías sin sentido o al menos sin significado?. Supongo que acabarán soñando con la figura de Einstein persiguiéndolos hasta que les alcance por la espalda.

Septiembre 7, 2007

Fresas salvajes (1957) de Ingmar Bergman

Archivado en: Cine, Filosofía — by elasturianu @ 6:39 pm

Pelúcula escogida por José Luis Garci y sus colegas de Nikelodeón para poner en el último programa “¡Qué grande es el cine!”. En aquel coloquio (como buen cinéfilo que soy, me encantan estos coloquios que a todos parecen aburridos y pedantes) Miguel Marías dijo que empezó a tomarse en serio a Bergman cuando vio Fresas salvajes, mientras que sus otras películas anteriores, como El séptimo sello, sólo le parecieron interesantes. Cuando escuché esto pensé en que de nuevo los críticos le ponen pegas a todo. Acababa de ver El séptimo sello y quedé alucinado, aunque ya me esperaba que me iba a gustar mucho por las imágenes que uno suele tener de esa película. Pero claro, es que yo tampoco había visto Fresas salvajes.

Ahora comprendo a Marías, dado que en verdad esta nueva película, si fuera comparable con la anterior, sería como comparar la primera división con la segunda en cuanto a emoción se refiere. Bueno,… tal vez no debería haber hablado así de la liga de las estrellas, los galácticos y los megacracks. Pero es verdad.

El séptimo sello trata la muerte y trata la existencia de Dios, pero lo hace para resolver las dudas que todos tenemos, excepto claro los que afortunadamente para ellos no se preocupan de tamañas cosas: ¿existe algo tras la muerte?, ¿Dios existe o es una invención humana?. Pero Fresas salvajes no habla de las dudas, sino que es una cinta en la que simplemente se acoje el dolor de un hombre que siente cercana la muerte y que rememora su vida. Puesto que a mis treina y pico años ya tengo algunos de esos momentos dolorosos e irreversibles que te marcan tu vida y también tu muerte, puedo comprender al viejo de la película. El séptimo sello es una obra intelectual, existencial, pero Fresas salvajes es mucho más humana, es el testigo de una vida que se va, que en el fondo puede ser la vida de cualquiera de nosostros.

Septiembre 1, 2007

El séptimo sello (1956) de Ingmar Bergman

Archivado en: Cine, Filosofía — by elasturianu @ 12:37 am

Un caballero que vuelve de las cruzadas se encuentra en la playa con un ser extraño y silencioso que lleva tiempo siguiéndole: la Muerte.

¿Qué hay después de la muerte? Algunos creen que una vida mejor, otros como Bergman y yo creemos que no hay nada.

Ese es precisamente el hecho que da urgencia a la vida, y no sé si también el sentido que muchos no encuentran: sólo hay una vida, pasa rápido, y como tontos que somos solemos malgastarla.

Esta película pone a la Iglesia en su sitio, el sitio de los fanáticos y de los aprovechados. En un momento dado el personaje más lúcido, el del bufón, regaña al clérigo por haberles convencido para ir a la cruzada, y todo porque vivían bien, eran felices. La Iglesia no quiere la felicidad de las personas, sólo que se sientan culpables o que acepten una vida dura en espera de un vago sentimiento de que algo mejor vendrá.

Pero hay algo más. Al fin y al cabo, estas críticas y estas conclusiones están muy extendidas hoy en día: la gente no es tonta, y además es atea. El ateísmo, o esa desidia frente a la idea de Dios son tan comunes como la apatía emocional que ya se ha implantado tras tantos años de ver los horrores del hambre y las guerras en los informativos.

No hay ningún camino en la película que me lleve a ello, pero viéndola me asaltaba de nuevo la idea de que el hombre es un animal loco. Antes de ser hombre, el animal seguramente se preguntaba por la muerte: ¿por qué mueren los animalitos de mi familia? Sin embargo, su inteligencia limitada no podía comprender.

Fue hace seis malditos millones de años cuando un maldito animal -tal vez afortunado- despertó una vez de su sueño con una nueva capacidad. No era la de hacerse preguntas, su familia ya la poseía. Debió de ser la capacidad de formularlas y comunicarlas, el lenguaje abstracto. Con este don, logró algo que la compleja comuna de células nunca pudo soñar: la capacidad de comprender. Antes se preguntaba si había algo después de la muerte, dejar de vivir es muy triste; pero ahora, podría especular sobre cómo era ese algo.

Algunos vieron la oportunidad de someter a sus semejantes con el miedo y la esperanza. Pero los hombres francos consigo mismos, como el bufón, se dicen la verdad: no hay nada. Y la mirada del que agoniza ante la muerte debe ser, como él dice, el horror que se ha de sentir en el instante de comprender la única existencia eterna: la del vacío. Somos un montón de chispas que rápidamente se evaporan.

El bufón es lúcido, pero el caballero también tiene razón. Vive atormentado porque Dios no le habla. Sólo tiene para él validez aquello que se ve o se demuestra; necesita comprender -equivaldría a un hombre moderno. Y sin embargo sigue teniendo fe, no puede dejar de creer en Dios. Aunque al final se demuestra que no es lúcido ni fuerte, creo que también tiene algo de razón. Dios ha de existir, si no, no estaría en su cabeza. Los malditos curas no inventaron nada que no existiera ya antes de despertar.

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