Se trata de una excelente novela sobre la conquista por Roma de los territorios astures y cántabros, pero también de los territorios galos, númidas y de la guerra civil y el ascenso y caída de Julio César.
Siempre me resultó difícil comentar novelas largas, donde no hay una sola historia sino muchas, o donde un personaje pasa por un arco de transformación muy dilatado en el tiempo. A mí que me gusta reducir las cosas a su mínima expresión para comprenderlas, siempre me cuesta comprender de qué trata una novela de este tipo, donde se biografía a un personaje durante toda su vida, o a una familia a lo largo de los siglos, como hizo Edward Rutherfurd en Rusos. El último soldurio habla de muchas cosas, pero el mismo autor reconoce que la novela es un homenaje a la lucha de los cántabros, una lucha ya olvidada pero que se merece recordar y homenajear. Linto, su personaje y narrador, es un cántabro que se encuentra con el final de su cultura, en el final de un tiempo.
Aunque primero quiero advertir a aquellos que, como yo, nos gusta la épica pero detestamos las novelas o películas que sólo tienen épica y nada más que épica (como es el caso de El señor de los anillos en su última versión cinematográfica). No, no es una concatenación de gestas épicas aburridas donde se salvan personas o se luchan por valores como la libertad. Todo lo contrario.
Para empezar los personajes son tal como serían los hombres de su tiempo, ese tiempo donde no existía el concepto de derechos humanos. Es cierto que hoy tampoco se respetan los derechos fundamentales, pero cuando Bush quiere petróleo argumenta sobre la seguridad, la libertad y los valores democráticos. En cambio, cuando gentes como Augusto, quienes sabían que los historiadores futuros les leerían, quisieron oro, plata o hierro, no le importó admitirlo y relatar cómo mataron a centenares de miles personas, les cortaban las manos o les sacaban los ojos.
Es cierto, no hay concesiones al idealismo: los cántabros que luego lucharán por su tierra y sus vidas contra Roma, antes matan para ella, aniquilan tribus enteras de galos o germanos, esclavizan a sus mujeres o las violan. Definitivamente, Linto, el protagonista que relata su propia historia, no se idealiza a sí mismo, ni pretende hablar para lectores del siglo veinte o veintiuno.
Además Linto no habla tanto de las batallitas como de los abrazos y las bofetadas que la vida le da. Por ejemplo pasa por la muerte de sus seres más queridos, o por las tragedias provocadas por los caprichos de mujeres malvadas o simples. La vida pone a prueba el material del que está hecho. Vemos cómo se convierte en un hombre, pero también como pierde su fe o como cambia de bando según le convenga a él o a su pueblo.
Linto es el personaje de un ocaso y de una despedida definitiva Con él finaliza la cultura de los cántabros, un modo celta de entender la vida, la posesión de las tierras o las relaciones entre las personas, tal vez utilitario en algunas cosas, pero nada que ver con la visión posesiva que los romanos iniciaron para nosotros.
Bueno, el caso es que cuando ya iba finalizando la novela y estaba pensando, como digo, en que lo mejor no era la épica sino lo humano, el final me sorprende dando dos giros inesperados y de absoluta complejidad y reflexión. El final es sin duda lo mejor, un final épico que invita a pensar hasta dónde merece la pena luchar, si lo mejor para tu gente es aceptar lo inevitable y buscar la supervivencia, y a partir de dónde no se debe claudicar y merece la pena morir y desaparecer incluso de la historia.
Porque esta es la reflexión, o mi reflexión personal: ¿de verdad astures y cántabros desaparecieron para siempre? Tal vez haya cosas que no desaparezcan nunca aunque desaparezcan las personas, sus recuerdos y sus libros. La necesidad de la justicia, o el anhelo de libertad, ambos corolarios del orden natural de la vida, quizás no son tan acuciantes y exigentes como el deseo de vivir o de comer, pero sí tan permanentes y tan latentes. Porque no veo tanta diferencia entre la lucha de hace dos mil años en estas tierras o la de hace algunas décadas, en aquella de los años 34 y 36, también en estas tierras, y en otras como la de Chiapas. Como dijo una anarquista en un documental sobre la guerra civil española, aunque la gente no lo entienda, explica, ellos estaban dispuestos no sólo a morir, también a matar por sus ideas. Esta dramática frase que seguro todos entenderéis retorcidamente, es sin embargo plasmada en esta novela, donde Linto o Corocotta vive sus últimos años para matar y para morir.
Por cierto que la novela no explica quién es históricamente Corocotta. Cuando Augusto quiso ganar prestigio ante el pueblo romano tras ser proclamado emperador, se decidió a conquistar personalmente, como buen guerrero romano, a los últimos territorios libres de Hispania, los de los astures y los cántabros. Sin embargo, le resultó mucho más difícil de lo esperado y hasta enfermó, retirándose a Tarraco, continuando y finalizando la conquista su pariente Agripa. Si no recuerdo mal, les llevó diez años conquistar a los astures, y otros diez a los cántabros.
Existió un libro exclusivo sobre las guerras cántabras que desapareció, ¡maldita sea!. También desapareció la autobiografía de Octavio Augusto. Pero una de las pocas cosas que sobrevivieron es el siguiente relato real sobre Corocotta. Para los romanos éste fue un bandido cántabro que sin embargo tuvo mucho poder o influencia entre su pueblo, por lo que se piensa que fue un jefe guerrero, demonizado por los romanos. Puesto que les causaba importantes contratiempos a las diez legiones romanas que trataban de conquistar Cantabria, Augusto puso precio a su cabeza. El mismo Corocotta fue a pedir ese dinero entregandose libremente él mismo, lo que los historiadores españoles interpretan como un acto de osado y temerario valor, aunque seguramente muchos pensarán que hubo de ser un loco. Augusto, asombrado y admirado, finalmente le dejó irse.
