Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Febrero 24, 2007

París, bajos fondos (1952) de Jacques Becker

Archivado en: Cine, Guerra, Pena de muerte, Terrorismo — by elasturianu @ 7:57 pm

Una historia de amistad verdadera, pero sobre todo una historia de amor, de un amor instantáneo, que los bajos fondos de París convierten en tragedia. Contiene unos impresionantes primeros planos de actores tan cinematográficamente bellos como Simone Signoret (Marie) y Serge Reggiani (Raymond), que por si solos enamoran al espectador.

Sin nada que perder, Raymond decide ejecutar una justa venganza. La historia y el aspecto que el protagonista tiene de romántico y de anarquista (en el sentido peyorativo y lamentable que se nos ha dado, de asesinos de bomba o pistola) me obliga a pensar sobre esa ambivalencia humana que sustenta la pena de muerte: unos asesinatos no valen, pero otros sí.

Me niego a que legislen a favor de la ejecución máxima, pero no por respeto a la vida, la cual no considero sagrada. Todos matamos para comer, y todos mataríamos si fuera cuestión de sobrevivir, incluso a nuestros semejantes. La civilizacion que heredamos ha sobredimensionado los conceptos de vida y de muerte, lo mismo que los del bien y del mal. En eso Jacques Becker los vuelve a colocar en su justo sitio. Pero la historia cotidiana (más que la historia escrita) prueba que en el resto de las circunstancias, quitarle por ley la vida a otro hombre conlleva la normalización de la injusticia fácil, de la ejecución de inocentes por motivos políticos, personales u otros, demasiado mal para tan poco bien.

La narración cinematográfica plasma mejor que otros tipos de narración el componente del arquetipo moral, es decir del instinto moral. Raymond actúa como podría hacerlo un animal en una situación semejante dentro de su mundo: sería una justicia primitiva que un individuo humano en semejantes circunstancias extremas, y no vamos a negarlo para quedar bien, ha de ejecutar para alcanzar algo de paz. la poca que quede. Sin embargo, tal justicia o venganza aplicada al mundo social, incluso bajo el paraguas del debate mediático, se convierte en el argumento fácil y favorito de descerebrados incultos o de políticos corruptos, como algunos bien famosos del país que quiere llevar la paz al resto del mundo.

Suelo meditar mucho sobre la fuerza que tienen las historias de venganza en el cine. Creo que lo simple nos trae lo profundo, y en estas historias tan simplesel cine habla quizás de manera resontante, profunda, un eco de la palabra interior. Se trata de la necesidad que tiene la naturaleza humana, y de toda naturaleza, de volver a un estado de menor alteración, a restaurar lo que se ha roto.

Precisamente ahí es donde falla la pena de muerte. No creo mucho en la capacidad de nuestro sistema democrático de restaurar ánimos personales que sólo la misma persona destrozada puede alcanzar.

Al parecer se puede elegir democráticamente asesinar en Irak, en Afganistán o en otros sitios. Matar desde el aire es para la democracia cualitativamente distinto de matar, como en España, mediante un coche bomba, y no son, como diría el sentido común, dos actos de terror equiparables. Creo que la inocencia o culpabilidad del asesinado, lo mismo que la justicia o la injusticia del acto, nos meten en un callejón sin salida, en una espiral dialéctica que nunca acabará. Los democráticos argumentos de legalidad internacional, prevención o justicia evidencian la hipocresía de valores que tiene este sistema social que todos elegimos (bueno, yo no). Sí, traguémosnolo: la guerra es más democrática que una bomba en Barajas. Cuando hablan de terrorismo, los demócratas deberían de taparse la boca con la mano y agachar la cabeza.

Todos estos demócratas que propugnan la pena de muerte para casos de terrorismo o de asesinato premeditado no piensan en las consecuencias sociales de instaurar el asesinato. Sería complicarse más de lo que ya está de complicado, enredarse en camisas de once baras, volvernos más y más locos, y ya estamos suficientemente locos desde hace muchos cientos de años. Espero que este pensamiento mío sirva para que alguno de pensamiento acelerado y boca ultrasónica no extraiga de películas tan maravillosas como esta la idea de que la pena de muerte es justa.

Febrero 22, 2007

Morala y Carnero, condenados a tres años de prisión

Archivado en: Democracia, Guerra, Libertad, Noticias y difusión libertaria — by elasturianu @ 7:40 pm

Los dos viejos y conocidos sindicalistas de Gijón van a ser condenados a prisión por desperfectos en el mobiliario urbano. No importan las contradicciones y dudas de los testigos policiales, ni la declaración honesta de los sindicalistas, que siempre han participado en este tipo de actos obreros en los que se presiona a las autoridades competentes para defender unos puestos de trabajo cada vez más escasos. No hay nada probado, pero no importa porque el motivo del ayuntamiento es amedrentar al movimiento obrero.

