Bitácora de Josini, un asturianu ciudadanu del mundu

Abril 5, 2008

Grizzly Man (2005) de Werner Herzog

Guardado en: Cine, Filosofía, Guerra, Historia, Sociedad — by elasturianu @ 9:16 pm

Este es un estupendo documental sobre la naturaleza y nosotros mismos, de esos pocos que no aburren, al revés, a los que encuentran aburrido el género de los documentales, y yo me incluyo porque suelo ser bastante perezoso con este género.

Habla de un hombre que detestaba una vida convencional en un mundo convencional de asfalto y automóviles, y que amaba a los osos “grizzly”. Todos los veranos se iba a vivir junto a ellos. Era consciente del peligro, pero no lo asimilaba, no lo procesaba, no actuaba en concordancia. Prefería ver a los osos como animales mansos, como nuestros domésticos perros de ciudad. Adivinemos qué le pasó finalmente.

La lección más interesante del film no es que un hombre medio infantil, medio ingenuo, medio loco, transpasara la barrera entre el animal domesticado y dócil que es el hombre moderno, y el animal salvaje y primitivo que es el oso pardo, y se lo comieran. Él mismo sabía cuál iba a ser su final, y no parecía importarle. Sus mismos amigos dicen que se lo estaba buscando. Preferió enfrentarse a su propia animalidad sólo en el mismo momento de su muerte. Hay dos temas de fondo mucho más interesantes sobre los que reflexionar:

El primero es buscar la razón por la cual nuestra civilización moderna, tecnológica, captialista, occidental, necesita ver postales de la naturaleza para recuperar un trozo de sí misma que ha perdido en nuestro pasado. ¿Qué vemos en los celtas?, ¿en los indios norteamericanos?, ¿en los salvajes osos o leones a punto de extinguirse?. Los celtas iban a la guerra, machacaban al enemigo y sacrificaban personas para propiciar a los dioses, no sólo fueron guerreros legendarios que, supuestamente, nos dejaron estupendas melodías. Los indios norteamericanos eran feroces con sus enemigos los colonos. Los leones y los osos matan a sus cachorros para volver a copular. ¿Es que no queremos aceptar que lo que perdimos es tan hermoso como horrendo?. Y…, ¿por qué no aceptamos que lo que somos ahora mismo es lo mismo que seguimos siendo desde siempre?. No me explico si no lo de Irak o Afganistán.

El segundo tema es que el protagonista y director del documental que se halla dentro del documental, y que murió, no murió solo. Se hallaba con él su novia, quien tenía miedo a los osos porque aceptaba el peligro real. Le insistía en que dejara de “proteger” a los osos, que por cierto no necesitaban protegerse en un espacio protegido. Aún así…, se quedó con él hasta el momento de su muerte. Se sabe que el amor es ciego, pero… ¿es tonto?.

Pero si lo fuera, también está en su derecho.

Febrero 13, 2008

Pensamientos y ondas electromagnéticas

Guardado en: Ciencia, Filosofía — by elasturianu @ 6:52 pm

Estoy vigilado por un montón de cables conectados a una máquina. Hay un científico loco que me pide que piense en un lugar bonito que conociera en el pasado. Voy a pensar en un lugar al que fui de camping con mis padres cuando era niño, las Foces del río Cares, en Asturias. Acabo de pensarlo: acabo de recordar las imágenes y las emociones resurgen en mi interior.

El científico me dice que mi cerebro, en el momento en que recordé las Foces del Cares, emitió una onda electromagnética concreta, precisa, diferente del resto de las que pululan por el espacio.

El investigador me vuelve a preguntar por el Cares, y resulta que vuelvo a emitir una onda electromagnética, exactamente la misma. Pero luego me pregunta por Llanes.

- Sí, lo conozco -le digo. También visité Llanes de niño y de adulto-. Es muy bonito.

- Acaba usted de emitir una onda distinta a la anterior.

Pero yo no estoy conforme, le replico que algo tendrá que parecérse a la del Cares porque también está en Asturias.

- O porque ambas salen de su cerebro -me replica él a mí.

Así pues el pensamiento es energía, ondas electromagnéticas. ¿Cómo se consigue?, ¿con una confuguración de neuronas específicas?.

- No, no puede ser, es inviable, habría que reconfigurar continuamente el cerebro, conectarlo todo con todo, y en la naturaleza triunfa lo simple -me dice, si bien yo tenía entendido que la sinopsis cerebral continuaba creciendo día a día, pero no le replico. Él sabe mucho más que yo de cables en el coco.

- ¿Con una molécula para cada pensamiento?.

- Eso sería más simple, pero lo sería tanto que no existiría el arte, la evolución de las ideas, ni Freud ni Bakunin, porque no habría moléculas suficientes para lograr la creación y la innovación -la rata nunca habría llegado a ser el homo, pienso mientras me instrucciona ese científico ácrata y loco.

Y hay más enigmas:

-¿Qué es una onda electromagnética? No es nada: no está constituída de materia, son fotones, es decir, las partículas de energía cuya masa es nula, que son las responsables de toda radiación electromagnética y que saltan al espacio cuando el electrón de un átomo salta a un orbital de menor energía.

Sus palabras llevan a otro enigma cerebral más, que no me atrevo a preguntarle, por miedo a que me tome por un simple alumno de la LOGSE. Y es que hablando de fotones, resulta que son las partículas de energía más pequeñas posibles, el cuantum de la energía, lo indivisible. Observemos qué magnífica paradoja: con un solo fotón el cerebro crea una onda electromagnética peculiar, una imágen única, un pensamiento diferente al tuyo, pero si pienso en otra cosa distinta emito otra onda distinta y por tanto un pensamiento distinto con un fotón idéntico al anterior.

- Cuanto más sabemos, menos entendemos -me dice el investigador nanosónico, que sale de mi imaginación.