[...] gusta esta novela además por algunas de las mismas razones que me gusta El último soldurio, de Javier Lorenzo. Por ejemplo la narración transcurre en primera persona, desde la infancia hasta la muerte. La [...]
Pingback por Historia del rey transparente (2005) Rosa Montero « Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu — Junio 23, 2007 @ 6:40 pm |
[...] a la manera de los alanos: viviendo la religión sin intermediarios, tal como se da a entender en El último soldurio de Javier Lorenzo respecto a los cántabros. Sería para mí una manera libertaria, si se me permite la analogía con [...]
Pingback por El druida () Morgan Llywelyn « Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu — Agosto 29, 2007 @ 12:14 am |
[...] en la historia. El personaje protagonista es un celtíbero que pasa de un bando a otro como lo hace Linto en el último soldurio, pero no se sabe muy bien las razones, o más bien estas no nos parecen razones de peso. Sus amigos [...]
Pingback por Numancia () de José Luis Corrales « Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu — Octubre 16, 2007 @ 11:06 pm |
A mi me gustó, de todas formas noto un poco de pancantabrismo, dejandose a asturias a un lado. En aquella epoca los territorios fueron marcados por los romanos,hasta el rio salia(sella)lo llamaron astura porque el rio que bañaba aquel territorio era el rio del mismo nombre,actual Esla y a la zona de cantabria la llamaron de ese modo porque en su mayoria la gente rezaba a la diosa Cantabria.En esa epoca solo existian tribus celtas que guerreaban entre ellas como el bien dice él y se unian todas ellas”cantabras” y “astures”para luchar contra el enemigo y no ambos territorios por separado y soberanos. De hecho la tribu vadiniense quedaria partida por la mitad con dicha frontera. Despues , tras unos siglos, astures y cantabros desaparecen para unirse y formar un reino asturiano y sus habitantes asturianos, bajo un caudillo astur, Pelayo nacido en la actual cantabria(liebana, centro cultural del naciente reino, donde se concentraba toda la cultura(iglesias) y reliquias, como el lignum crucis, traido alli por el beato astur santo toribio de liebana, esta region no fue conquistada por los musulmanes y era una fortaleza protegida por los muros naturales que ofrecian los picos de europa). dicho reino asturiano se extendia por todo el norte. Asturias de santillana, asturias de liebana, asturias de tresmiera, asturias de astorga. asturias de oviedo. Hoy en dia tenemos la comunidad autonoma de cantabria y el principado de asturias. Podemos elegir hoy en dia lo que queremos ser en un futuro, pero por dios, seamos objetivos, NO PODEMOS ELEGIR LO QUE FUIMOS. Aunque sin duda cantabros y asturianos herederos de una misma cultura.
escritu por un lebaniegu y cantabru.
Ni riu por llinderu ni amigu lebaniegu.
Comment por lebaniegu — Mayo 8, 2008 @ 9:42 pm |
Hola, gracias por comentar algo de “El último soldurio”.
Te contesto tarde como siempre. No conozco mucho de la historia medieval asturiana, pero leo bastante de historia antigua. Pareces indicar que no existían naciones prerromanas y creo que te equivocas. Los cántabros ya existían antes de la guerra contra los romanos. Un escritor griego del siglo II a. C. habló de ellos. Por otra parte los romanos tenían ojo clínico para identificar y destinguir etnias, y rara vez la arqueología moderna los ha desmentido, aunque existen algunos casos en el interior de la geografía de Hispania.
Cuando los romanos llegaban a una zona no rompían los territorios de las naciones que se encontraban. Simplemente los englobaban en unos u otros conjuntos territoriales con fines administrativos. No creo que los vadinienses quedasen separados, simplemente les debió de ocurrir lo mismo que a los astures, la frontera natural de la cordillera hizo que los romanos hablasen de astures transmontanos y cismontanos, pero no hay constancia de que la nación o la tribu se dividiera. Lo mismo hicieron con la galia cisalpina y transalpina o con la Germania.
Has dicho algo que me hace pensar: no podemos elegir lo que fuimos. Es exacto, pero nada más. Todo el mundo elige lo que fue, reinventa la historia. Por ejemplo, los políticos ultrademócratas de este país dicen que los que lucharon en el bando republicano lucharon por la democracia (tal como ellos la conciben), o se habla sin más de republicanos. Pero se olvida que muchos de los obreros que lucharon contra Franco y que se alzaron por la república no dudaron en alzarse contra ella en el 33 o en el 34. En el 33 la República no avanzaba y ellos querían avanzar. En el 34 retrocedía. Tampoco se dice que el gobierno de izquierdas de la República ordenó la represión de Casas Viejas.
Creo que las decisiones personales han de seguir dos fases: la primera es la de la cabeza en frío, a poder ser, esto es un análisis lo más objetivo posible que pueda hacerse sobre el problema que estamos sufriendo. La segunda es tomar la decisión con el corazón. ¿Qué quiere decir esto?.
Lo siguiente. Si yo viviese en tiempos de la guerra civil seguramente lo pasaría muy mal de tener que fusilar a un cura y, de tener valor suficiente, habría acabado fusilado por mis propios camaradas por pensar como pienso. Pero… ¿y qué?. Hay que poner el corazón en alguna parte. Por eso me repatea mucho la España del pelotazo, de Manolo el del Bombo o de la OT, o la Asturias de las subvenciones, pero mi corazón vibra cuando se menciona la Asturias del 34, o la guerra contra los romanos. Revivir el pasado conforme a la propia sensibilidad es otra manera puede ser otra manera de posicionarse sobre el futuro.
Comment por elasturianu — Junio 3, 2008 @ 12:12 am |