Mientras que estos hombres supuestamente atacan objetos, a los soldados que atacan a personas se les paga un bonito sueldo en Irak o Afganistán y encima son héroes porque están ayudando al nacimiento de la democracia y la libertad en unos países bárbaros, y por supuesto que nadie piense que ayudan a extraer petróleo o construir gaseoductos en condiciones de seguridad. Unos son poco menos que terroristas en los medios de comunicación, y otros son los héroes españoles o americanos, los que van a crear un nuevo mundo de justicia y paz. ¿Si no la hay en Gijón, puede haberla en Afganistán?

Entrevista a Luis Antonio de Villena en La Nueva España 12 de Enero del 2007

Archivado en: Democracia, Educación, Filosofía, Libertad, Sociedad — by elasturianu @ 7:02 pm

Tomando un café en un bar y leyendo tanto para dar con alguna noticia u opinión interesante como para distraerme (la cultura relaja) di con una entrevista a un hombre que creo recordar es historiador o maestro, y en cuyas líneas todo lleva a reflexionar. Extraigo algunas de sus opiniones sobre:
1. la autoridad, que viene del latín “auctoritas”:
- “El que enseña tiene autoridad sobre el enseñado”.
- “Si voy a un curso sobre novela que da Saramago, asumo que Saramago sabe cosas de la novela que yo no sé”.
- “Si yo no acepto esa relación desigual por naturaleza, si no acepto que el profesor está por encima de mí porque sabe más que yo, tenga la edad que tenga, la relación en la que se basa la educación falla.”

2. la educación:
- “La mayoría de los chicos y chicas están pésimamente mal educados: son groseros, zafios, guarros e inmensamente vulgares (…). Antes de aprender latín, matemáticas o ciencias se aprendía a ser educado en ciertos cánones sociales. La sociedad puede estar equivocada, y lo está, en muchos cosas, pero tiene que tener unos contenidos básicos de comportamiento cívico incluso para poder rebelarte.”

3. la sociedad basura:
- “Es algo que me hace recordar aquel verso de Machado: “Qué difícil es, cuando todo baja / no bajar también “. En esta sociedad todo está rozando los límites de la basura. (…). Nunca hubo tanta incultura ni tanta zafiedad. Ignorancia siempre la hubo, pero ahora el ignorante alardea de su ignorancia.”

4. del animal racional:
- “Como decía cierto inglés, hay que distinguir la idea del hombre como animal racional del hombre como animal capaz de razón: lo cual no quiere decir que la ejerza siempre.”

5. de la democracia y libertad:
- “La barbarie todavía pone buena cara: se nos habla de democracia y de la libertad, pero el problema es que son dos palabras cuyo significado cada vez se reduce más. “Democracia” no significa poder votar a un partido entre dos partidos que se parecen mucho; y libertad no es algo inscrito en una constitución o en el frontispicio de un edificio, sino algo que tienes que notar en tu propia vida, algo táctil, vivo en tus manos.”

6. de la democracia y educación:
- “Es otra de las cuestiones mal llevadas de la democracia: está obligada a educar a todos, porque si no el voto no tiene el mismo valor. No es lo mismo un voto por publicidad que un voto por convicción. Sin educación no hay democracia, es una fifia.”

Febrero 17, 2007

El pequeño salvaje (1970) de François Truffaut

Archivado en: Cine, Filosofía — by elasturianu @ 2:11 am

Como aún no he visto la película, tiro de la crítica que Angel Lapresta hace en internet de este film basado en un hecho real, similar al de estos días en un país asiático: un niño abandonado en el bosque retorna a la civilización. Al parecer podemos ver que Truffaut se pregunta hasta dónde condiciona el medio al hombre. ¿Puede el individuo librarse de los traumas infantiles?. ¿Estamos destinados a ser como somos al nacer?

Estas viejas preguntas esconden cierto miedo. ¿De verdad la infancia es la única parte de nuestra vida insalvable, o la adolescencia? Pienso que podemos moldearnos a nosotros mismos en todo momento de nuestra existencia.

Concedo que el entorno familiar y social condiciona, inclina y hasta traumatiza el desarrollo posterior de la persona. En nuestra sociedad occidental los prejuicios y muchos otros condicionantes de los que solemos permanecer inconscientes son obstáculos a salvar durante la parte de nuestra vida en que somos responsables, crecer a veces ha de ser reaprender. En otras sociedades a la vez más salvajes y más civilizadas, en cambio el desarrollo natural de la persona es favorecido por el entorno.