- Esa sería la mejor definición de lo que es la sabiduría -apostillo-, y cuando llegamos a no entender nada de nada, vamos y la palmamos. Si la vida no es absurda, que me aspen.

Pero cuanto más absurda, más misteriosa. Eso sí que es la belleza.

Febrero 10, 2008

El caballero del Templo (2006) de José Luis Corral

Guardado en: Cine, Historia, Lecturas — by elasturianu @ 7:01 pm

Una novela del autor de Numancia que gravita también sobre los mismos defectos y virtudes. Jaime de Castellnou es un noble que vive huérfano en el castillo del señor al que su padre rendía vasallaje, en el reino de Aragón a finales del siglo XIII. El noble le explica que su padre era un caballero templario y que esperaba que en el momento oportuno, él también lo fuera. Jaime acepta su destino, que parece estar marcado por un secreto que, sin embargo, a lo largo de la novela se señala varias veces pero que queda sin resolver, no de una manera abierta como tanto me gusta a mí (un clásico final abierto frente al típico final cerrado), sino obviándolo como si nunca se hubieran dado pistas ni puesto espectativas.

Este no es el único de los defectos de esta novela, que repite los mismos que Numancia. Por ejemplo los personajes se contradicen a sí mismos, perdiendo verosimilitud el retrato de los personajes y el discurrir de la trama, puesto que para que un personaje actúe de cierta manera ha de cambiar de opinión. En teatro y cine a esto se le llama -creo recordar- la mano de dios, deus machina o algo así, haciendo referencia a que cuando algo es insalvable se baja el telón y dios actúa para colocarlo todo de nuevo en su sitio. Algunas películas utilizan magistralmente este método, pero lo hacen con conocimiento y maestría, resultando un hecho misterioso. Entre ellas, está una de Marcel Carné que no recuerdo su título.

Los personajes son el punto flaco de Corral. Son planos desde el principio, el narrador describe sus sentimientos pero no se les ve sentir ni sufrir a lo largo de su trayectoria, a través de las cosas que les pasan y de las cosas que hacen, o de las decisiones que toman. El mismo personaje que entra, sale, y el mismo celtíbero de Numancia es aquí Jaime de Castelnou. No existe ni siquiera un arco de transformación con el que este se enriquezca, adquiera matices, ambigüedades, rugosidad, dudas y arrugas.

Aunque parezca una mala novela por lo que estoy diciendo, no lo es en absoluto. Eso es lo extraño de este escritor, que es profesor de historia. El resultado de la suma de sus defectos como escritor es un conjunto de novelas que se leen con más pasión que otras más coherentes y mejor redactadas.

Por ejemplo entre sus virtudes es la de que sus novelas se convierten en los mejores libros de historia. En vez de leer un aburrido libro docente, leemos una novela y adquirimos el conocimiento general que nos hubiera costado bastante de otra manera, y sabiendo que no nos han vendido gato por liebre como se hizo a raíz de El código DaVinci. Dan Brown dejó claro que su famoso libro no era una novela histórica sino un simple libro de ficción, ficción histórica o ficción política. Sin embargo, ha surgido una nueva religión que trata de buscar la verdad sobre el código da vinci, cuando poco hay de verdad y mucho de leyenda, por más que esta leyenda sea la mar de interesante. Aquí lo que se dice es lo que pasó, y precisamente esta novela deja bien claro quienes fueron los templarios y qué era realmente ese famosos tesoro, o porqué la iglesia los exterminó.

Además sus personajes tienen algunas virtudes como que son activos. Toman decisiones y actúan, aunque a veces no se sepa bien las motivaciones de sus cambios de opinión. De esta manera, la novela siempre avanza y la lectura es amena, nunca se estanca en sentimientos o descripciones, y por momentos aparece apreciables dosis de tensión.

Enero 22, 2008

Espejos, diarrea y sincronicidad

Guardado en: Filosofía, Lecturas, Sueños — by elasturianu @ 2:03 am

Desde los primeros días en que adopté a mi perro, le enseñé a hacer sus necesidades en los prados. No quería que lo hiciera ni en casa (por supuesto) ni en el medio de la acera, por las molestias evidentes que ocasiona a cualquier vecino, y la evidente falta de educación que supone. Así mismo le enseñé a no mear en las ruedas de los coches, en los portales o en cualquier pared que parezca más o menos decente. Estas reglas no son límites infranqueables. Hay paredes y paredes, hay necesidades perentorias, y las diarreas se ríen a su manera de la disciplina humana y de la sociedad cívica. Pero es una norma que más o menos mi amiguito sigue.

Una de esas ocasionales veces en que no la siguió fue esta noche. Iba tan pachu por la acera y de repente va y lo hace al lado de un árbol. Normalmente cuando defeca en la acera elige el mal menor, ese que castigo menos, o tolero más, que es el de hacerlo en el territorio que abarca o rodea algún arbol de los que salpican regularmente las aceras.

Bueno, esta vez no hubo necesidad perentoria. Normalmente cuando tiene muchas ganas, se pone muy nervioso: le cuesta respetar el límite que le impongo de esperar por mí en las esquinas, puesto que yo suelo ir más despacio, y también en casa me llora para que lo saque, cosa que sabe que no me gusta. Esta vez no hubo nada de eso, iba panchu, tranquilo, sin prisas. Ni siquiera estaba nervioso, cosa que sería lo normal pues mi perro es un manojo de nervios cuando sale a la calle. Tampoco estaba especialmente agobiado por salir y por tanto no estaba resquemao conmigo por tardar en sacarle. Es verdad que como siempre me demoré en sacarle en el turno de noche, entre la cena y la lectura, pero ya le había sacado dos veces por la mañana y otra por la tarde, en total unas dos horas.