Tuve un amigo que, traumatizado por su infancia, pasó por la heroína, la cárcel y luego la metadona. Más tarde finalizó incluso con la metadona y parecía que reencontraba cierto rumbo en su vida. Encontró buenos amigos, pero también malas compañías. Dejó aquellas sustancias, pero no otras. La droga le permitía seguir fuera de este mundo, echandole la culpa de su dolor a su pasado, del que no era responsable, y a las personas que le habían hecho daño. Yo me pregunto, ¿acaso el dolor nos exime de nuestra responsabilidad?. Los pocos años que tenemos en este mundo nos obligan a vivirlos con honradez, intensidad y provecho. No debemos engañarnos a nosotros mismos, porque eso sí que perpetúa el sufrimiento.

Como dice Howard Roark en El manantial, el hombre viene al mundo desnudo, sin arma alguna con la que defenderse, salvo la mente. Creo que nos olvidamos siempre de que con las malas experiencias lo más normal es leerlas torcidas, es decir que de lo malo aprendemos mal. Las emociones que acompañan a nuestros sucesos negativos enturbian la manera en que podemos enfrentarnos a ellos la siguiente vez. Enturbian también la visión que tenemos del mundo y de nosotros mismos, nos debilitan en vez de fortalecernos. Pero la mente humana puede ser superior a la animal, y como haciendo de tripas corazón, podemos encontrar aleccionantes y retos donde sólo había barreras y dolor.

Febrero 7, 2007

Dies Irae (1943) Carl Theodor Dreyer

Archivado en: Cine — by elasturianu @ 10:52 am

Esta película del danés es, como otras que he visto de él, una crítica a la intolerancia, en este caso la intolerancia religiosa, así como Gertrud era una crítica a la intolerancia en el amor. Se trata de un proceso inquisitorial por brujería en el que se asoma la venganza y la maldición, ya que Herlofs Marte implora por su vida al inquisidor que, sin embargo, tiene mucho que ocultar sobre la brujería y su familia.

Se dice algo de Dreyer que es rigurosamente cierto: es el único cineasta que ha sido capaz de reflejar el mismo espíritu. Esta es la segunda vez que veo este filme y de nuevo me sobrecoge desde la primera imágen la figura de la anciana bruja, tan vieja y tan frágil, con un rostro absolutamente bondadoso, que me recuerda tanto al de mi madre, y que durante las siguientes escenas suplica una y otra vez por su vida, hasta el mismo final. No es un personaje bueno expuesto a la maldad y a la intolerancia, es mucho más: es la misma bondad y la misma fragilidad, una idea, un concepto que transpasa la corporalidad y hasta la muerte, que es atemporal dentro de la misma historia, tras los varios visionados de la película o para los distintos espectadores. Es un sobrecogimiento similar al de haber visto un espíritu, pero uno que no nos inspirase miedo sino una compasión y una pena muy profundas.

Siento la necesidad de seguir hablando sobre ese espíritu, ese personaje no tan plasmado como plasmático, lo cual podría decirse sin duda también del personaje femenino de Gertrud. Herlofs Marte choca frontalmente con la inhumanidad de sus inquisidores pero no estalla de rabia o desesperación, sino que la afronta centrándose en su objetivo de evitar el fuego. No cree en sus monsergas, no las acepta. La vieja es dura, como dice uno de ellos.

Y qué palabras podría esgrimir para alabar la escena de la tortura: ni la escena en que le abren los intestinos a William Wallace en Braveheart sobrecoge tanto. Ambas escenas se basan en la elipsis visual. Aquí vemos la impasibilidad de los rostros de los inquisidores mientras escuchamos verdaderos gritos de dolor en la sala, como si estuvieran tramitando burdos papeleos judiciales. Y sabemos que es una anciana tan frágil. Y la vemos llorando. Por cierto que esos gritos son tan reales en la versión doblada al castellano, que tiene que haber algo internacional e indescriptible en esta escena de dolor físico.

Además la vieja Herlofs Marte no para de repetir lo mucho que teme a la muerte y a la hoguera. Es un genuíno miedo animal, uno que se siente como propio cuando lo dice una vieja implorante de ayuda y temblorosa de un frío que debe de ser mayor que el que pudiera sentir en esas estancias húmedas campesinas en las que la historia la hace tiritar.

Y todo esto no es más que una parte de la historia porque luego está la segunda parte en la que un amor prohibido irrumpe junto a la desgarradora muerte. Y tenemos aquí símbolos visuales plasmados con un acierto como nunca en el cine: nunca los campos de trigo, las hierbas altas de los prados por donde pasean los amantes o los altos y frondosos árboles que se convierten en sus testigos han sido para mí tan próximos a mis experiencias. Nunca el cine ha sacado tanto provecho a unos símbolos, siendo capaz de transpasar el campo de la comprensión para envolver los terrenos del espíritu. Sin duda Dreyes es el cineasta del espíritu.