A veces tengo el día malo y me enfado de la manera que no hay que enfadarse, es decir con cólera. Esta vez no fue así, me enfadé con él a lo máximo con estupor e indignación. Le reñí sin elevar la voz, y con un tono no demasiado severo, de tal manera que si había algo de cólera o ira en mi interior no la dejara salir. Al fin y al cabo, cuando existe eso es que uno no está equilibrado, y para que negarlo yo no soy la persona más perfecta del mundo, prefiero pensar que soy bastante imperfecta porque eso se acerca mucho a la dura realidad.
Había otras razones para no enfadarse mucho con él. Entre ellas que el enfado o el castigo ha de ser proporcional a la regla que se ha roto. Él hace a veces cosas peores. Simplemente le reñí. Pero lo curioso es que, como muchas otras veces, aceptó la regañina pero no se la tomó muy en serio. No mostraba prisa por salir del lugar y momento en el que yo le regañaba, no me atendía, y se dedicaba a mirar para aquí y para allá, buscando cualquier movimiento que, como tal, es más interesante que la inactividad a la que se ven obligados y agobiados los perros en las cuatro paredes en que los encerramos egoístamente los habitantes de la moderna y ajetreada ciudad.

En los casos en los que el perro no acata la regañina más que de un modo formal, como este, procuro encontrar una manera de que el castigo le fastidie más, pues de lo contrario el suceso volvería a repetirse. Esta vez alargué el castigo, que consiste en quedarse quieto un rato.

Pero además empecé a pensar que no entendía su comportamiento. Es verdad que en comparación con otras personas comprendo bastante bien el comportamiento de los perros y en concreto del mío; opino que se debe sobre todo a que otras personas prefieren no comprenderlo para no verse avergonzados por no atender moralmente las necesidades básicas sociales de sus perros, lo cual supondría importantes sacrificios morales y de tiempo. Pero también es verdad que a veces no le comprendo, y algunos comportamientos concretos de mi perro, no los entiendo todavía, después de siete años de convivencia.

Uno de mis pensamientos preferidos, también uno de mis debates preferidos con mis amigos, es el que salió entonces de mi cerebro, y es el de que la mente animal es sumamente compleja. El hombre moderno que se cree tan complejo y tan racional no suele ver lo evidente, y es que la mente y el comportamiento animal son casi tan complejos como el hombre y esto les hace tan imprevisibles como él. Es más, esto puede encararse de otra manera, y es que la complejidad del hombre no es una característica o una consecuencia específica de su naturaleza, superior a la del perro o a la de los otros animales superiores, sino que es simplemente una consecuencia intrínseca de la naturaleza animal de su mente. Somos complejos e imprevisibles porque somos animales, no porque seamos humanos.

En efecto, cada vez que algún científico divulgador escribe o habla sobre lo que nos diferencia de los animales, yo pienso en su ingenuidad de científico, porque todas esas cosas que dicen específicas del hombre muchas veces las veo yo en los perros, o me encuentro otros estudios científicos que las han comprobado en mamíferos superiores, o escucho relatos sobre perros que precisamente rebaten estas observaciones. Y cuando no he encontrado un caso animal que rebata tal supuesta diferencia, al menos no estoy seguro de poder probar que no exista la misma característica compleja en el animal que en el hombre, solo que permanece oculta; uno no sabe lo que pasa por la mente del perro porque este no puede hablar castellano para decirnos lo que piensa. Y aunque la capacidad de comunicación del animal es asombrosa, la verdad es que si pudiera pensar sobre el cuadrado de la hipotenusa o sobre el sexo de los ángeles, tampoco podría hablar con nosotros de ello ni en inglés ni en chino mandarín.

Por ejemplo el más clásico y tonto de tales criterios científicos es el de que los hombres somos los únicos animales con conciencia, es decir, con conciencia de su identidad personal. La prueba es que se pone a un animal ante un espejo y no se identifica en él. Por ejemplo se pone a un chimpancé dormido un gorro en la cabeza y se le despierta mientras se halla ante un espejo. En ese momento, que lleve su mano al espejo y no a su gorro al parecer demuestra que no es consciente de que la imágen que percibe en el espejo es la suya, y piensa que es la de otro mono.

Si bien es cierto que algunos chimpancés se dan cuenta, y para el etólogo eso prueba que son chimpancés muy inteligentes, la mayoría de los monos y el resto de los animales no pasan el examen del espejo. Si a un perro le pones ante un espejo, se sorprende y se alerta, ladra al espejo. Eso prueba al parecer que el perro es tonto, o que no tiene conciencia. Yo diría más bien que prueba lo tonto que es a veces el hombre. Para mí es más inteligente aquel paisano perdido de la estepa siberiana que cuando se le murió su caballo o su perro lo enterró como a un hijo, porque para él formaba parte de la familia (puede verse en uno de esos documentales de Odisea), mientras le enseñaba a su hijo que los animales son tan importantes como ellos, y que tienen alma.

Un perro tiene su sentido principal de identificación en el olfato y no en la vista, es decir, para identificar algo echa primero mano del olfato, luego del oído y sólo más tarde de la vista. Yo diría que el gusto es incluso más importante que la vista. Es natural que actúe así, porque su vista es bastante diferente de la nuestra. Detectan mejor el movimiento que nosotros, como buenos cazadores que son, pero sólo perciben algunos colores. Eso hace que para identificarnos o para comprender qué estado emocional esta detrás de este gesto o aquel que hacemos, necesiten acercarse más a nosotros, y prefieren no obstante acercarse y olernos. Puedo constatar que mi perro muchas veces no entiende por qué le digo esto o me comporto de esta manera, pero en esos casos toma decisiones, es decir llega a una solución provisional a ver si funciona, y suele ser traerme la pelota por si lo que quiero decirle es que tengo ganas de jugar, que al fin y al cabo es lo que él suele querer mientras se aburre en casa. También suele ser que pase de mí, ¿no es esto una actitud muy inteligente?.

Una vez un compañero del trabajo me contó que cuando su perra era pequeña y pasaba ante un espejo, como puede ser el cristal de algún portal que, por la oscuridad interior, se convierte en un semiespejo, empezaba a ladrar y a ponerse nerviosa y agresiva. Ese comportamiento es normal, porque el perro no entiende como hay un perro enfrente y no desprende el olor que debería de desprender, tiene una imágen de un perro de frente y no es un perro. Inicialmente para nuestros amigos los perros, esto es un hecho paranormal, sobrenatural, y se comportan ante el como lo haríamos nosotros, con miedo, precaución, y poniéndose en la peor de las posibilidades, lo que les lleva a una actitud beligerante. Sin embargo lo que me llamó la atención es lo siguiente que me dijo este compañero: que con el tiempo dejó de hacerlo. Por primera vez me di cuenta de que tanto su perra como otros perros que suelen tener ese comportamiento ante esa situación, dejan de tenerlo. ¿Por qué? Podría ser porque se den cuenta de que es un fenómeno normal en el increíble mundo de los humanos, uno más de ese montón de fenómenos que no puedan comprender (por ejemplo, mi perro no puede comprender que ladren perros a través de un televisor, y sale a buscarlos a la terraza, pues es el único lugar donde se supone que debería de encontrar perros). Vamos, que se acostumbran.

Volviendo al comportamiento de mi perro y la regla que se saltó. No encontré explicación lógica. Además de las que ya expuse, barajé otras como que estuviera de mal humor, pero no lo estaba, o de que estuviera enfadado conmigo por alguna otra razón, pero no parecía estarlo, mi perro es muy expresivo y estaba de buen humor y tranquilo, os lo aseguro. ¿Entonces?. Me rendí y acepté la explicación más sencilla, la de que aquí el tonto era yo porque me creía capaz de entenderlo todo. La cuestión no era la complejidad de la mente del perro, sino mi ignorancia.
Pero aceptar que uno es un ignorante ya es un paso adelante. Creo que se dan pasos adelante cuando uno niega saber todas las respuestas y empieza a hacerse preguntas. Las preguntas nos impulsan hacia adelante.

Entonces ocurrió algo que pudiera ser significativo, y que me hizo recordar las interesantes conclusiones que saqué de dos libros, uno de ellos Las coincidencias necesarias. La sincronicidad en los encuentros que nos transforman.

Lo que pasó es que me crucé con una chica con la que hace tiempo me enfadé por faltarme al respeto. Esa noche y la anterior había soñado con ella, como si algo insistiera en que pensara en ella.

En ese libro se habla de la sincronicidad, la cual es una coincidencia más o menos temporal entre un acontecimiento de nuestras vidas y un estado interior, acontecimiento que no se puede explicar por la causalidad ni por la casualidad: la causalidad no lo explica porque uno de los dos hechos acontecidos, el exterior o el interior, no parece ser la causa del otro (no hay causa-efecto) y la casualidad o no lo explica o explica muy poco porque las probabilidades de que el hecho, habitualmente extraordinario, ocurra, son muy escasas.

El autor, Jean-François Vézina, pone ejemplos como el siguiente: una chica tenía ilusión porque arrancara bien su nuevo bar, al que le quería dar un ambiente temático musical, y para que funcionase invitó a la prensa a que reflejaran el acontecimiento de la inauguración, pero en la prensa le respondieron que la única manera de que se hicieran eco de tal insignificante -para ellos- acontecimiento, es que lo inaugurase un cantante famoso. Así que ella pensó en el cantante X y trató de localizarlo por todos los medios. No lo logró, pero no se deprimió porque tenía una actitud abierta ante la vida: “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. La noche anterior a la inauguración, le da por bajar a la calle a comprar no se qué, y en vez de dir andando siente la necesidad de hacerlo en coche. Así lo hace, y curiosamente delante suyo se estrella el coche el cantante X. Nada importante, pero le ayuda, se hacen amigos, le cuenta su ilusión, y éste aparece al día siguiente como estrella invitada del bar, con la prensa detrás de él. Parece un cuento de hadas, pero es un verdadero cuento de hadas, y con final feliz, algo que parece que no abunda tanto en la vida como nos gustaría a nosotros, al menos a simple vista. A lo mejor es que vamos con los ojos cerrados, en vez de ir como esta chica, con esa actitud positiva ante la vida.

En lo que a mí respecta, la primera de las noches soñé con que esa chica me cogía por los pies -yo estaba echado- y me estiraba las piernas (como uno de esos estiramientos que haces recién al despertarte), y que aunque al principio me violentaba un poco, luego me gustaba. No entendí su significado, pero este me vino de repente tras llevar un rato pensando en el sueño. El sueño plasmaba en una imágen lo que había pasado: el enfrentamiento pasado con esta chica me había violentado un poco, pero me había sentado bien, y ahora venía otra etapa en la relación. El segundo sueño no lo recuerdo en absoluto.

Qué tiene esto que ver con la defecación de mi perro?. Una de las conclusiones más maravillosas e inquietantes de la lectura del libro es la de que, por debajo del caos, del sin sentido evidente de la vida, tal como la percibimos habitualmente, existe un orden que a veces se manifiesta en esos nudos singulares que son la sincronicidad, nudos que nos dan un significado sobre algo importante en nuestras vidas, que nos los señalan, y que suponen una pauta en medio el caos, un orden proveniente de otra dimensión que habitualmente no percibimos, enfrascados en las dimensiones mundanas de la X, la Y, la Z y la hora de llegar al trabajo, que ya ye tarde y no llego. Acelera. Tal vez mi perro se paró a defecar sin más, sin ninguna causa, en medio de la acera, porque se impuso un criterio, un significado, una señal: la cagué.