Febrero 3, 2007

Latin Kings y xenofobia

Archivado en: Bandas callejeras, Inmigración, Noticias y difusión libertaria, Xenofobia — by elasturianu @ 6:45 pm

Hace más de diez años fue en Elejido, ahora en Alarcón. En aquella ocasión un magrebí, creo recordar, había violado o algo así a una chica del pueblo, y todo este salió a linchar a la colonia de trabajadores magrebíes y, seguramente, pagaron justos por pecadores. Ahora cambia un poco el matiz, pero también es un brote de xenofobia: bandas latinoamericanas de jóvenes frente a los jóvenes españoles. Con buenos y malos, como gusta de ser exhibido en los noticiarios de TV. Un suceso clásico para que la extrema derecha se apunte y sus ideas ganen adeptos. Muchos sin duda argumentanrán que no deja de ser una acción de autodefensa. Sería una bonita simplificación, pero hay que recordar que para estas cosas están la policía y las denuncias, es decir el derecho y la persecución del crímen o del delito. Porque con la otra actitud nos convertimos en clanes de monos airados enfrentándose por la posesión de territorio y de hembras (de recursos en definitiva), en vez de ser seres que ante los problemas responden con una actitud no ya civilizada, lo cual es un tópico, sino que apueste por comprender y por superar los obstáculos, que no sería lo mismo que una actitud proteccionista o conciliadora, como algunos quieren confundirnos, basada en la idea de los pobrecitos de los inmigrantes que están marginados, idea de la que hay que huir porque el delito moral es perseguible allá donde se de.

Voy a transcribir parte de la opinión de Miquel Silvestre, escritor que en la segunda página del periódico La Nueva España, día 3 de febrero del 2007, caracteriza el fondo o al menos parte de él, de los sucesos de Alarcón.

“… Entre los adultos todavía no se ha disparado el conflicto de forma tan evidente porque aún existen demasiadas diferencias económicas y sociales que protegen a los españoles, como un cordón sanitario, de su trato con los inmigrantes. Todavía estamos por encima de nuestros vecinos extranjeros. Ademá, existe ese barniz de hipocresía que da la edad y que nos permite convivir sin decirnos lo que pensamos unos de otros. Pero los jóvenes están todos al mismo nivel. Españoles y extranjeros van a los mismos sitios, comparten el mismo espacio, los mismos barrios y las mismas canchas deportivas. Y ellos no son hipócritas. Su odio se manifiesta tal cual.

La reacción airada de los jóvenes de Alarcón es así fácil de explicar, y se repetirá en otros lugares -si no se está repitiendo ya-. Los chavales han sido mimados hasta el paroxismo de la opulencia desde que nacieron. Son los amos de la sociedad, se les ceba con los más dulces manjares, se hace caso a todos sus caprichos, se toma en cuenta su opinión, se les dispensa de todo esfuerzo, se hacen leyes a su medida e, incluso, se les perdona sus delitos. ¡Si tienen su defensor propio y todo! Pues bien, de pronto a nuestros reyezuelos se les ha llenado el paraíso de unos competidores naturales mucho más duros, mucho más malos, y muchísimo más humillados y hambrientos. A nuestros jóvenes les está pasando lo mismo que al cangrejo de río europeo, que ha sido barrido por el americano.”

No estaré de acuerdo con todo lo que dice, pero en verdad que ha dado en el clavo. Se trata de rivalidad juvenil protagonizada por unos jóvenes españoles acostumbrados a obtener todo lo que quieren (por ejemplo coches de seis velocidades pagados o abalados por papá), que rivalizan por sus chicas con otros más espabilados, como latinoamericanos que son, y tal vez con menos escrúpulos a la hora de dirimir las diferencias con la violencia básica del callejero.

Lo peligroso del suceso y de su mediatización es que se instrumentaliza desde los medios de comunicación. Ya tenemos unos nuevos malos, el clan de los Latin Kings, como teníamos también el de los rumanos, el de los gitanos, etc. Si no tenemos el de los negros es porque sería demasiado evidente la xenofobia y el racismo hispano, pues supuestamente a la opinión pública española le duelen más los caraduras que las caras. Una cosa es que las bandas juveniles existan y acustumbren de la delincuencia, y otra que nos creamos los buenos y los agraviados, los inocentes, y olvidemos que la misma actitud de violencia y delincuencia persiste en los garrulos de pueblo que cogen el mismo palo con el que afustan a las mulas para eliminar sus problemas mentales proyectados en las calles, o en la extrema derecha neonazi, cada vez menos distante del típico y vulgar español (porque hay otra extrema derecha más educada e inteligente, la que por ejemplo se cree con derecho a decir qué familia es sana y correcta y cuál no, pero eso ya… es otra historia).

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