Este podría no ser un suceso de sincronicidad, aunque no son los únicos sucesos que en estos últimos días o semanas me han llevado en esa significante dirección sobre esa persona. Lo fuera o no, para mí lo es pues tiene sentido en mi vida. Ahora la vida me llama al orden y con él a tomar algún tipo de actitud, o alguna decisión, para con respecto a esta chica o para con respecto a situaciones parecidas que pudieran volver a darse.

Enero 13, 2008

Memorias de Antonia (1995) Marleen Gorris

Guardado en: Cine, Filosofía, Libertad, Sociedad — by elasturianu @ 7:06 pm

Con el corazón sobrecogido tras la última imágten y los títulos de crédito acompañando a una música de violines, empiezo a escribir sobre una de esas películas que nos retienen y nos interrogan, y que por lo demás ganó un oscar en 1995 a la mejor película extranjera. También se la conoce con el título de “Antonia”.
Antonia es una mujer fuerte y templada que vuelve al pueblo donde creció con motivo de la muerte de su madre, y acaba instalándose con su hija.

En su pueblo, nada ha cambiado. Sus habitantes viven la rutina horrible unos -los más desdichados-, o la rutina estúpida otros, los más ignorantes. Antonia y su hija empiezan siendo observadores pero acaban convirtiéndose en actores del cambio en las costumbres, relaciones y comportamientos que se dan en el lugar. Más tarde, su nieta narrará en off el tránsito de sus mayores, el dolor de estos y sus dudas al tiempo que, como inocente niña pequeña, les interroga sobre la muerte.

La muerte, es por ella que me recuerda a Fresas Salvajes de Ingmar Bergman. La muerte inicia y finaliza un recorrido en el que los sufrimientos de la vida, su principal constante, y el tiempo que transcurre imperturbable e ineludible, son interrogados por los personajes más lúcidos del pueblo.

Al lado de estas reflexiones existenciales viene una crítica social sin duda lúcida. Esta película apuesta por criticar a quienes ofrecen respuestas en vez de dudas, es decir a los que no las tienen. La moral cristiana, ese cajón de patrones del comportamiento y la relación humana, sale cojeando de los treinta y seis minutos de drama audiovisual.

Creo que quienes estos días se manifiestan en favor de la familia tradicional habrían de ejercer la valentía moral de reflexionar junto a películas como esta. Aquí se plasma la cruda realidad de la existencia de tantas familias bien hechas que, sin embargo, son un nido de enfermedades morales, una casa donde habitan horrores que duele nombrar.

La propuesta narrada asegura que el modelo familiar no garantiza estabilidad ni salud a sus productos humanos, al menos necesariamente. Invita a aceptar como hermanas nuevas propuestas familiares al lado de las antiguas, porque no necesariamente han de dar a luz hijos desestabilizados, transtornados o incapacitados para vivir.

En el pueblo de Antonia se van formando parejas. Estas se unen a veces sin amor pero por amistad, a veces sin amor pero por interés sexual, y a veces sin prejuicios pero por amor. Todas ellas comparten el denominador del respeto y la comprensión. Estas nuevas estructuras familiares que van surgiendo en la historia narrada se sustentan en una única moral, y eso es lo importante, porque así es que nada malo parece salir de ellas. La iglesia del pueblo no puede salirles al paso sosteniendo el viejo orden moral porque, como está archidemostrado, maniene una moral doble.

Lo mejor: la simpática secuencia de escenas de sexo. Lo peor: que el optimismo por la renovación de la vida no pueda más que el pesimismo por el sufrimiento que la conforma.

Noviembre 28, 2007

Simón el Mago (1993) de Jean-Claude Carrière

Guardado en: 11 de Septiembre, Filosofía, Guerra, Historia, Lecturas — by elasturianu @ 2:10 am

Obra literaria sobre la supuesta vida de Simón el Mago, o Simón de Samaria, personaje histórico mencionado, por ejemplo, en un evangelio apócrifo, y que aquí este escritor y guionista acerca poco a poco a la vida de Jesús, ambos contemporáneos, para comprender mejor el mensaje, supuesto, de la mítica figura que prefirió la historia. Un mensaje gnóstico que comparto, aunque el gnosticismo sea algo más enredado de lo que yo pueda aguantar.

Como era de esperar, estos dos son personajes hijos de aquel tiempo y por tanto la novela maneja divagaciones y dudas teológicas y apocalípticas que pueden echar atrás al lector. Este, sin embargo y gracias al final, puede llegar a cogerle cariño al libro. Aviso de que el final es cristiano, pero nada complaciente con el cristianismo.

Dejaré a un lado el personaje de Simón. No debería hacerlo, porque también es fascinante. Es a la vez creyente y embaucador, inteligente y muy ambiguo y sutil. Desde la perspectiva que tiene él sobre Jesús, es decir como embaucador, arroja cierta luz a los supuestos milagros del galileo, si es que se admite el que tales hechos efectivamente tuvieron lugar. Pero hablaré de Jesús, por una razón y es que ya llevo muchos años queriendo hablar de ello en la web.

Yo pongo en duda la realidad histórica de una figura arquetípica como es Cristo. El primer testimonio escrito sobre Jesús es el de Flavio Josefo, y data de unos treinta o cuarenta años -si mal no recuerdo- posterior a su muerte. Josefo habla de él como alguien que violentaba a los judíos contra sus ocupadores romanos, es decir lo que hoy Bush llamaría terrorista de Al-Quaeda (ironías: la supuesta estampa de Jesús y la de Bin Laden son odiosamente gemelas). Nadie toma en serio a Bush, salvo los americanos -y cada vez menos-, pero parece ser que los historiadores confían en Josefo, judío romanizado que había luchado él mismo a regañadientes contra el invasor, y que fue perdonado por Vespasiano, su vencedor, por predecirle que sería emperador.

Jesús es, para mí, alguien complejo. Es un arquetipo, y como tal es una imágen colectiva que pertenece a toda la humanidad, también a la que existió antes de él. Eso explica coincidencias con otros mitos como el de Isis y Osiris, o el de Lao Tse, porque como arquetipo, es un símbolo plasmado en una imágen y en una historia, que en la Biblia da lugar a cuatro tramas (una más con el Código Da-Vinci). Además de todo esto, el que este símbolo exista en la mente de todos y sea atemporal le da alguna validez moral o por lo menos psicológica, por más que estemos o no de acuerdo con lo que representa, ¿no es así?.

Además es un mito, en el sentido de leyenda falsa o de verdad reconvertida por el folklore, porque todo lo que se escribió sobre él es posterior. Los evangelios canónicos también son posteriores, circulaban por el imperio a finales del siglo primero. Los apócrifos son todavía más posteriores que los que la Iglesia admite como teológicamente verdaderos (por cierto, aún así, he leído que no los ha perseguido, simplemente los descarta).

Como figura es más humana que divina porque es muy contradictoria. A veces es violento y a veces habla de poner la otra mejilla. Por cierto que poner la otra mejilla es un regalo “divino” para el poder, que se alimenta de la pasividad de las masas. El libro de vacas, cerdos, guerras y brujas (1975, Marvin Harris), una popular autoridad en antropólogía, explica una causa histórica o etic de porqué triunfo el cristianismo, tras la represión que vivió Flavio Josefo, gracias a esa magnífica idea, complaciente con el poder, de poner la otra mejilla. Yo diría que gracias a esa idea el poder se has sustentado durante dos mil años, ¡bendita ignorancia popular!. Creo que Ghandi fue un revolucionario que sacó la mitad revolucionaria de Jesús, y la otra mitad reaccionaria se la quedó el imperio romano y la iglesia, que se alió con él.

Hay incluso una teoría que parece que ya han descartado todos los expertos, si bien en una figura tan controvertida coma esta no me fío de ninguno de ellos. Es la de que Jesús verdaderamente no existió, y es una figura inventada posteriormente. En un maldito libro que no acaba de publicarse, pero que se vende ¡por trozos! a precio regalado en la disbribuidora Anarxya de Gijón, se expone una interpretación alternativa de Jesús: Flavio Josefo escribiendo sobre Jesús, podría estar describiendo una figura legendaria ya entonces, y no exactamente histórica. No me extrañaría nada que hubiera algo de verdad en esta interpretación, puesto que los evangelios apócrifos no parecen tener nada de históricos y sí una riqueza literaria, dramática y fantástica que asombra, es mayor incluso que la de los canónicos. Por eso tengo ganas de leer de una vez, directamente, lo que escribió este judío helenizado.

No creo, empero, en esta teoría, porque siempre es más veraz y más potente una verdad distorsionada que una mentira, convertida en verdad a partir de la nada. Véase por ejemplo al PSOE, que ganó unas elecciones aliándose con la verdad de que estábamos en guerra con Irak por el petróleo, y no por la ética o por la seguridad, mientras que el PP perdió las elecciones por mantener una idea que creó de la nada, si bien no pudo resistir ni cuatro días. A ver cómo acaban los americanos en Irak, a ver si les sirve de algo ese yo arquetípico de salvadores del mundo (el mismo de Osama B.L., o del Jesús de la Iglesia)

Noviembre 25, 2007

El orfanato (2007) de Juan Antonio Bayona

Guardado en: Cine, Filosofía, Sueños — by elasturianu @ 9:02 pm

Acabo de salir del cine de ver el Orfanato y he quedado muy contento. Es un modelo de película de terror, y si bien tal vez no sea una obra maestra, sí es una estupenda película que creo que va a ser enviada a competir por España a los Oscars. No sé si habrá sido un error, porque no creo recordar muchos oscars de películas de terror en estos últimos años, claro que perfectamente podría equivocarme.

Los exteriores están rodados en una zona de la costa del concejo de Llanes que visité, llamada creo recordar Bufones, pues el mar se mete por el interior de la costa a causa de las cuevas que ha escavado y en algunos sitios salta en vertical cuando la marea está alta, al modo de los geiseres, de tal manera que “bufa” (es decir, se tira sus buenos pedos). La casa o pequeña mansión antigua donde transcurre la arquetípica narración de casa encantada es muy común en Asturias, pero juraría que es una del barrio de Jove/Xove en Gijón/Xixón, así que me tengo que dar una vuelta por la zona con mi perro, ahora que tengo fresca en la memoria esta película.

El guión es casi modélico y la filmación es más bien propia del cine moderno actual donde la cámara se acerca al movimiento físico y mental del personaje asustado para contagiarnos su emoción y su angustia, y quizás esto sea lo que menos me gusta porque tengo predilección por escenas donde pesonaje moviéndose y fondo son la misma cosa, como un cuadro. El género es de terror clásico. Y la historia se entiende muy bien si pensamos en las relaciones entre al arte del cine y lo que también constituye un arte, el onírico, que todas las noches nos regala una historia a descifrar, o nos atormenta hasta que la desciframos. Terror y pesadilla vienen a ser narrativamente lo mismo.

Podría inventar una nueva teoría, la del cine y la cebolla, porque el buen cine tiene, como este tubérculo, muchas capas de significado, pero esto ya se ha dicho. También se ha dicho, y si no lo digo yo, que la interpretación onírica es a menudo multivalente, es decir, pueden interpretarse muchas cosas sin que sean contradictorias o erróneas. Tanto es así que según salgo del cine mi madre me hizo una interpretación perfectamente plausible, diferente a la mía.

Mi opinión es que la vida de Belén Rueda se bifurca de lo que iba a ser su vida en un orfanato cuando alguien va y la adopta. Pero esa vida no es anulada por el tiempo, sino que vuelve a ella cuando regresa a la vieja casa. Dicho de otro modo, lo que yace olvidado o dormido en el inconsciente pugna por regresar al conocimiento diurno, pide ser interpretado y comprendido, y por supuesto vivido, tanto que el destino de Belén Rueda cambia por completo (las mareas del inconsciente son peligrosamente subyugantes, fijémonos si no y por ejemplo en todos esos iluminados que, subyugados por el arquetipo del mesías liberador, creen ser la nueva reencarnación de Jesús). Como decía Jung (mencionado en la película de manera bastante incomprensible para los que lo desconocen) todo lo que no es vivido plentamente está condenado a vivirse, se quiera o no, en forma de destino.

Por lo demás, este es el anverso de la historia de Peter Pan. Aquí, Belén Rueda lo mismo que el personaje de Robin Williams ha de volver a creer en las cosas absurdas para el adulto, pero reales para los niños, que están más cerca de la fantasía que surge del inconsciente y que se plasma en el juego narrativo infantil. ¡Vaya mal que me expreso! (pero ahí está, toma ya).

Andalucía

Guardado en: Etimología, Historia, Sociedad — by elasturianu @ 1:29 pm

Bueno, voy a contar una historia real, la cual empieza con una amiga que se suele reír mucho de mí (la mitad del tiempo, la otra mitad me toma en serio). Se llama Susi (nombre real) y es fanática de Chavesss, ese cacique bolivarista y cesarista que sabe como embaucar con palabras como socialismo, nacionalización y revolución a todos esos que con la caída de la Unión Soviética perdieron sus referencias de progreso y se agarran a cualquier clavo ardiendo. Esto no tiene que ver con la historia, sino con que en vez de reírme yo de ella sobre el asunto de Cháves, como sería lo natural, se ríe ella de mí (sic.).

Bueno la historia empieza con mi afición a la etimología, ciencia que estudia el orígen de las palabras. Charlando de esto y de aquello en algún tranquilo café de Gijón, le comenté que Andalucía viene de la tribu de los vándalos, que se asentó en el lugar y dejó su impronta. Por supuesto, Susi se rió de mí. “¿En que te basas?, todo el mundo sabe que Andalucía viene de Al-Andalus“, vino a decirme.

Preguntas como “¿de dónde has sacado eso?” o “¿qué pruebas tienes?” molestan un poco cuando se trata de cosas evidentes, como por ejemplo Chaves. ¿Quién está obligado a demostrar lo evidente?. Pero aquí Susi tenía razón: puesto que todo el mundo sabe cómo llamaron los árabes a la zona de la Bética cuando la conquistaron, parece evidente que el castellano extrajo el término árabe, le puso un sufijo como se hizo siempre (entre tantos ejemplos, Tusrkistán o Alemania) y utilizó esa regla universal que consiste en ahorrar saliva (los asturianos ahorramos mucha con el bable, por ejemplo para decir “por favor, ¿podría repetirme usted qué es lo que ha dicho, que no he podido entenderle?, gracias” fruncimos el ceño y gritamos un simple “¡qué ye oh!“).

Sin embargo, yo tenía la respuesta perfecta: “No lo sé, pero si Barón Rojo la llama Vandalucía, por algo será”. De nuevo y por supuesto, Susi se rió de mí. No lo entiendo, porque es evidente que Dios y la verdad son la misma cosa, y Barón Rojo y Dios también son lo mismo.

Pero como siempre, mi asombrosa capacidad para la intuición y la deducción funcionaron de común acuerdo para llegar a la verdad. ¡Y puedo demostrarlo! Lo voy a hacer ahora, pero para ello remito a quien guste de curiosear aquí y allá al Diccionario del orígen de las palabras, de Alberto Buitrago y J. Agustín Torijano, que más que como libro de consulta sirve para entretenerse del tirón, desde la A hasta la Z.

Bueno. Recordaremos de nuestros años en el instituto que los vándalos fueron una de las tres primeras tribus germánicas que cruzaron el Pirineo e invadieron y saquearon la Hispania romana. Además, éstos no se quedaron en la Bética tan sólo, sino que también cruzaron el estrecho y fundaron un reino en el norte de África. Más tarde, los visigodos acordarían con Roma eliminar a estar tres tribus de Hispania. En el caso de los alanos (que en realidad no eran germánicos sino caucásicos) fue fácil, en el de los vándalos les llevó un tiempo y en el de los suevos y otras tribus autóctonas, bastante más.

El caso es que los bizantinos, como también recordaremos, trataron de reconquistar los territorios del pretérito imperio en Italia, África e Hispania. Primero conquistaron la Mauritania de los vándalos, y luego el sur de la península a la que llamaron Vandalucía o “tierra de los vándalos”. Los visigodos también expulsaron a los bizantinos, pero tal vez perviviera el topónimo porque cuando irrumpieron los árabes llamaron a la zona Al-Andalus. “Al” es un prefijo, seguramente “la”, cosa que ya suponía, pero que confirmé cuando en un docuemntal vi que en las afueras de Jerusalem hay una iglesia ortodoxa rusa que en realidad se llama Moskovitza (o algo parecido) pero que los lugareños la llaman Al-Moskovitza.

La palabra vándalo es un gentilicio (el nombre de una tribu o nación), pero el historial típico de saqueo de estas tribus y de esta en concreto ya en el pasado remoto ha producido un insulto, vándalo, que ha dado un derivado vandalismo y un adjetivo vandálico. Es uno de muchos ejemplos de lo que llaman “envilecimiento semántico”, que los autores definen como el acto de cargar con valores negativos una palabra sin que existan motivos extrictamente lingüísticos, y ponen como ejemplos hortera, idiota o pánfilo (no creo que valga el ejemplo de bárbaro, porque la connotación negativa y el orígen de la palabra están estrechamente relacionadas ya en el griego antiguo, cosa que dará lugar a otra entrada en esta bitácora).

Lo más interesante del libro es que no se contenta con el orígen latino, griego, árabe o semita de tantas palabras de nuestro castellano, sino que habitaulmente indaga en orígenes más primitivos aún como es el indoeuropeo, que en sí es una lengua reconstruída y por tanto llena de suposiciones, más incluso que el celta, también reconstruída. Pues bien, vándalo viene de la voz germánica (junto con el celta, otra lengua del indoeuropeo) “wandaliaz“, que significa “el que va de un sitio a otro / el que vaga”. Muy propio para una tribu germánica que, lo mismo que los celtas, tuvieron sus siglos de movimiento y expansión tribal. Seguramente los bautizaron así sus vecinos o sus enemigos, por un procedimiento similar al que utilizaban los cheew para referirse a los lakotas: los llamaban siux porque decían que lo último que oías antes de morir era el sonido de la flecha que volaba hacia tí, siiux. Como siempre, Susi leerá ésto y se reirá de mí, mas es verdad.

Así que resulta que soy una persona muy deductiva, muy intuitiva y por ende muy inteligente, porque doy con el significado de las palabras por intuición, deducción y comparación. En vez de una bitácora que nadie lee, debería de salir en la tele: lo mismo que otros ven el futuro, yo puedo ver el pasado. Chao Susi, !y llámameo oh!.

Noviembre 20, 2007

Granujas a todo ritmo (1980) de John Landis

Guardado en: Cine — by elasturianu @ 10:39 pm

Cuando era un niño y viajé a Madrid con la escuela, en el autobús me pusieron esta película y quedé alucinado. Después de tantos años la he vuelto a ver y vuelvo a estar alucinado. Por ejemplo por estos motivos:

Para los que nos gusta el cine a fondo, por decirlo así, existen tópicos (como tales, tienen su parte de fundamento) sobre las películas de muchas explosiones, muchos coches que salen por los aires y dan tropecientas vueltas y muchos tiros. Esta cuidada película contiene todos estos ingredientes en una cantidad que Bruce Willis envidiaría, y sin embargo sabe compaginarlos para que no nos empalague el paladar. Esto me indica que los tiros y las bombas y las explosiones y las grandes causas como salvar a la humanidad son válidas, pero han de sustentarse con un buen gusto del que no carece el cine de hollywood en este momento, pero que sólo lo visita tangencialmente.

A mí siempre me han gustado mucho las películas con persecuciones de coches, y esta desborda incluso a aquella de Clint Eastwood de Ruta suicida. Siempre he admirado en ese sentido las de los años setenta y ochenta, y no sólo las americanas sino también las francesas.

Además en cuanto a banda sonora se refiere, está entre las diez mejores fijo. Canciones de los Blues Brothers, pero también de Ray Charles y otros grandes del blues, del jazz y de gosspell. Y una de las cosas más curiosas, que estos temas están interpretadas por esos mismos cantantes, que hacen más que cameos…, personajes con cierto peso y bien interpretados. Por cierto, ¿es un musical? No lo sé, pero si alguien le tiene tirria a este género, Granujas a todo ritmo es un buen antídoto.

Finalmente el tono del filme: es una parodia de las películas de persecuciones, tiros y demás, y también tiene cierto sabor subrealista. Este matiz me encanta siempre en el cine, porque le da otra dimensión y a veces mayor significado. Y hablando de significados profundos y metafísicos, Granujas a todo ritmo no carece de mini-significados (crítica social y filosofía), pero se agradece que básicamente sea una película para disfrutar y divertirse, para olvidarse de los problemas de todos los días. ¿Hace falta algo más?.

Películas como estas merecen cierto respeto hacia sus realizadores (actores, guionistas, director, productor, equipo). No sé si John Landis era o no una gran persona, y si los Blues Brothers eran malos y “antisociales”, pero el que hayan hecho el esfuerzo en sus vidas de pintar esta obra maestra del cine que me ha hecho reir a las tantas de la noche (malidita sean mis hábitos cinéfilos) es para presentarles todos mis respetos y mi agradecimiento.

Octubre 31, 2007

La memoria de los muertos (2004) de Omar Naïm

Guardado en: Cine, Filosofía, Sociedad — by elasturianu @ 7:01 pm

Algún día alguien crítico catapultará a Robin Williams como uno de los mejores actores de hoy, si no lo ha hecho ya. Su mirada densa, cargada de algún pasado brumoso, condensadora de secretos y de tragedias, da vida al personaje de un “montador” en esta película más que destacable.

En un mundo futuro pero cercano, los montadores confeccionan una estampa hermosa en formato audiovisual y tono bondadoso o sacrificado sobre aquellas personas que vivieron con un chip implantado en su cerebro, el cual almacenaba todas las imágenes que desfilaban por sus ojos, es decir que grababa todo lo que hacían o les sucedía. Sin duda el encargo lógico de la viuda de cualquier magnate, como despedida de su marido en un convencional acto social.

Pero claro, las personas no somos buenas, somos malas, por lo menos malas y buenas a partes iguales. Robin Williams guarda profesionales secretos que avergonzarían a las viudas y a una sociedad anclada en los estereotipos y las idolatrías. El mismo Robin posee un secreto.

Se plantea aquí el derecho a la intimidad y a la normalidad moral, acorde con una película futurista que sin embargo no utiliza el recurso de los coches voladores o cosas parecidas, ni parece albergar grandes intenciones de denuncia, reivindicación, políticas o como se quiera llamarlas.

Se nota que es una película trabajada, bien acabada, que merece la pena ver, y que gustará a los que ven en la ciencia ficción un escenario de análisis contemporáneo en vez de buscar en este género derroches de efectos, explosiones, etc., cosas que distraen mucho pero dicen poco. Cuando distraen, porque muchas veces aburren.

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